Ceremonias de interior – Ignacio Ferrando

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Ceremonias de interior - Ignacio FerrandoCon este libro ganó Ignacio Ferrando el XVI Premio Tiflos de cuento. Pongo este dato a título meramente informativo, pues ya sabemos —más o menos— el valor real que se le puede conceder a un premio literario en España a estas alturas. Pero ahí queda la advertencia.
El caso es que Ignacio Ferrando es un escritor que promete, pero que con “Ceremonias de interior” ha jugado sobre seguro (lo que imagino que le ha reportado el premio en cuestión); esto es: ha urdido una serie de cuentos de perfecta complejidad y los ha rematado con un estilo ajeno. En otras palabras: prácticamente todos los relatos del libro huelen a Borges a distancia; por temas (desdoblamientos de carácter, tiempo, laberintos) y por prosa (correcta, a ratos erudita —sin alcanzar, eso sí, al argentino—, de adjetivos coloristas y curiosos). Los que no remiten al cuentista sudamericano, lo hacen al Carver más sucio, o al Cortázar más fantástico. Esto no es malo, desde luego; muchos escritores, sobre todo los noveles, dejan ver a las claras sus influencias y, hasta cierto punto, es comprensible. La carrera de un escritor es justamente eso, una carrera, un camino que le llevará a experimentar, probar, ajustar, calibrar y lograr una voz propia que será la que termine por adoptar.

Sin embargo, en ocasiones el contagio es de tal magnitud que el lector se siente un tanto extrañado ante lo que tiene entre manos (literalmente). Porque Ferrando, como dije antes, es un buen narrador, y tiene algunos cuentos realmente buenos, pero hay una mosca que se posa insistente tras la oreja de uno para susurrar: «esto se parece a… ya lo he leído en…»; y esa sensación es deplorable, porque desmerece al cuento y al cuentista, lo cual es una lástima. Habría mucho que decir al respecto de este punto (la otra mitad de solodelibros insiste en que cite el hecho ‘sospechoso’ de que Ignacio Ferrando es profesor de escritura creativa…, pero lo dejaremos correr), acerca de la herencia literaria de cada cual, del anquilosamiento en ciertos modelos, de la falta de osadía en el acercamiento los temas… pero habrá tiempo en el futuro para debatir con calma. Y, además, para eso están abiertos los comentarios.

Pese a todo, en “Ceremonias de interior” se pueden encontrar piezas de mucha hondura, como ‘Yardbird’ —ganadora de algunos premios de relato—, conmovedora historia de amor imposible, o ‘Silvia’, el que considero mejor relato del libro, con un tratamiento del tiempo narrativo muy sugerente y que demuestra un gran trabajo, puesto que se aleja de tópicos y resulta una vuelta de tuerca interesantísima sobre el tema del tiempo y la conciencia. ‘Doble salto mortal’, por ejemplo, también es un buen ejemplo para resaltar las virtudes del autor, con un desarrollo intenso y sorprendente, contando una historia de amor y desamor que podría haber terminado trillada en manos menos capaces.

Otros cuentos, como ‘Dedalus et Icaro’, resultan buenos estilísticamente (ya he dicho que Ferrando es buen escritor), pero el tema deviene tan trillado que el poso que deja es hueco. Algo parecido pasa con ‘Incomprensión’, cuyo comienzo es incitante y provocador, pero que se desarrolla con un estilo tan próximo a lo ya conocido que termina por resultar inocente y previsible.

El caso es que el libro se deja leer, pero uno lo acaba con la sensación de ausencia que dejan los escritores facilones. Y Ferrando no parece un autor facilón: tiene momentos de muy buena literatura (véase la poesía de ‘Otro artista del hambre’, el hermoso relato que es ‘Bañeras’), tiene buen sentido del ritmo y el suspense, pero la tradición y (supongo) cierta falta de ambición han impedido que muchos de los relatos cuajen como debieran. Esperemos que en el futuro esa losa histórica sea apartada y veamos al narrador que hay debajo.

10 Comentarios

  1. Solo he leído un cuento del autor, ganó el premio Juan Rulfo, se llama Trato hecho y me pareció inmejorable… que tiene influencias ¡claro que las tiene! que en ocasiones es medio “Cortazariano” ¡claro que lo es! pero como pieza narrativa es impecable… Aunque como digo: yo solo he leído un cuento del autor.

  2. Yo no voy a entrar en la polémica talleres de escritura sí, talleres de escritura no, por razones obvias: soy profesor de taller o al menos intento serlo. Lo que si me parece injusto es etiquetar a los autores por su origen o por su trabajo. A mí jamás se me ocurriría recelar de un escritor porque es funcionario o funambulista. Eso, la verdad, me parece irrelevante. Tampoco creo que exista un estilo literario reconocible que englobe a todos los profesores y alumnos de taller. Cada uno somos de nuestro padre y de nuestra madre, eso puedo jurarlo, y a todos nos une la pasión por el cuento (en eso, lo reconozco, sí somos como una secta). Sobre “Ceremonias de interior”, lo único que puedo decir es que es uno de los mejores libros de cuentos que he leído en 2006. Y eso, por lo pronto, para mí es más que suficiente. Pero estoy seguro de que el siguiente libro de Ferrando será aún mejor.

  3. Hola a todos.
    No he leído el libro de Ferrando, lo hojeé y me dejó un poco frío, no me animé con él, la verdad. No puedo, de hecho no quiero, hablar de él.
    Tampoco voy a entrar en una polémica estéril porque está basada en prejuicios, y me refiero al tema de la escritura creativa sí o no, escritores de taller sí o no, que es algo verdaderamente estúpido.
    No, a mí me preocupa lo que ha dicho Ángel, porque lo he escuchado muchas veces y me parece lamentable. Estoy hablando de eso de “ya hay muchos abrazafarolas por ahí con los que meterse, por qué meterse con alguien pequeño que empieza y que -eso no se dice, pero se trasluce- es conocido, o amigo, mío”. Si pretendemos, realmente, que algo cambie, hay que cambiar ese discurso, que es acomodaticio hasta el bostezo: “no, métase usted con los que están integrados en el mercado y en la doxa, no conmigo”. Pues bien, de esa gente ni se habla, se la ignora y punto, perder el tiempo en hablar de lo vulgar que es el últim libro de Marías, o lo pretencioso que es el de Pérez-Reverte a mí me empalaga, me hastía. Ya damos por entendido que pr estos lares se va a hablar de literatura, y precisamente por eso todo libro, todo autor, puede ser objeto de comentario, positivo o negativo. Y se debe considerar ya de por sí un mérito que alguien como Emiliano y Laura le dediquen un rato a un libro, y otro a escribir el texto sobre el mismo para el blog, porque eso es un regalo que hay que saber agradecer. El narcisismo, y el amiguismo, suelen cegar incluso a los más inteligentes, y no dejar ver lo verdaderamente importante.
    Blogs como este están construyendo un modo de leer y de entender esto de la literatura, aparecer en ellos ya es haber caminado mucho y en el buen sentido.

  4. Que manía tienen los escritores (que prometen) con escribir para que los honorifiquen o glorifiquen. Eso es un gran error, porque les falta la esencia mismo de su propia escritura, y si es profesor de escritura creativa, apaga y vámonos. Nada más prefabricado. Y lo de los premios, pues ya sabemos, ya sabemos…
    Gracias por los piropos, se agradecen jejeje

  5. A esto del correo electrónico le falta el gesto, la actitud, la cercanía… y vive Dios que mi e-mail estaba escrito con una sonrisa en la cara, y sin otra intención que la de romper una lanza en favor de mi querido Ferrando, en cuyos textos aprecio mucho el rigor, la seriedad y el aplicadísimo trabajo que se hace patente en su escritura, todo lo cual ya le distingue a distancia de la plaga de gacetilleros más o menos ocurrentes que hoy infecta el panorama de la literatura en general, y del cuento en particular.
    Con todo, tenes razón -mucha- en destacar ese ingrediente imprescindible en cualquier obra que aspire a ser artística: el riesgo. Y es verdad también que “Ceremonias” se mueve por lo general -y subrayo “por lo general”- en territorios más bien seguros. Lo que pasa es que si le pidiéramos imperativamente un gramo de inconformismo o de aventura (aunque no sea más que aventura “estética”) a la narrativa española de hoy ¿con qué nos quedaríamos?
    No sé. Adonde apuntaba un poco con mi anterior e-mail es a que sobran payasos y falsificadores a los que dar leña de una manera inmisericorde… mientras que Ferrando, hoy por hoy, si ha dado muestras de algo es de tomarse muy en serio la literatura. Respeto enteramente que sus cuentos no te gusten, ya digo. (A mí hay espléndidos escritores que no me gustan, el gusto es muy caprichoso, con el tiempo -además- han terminado por gustarme poquísimas cosas, me he vuelto muy histérico). Y reconozco, además, que tu crítica es inteligente, seria y fundada (por eso soy asiduo de tu web); sólo que un poco dura en mi opinión, ya te digo… ¡con la cantidad de lapidables, potosos y escupibles que hoy pueblan los supermercados de la edición!

    Un abrazo de los de verdad

  6. En fin, procurémonos un poco de calma y sol. Llamo prejuicios única y exclusivamente a ese ataque, para mi gusto injustificado, a los talleres, profesores, etc, y que no sé a qué venía mencionarlo en la crítica. No así a las otras opiniones, porque sí, efectivamente, ha quedado claro desde el principio que en solodelibros se albergan sentires únicos e indivisibles, y que aquí se lee mucho y bien. Primera razón por la que os visito. De todos modos, así como vosotros podéis (y debéis) esgrimir las opiniones, los visitantes, dentro del marco del respeto y los cafés con leche, también. Yo me refería, insisto, a algo que siento (pero yo) algunas veces cuando leo algunas de las críticas, y es que a pesar de todo lo bueno que pueda tener el libro que tenéis entre manos, parece que os acaban atrapando las nimiedades.
    En todo caso, es un tema que no da para mucho más, pues las posiciones están claras y hay que seguir leyendo y criticando.

    Con el Don M me has comprado totalmente el afecto 🙂

  7. Don M,
    esta parte de solodelibros se deja llevar por sus fobias y filias porque no ve motivo alguno para no hacerlo. Al leer, mis prejuicios, si prefiere llamarlos así, que devienen de mi experiencia personal como lectora, siempre están presentes. Leer sin ellos sería borrar de mi mente todas mis lecturas anteriores, mis vivencias personales, toda la carga acumulada durante muchos años. Y francamente, eso me resulta harto difícil, además de absurdo. Porque precisamente una, gracias a ese bagaje acaba por tener un criterio personal y elige o desecha lecturas en función de él. Y por supuesto, ese criterio no tiene porque ser compartido por todo el mundo, pero como creo que ya debería haber quedado más que claro, ésta es una página de opiniones personales. Y precisamente porque son personales, me permito ser vehemente y expresar lo que el libro ha movido en mi, tal cual.
    Admito que tenga opiniones contrarias, si todo el mundo pensara igual el mundo sería muy aburrido. Si las aquí expresadas no son de su gusto, no tiene porque visitarnos. Pero si tiene a bien hacerlo, cosa que nos complace, ya sabe lo que va a encontrar. Así que ¿por qué se sorprende de nuestras opiniones?

  8. El problema es que con muchas reseñas de esta página al final todo ese “buen hacer” de varios autores escora hacia un poso en el que siempre o casi siempre transparetáis -o me parece a mí que es así- más lo malo que lo bueno, o dicho de otro modo: parece que siempre dejáis las cosas buenas en segundo plano y le enmendáis la plana a los libros por cargas y herencias que no son tan importantes o no deberían serlo. Será una impresión personal, pero al final siempre parece que os pesan más las cosas “menos buenas” que las verdaderamente artísticas (este libro las tiene).

    Si a todos los cuentistas que han tomado más de uno y más de diez rasgos de Quim Monzó se les argumentara un excesivo peso, estaríamos eliminando de un plumazo a gente como Sérgi Pámies o Víctor García Antón (por citar algunos), con méritos sobrados para ser considerados excelentes cuentistas y con visión propia.

    Una vez más, ya que lo mencionas (que nadie me acuse de avivar la gresca), la otra parte de solodelibros debería dejar de llevarse por la impetuosidad y los prejuicios respecto a los talleres y profesores de escritura creativa, y así su opinión ganaría en riqueza, frescura y se dejaría de fobias y filias. Al final acaba siendo una posición ideológica impetuosa (y cargante) pero muy poco homérica (que diría un personaje de John Ford)

    Mañana me liaré la manta a la cabeza y exprimiré mis argumentos a favor de “Ceremonias”.

  9. Ángel, cierto es que para gustos colores: dejemos claro esto, para que no haya malentendidos después. En cuanto a lo de las influencias, no me parece un demérito intrínseco, pero sólo cuando son eso, influencias, y su conocimiento impide al escritor volar un poco más allá. Como digo en el texto, y tú bien remarcas, la voz del autor se va descubriendo a través de un proceso, pero en este caso, aunque Ferrando también a mí me parece buen cuentista, creo que se notan demasiado esos ecos. No sé si es admisible que un escritor tropiece en este bache amparándose en ello. Cierto que las piruetas son complicadas y, en la mayoría de los casos, resultan funestas, pero supongo que estarás de acuerdo conmigo en que la escritura supone una toma de riesgos constante.
    Gracias por el comentario y otro abrazo añonovísimo para ti.
    Sr. Molina

  10. Mmmm… la crítica me parece un poco dura, en especial si consideramos que has reseñado favorablemente otros libros a los que les podría poner un montón de “peros”. Para gustos, los colores; qué duda cabe. Pero aun así, a mí me parece un mérito -y hasta una acreditación- el hecho de que en la narrativa de Ferrando se transparenten un montón de influencias. Estamos en una época en la que hay un nutrido elenco de narcisistas tarados, convencidos de que pueden escribir “con lo que llevan dentro”, como decía Lola Flores. La voz propia es algo que, de hecho, se va definiendo por decantanción a partir de todas estas influencias (igual que Freud afirmaba que el “yo” es una suma de identificaciones olvidadas). Y a mí, ya te digo, me parece más bien un punto a su favor -en los tiempos que corren- que Ferrando (un excelente cuentista en mi opinión) se esfuerce por formar parte de una cadena simbólica, y que no haga excesivas piruetas para disimular sus deudas.

    Un abrazo de año nuevo.

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