De sótanos y azoteas – Juan Carlos Fernández León

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1861

De sótanos y azoteas, recopilatorio de relatos ganador del XX Premio Tiflos de Cuento, es un libro sólido, urdido con gran precisión y con un planteamiento muy interesante. Juan Carlos Fernández León ha tejido nueve historias ancladas en lo cotidiano, en las heroicidades y miserias de cualquier barrio más o menos periférico (aunque los barrios de Hortaleza o Carabanchel estén casi calcados en alguno de los textos), exponiendo las vidas de sus habitantes con una claridad desprovista de piedad o ternura, pero también con un cierto apego por sus penalidades.

Vaya por delante que, aunque De sótanos y azoteas (como cualquier compendio de relatos) tiene un nivel oscilante, la verdad es que la frescura de leer algo que nos ancle a un entorno reconocible es de agradecer. Fernández León no actúa como un periodista que indaga en los entresijos de la vida cotidiana, pero sí que ofrece mucha información en sus relatos acerca de los escenarios en los que sitúa la acción; de hecho, el pertenecer a esos territorios, el haberse criado en barrios con una formas de vida reconocibles y particulares hace de los protagonistas seres especiales, de una sensibilidad orgullosa y secreta. Los chavales del relato que da nombre al volumen, por ejemplo, son críos de barrio, con todo lo que ello implica: el autor nos muestra un cuadro humano y profundo de la amistad, del compromiso y de la aceptación tácita de la renuncia, pero todo ello —tan «universal», tan «elevado»— no sería nada más que humo (como ocurre en otros muchos relatos de otros tantos escritores que cultivan la narrativa con la misma pasión que siguen una receta de cocina) si no fuera porque el escenario, ese barrio de clase obrera que coquetea con la marginalidad, se impone como fuerza moldeadora de la personalidad de los muchachos.

La fuerza del entorno no es omnipotente, ni los relatos de Juan Carlos Fernández León se orientan en esa dirección: no se trata de dejar que el barrio moldee a los protagonistas, sino que les provea de determinadas características, algunas de las cuales salen a relucir en esos destellos de presente que son los cuentos. Así ocurre en «Cómplices», sutil y hermoso relato que abre el libro y que construye una atípica historia de amor; o en «Los antagónicos», donde los límites de la integridad y el valor se confrontan gracias a dos protagonistas excepcionalmente dibujados. Algo más reconocible resultan esos escenarios tan particulares en relatos como «Soneto», verdadero canto a la integración y al espíritu de solidaridad, sin lágrimas, sentimentalismo o clichés; o «Se van a ver las navajas», donde se aprecian algunas incursiones en el tópico, pero respetando la idiosincrasia de los personajes.

Para que no todo sea tan pedestre, otros de los textos pueden interpretarse en clave mucho más abierta: he ahí «Tatuajes», una genialidad narrada por un protagonista tierno y aborrecible, dueño de unas contradicciones que nos obligan a mirarnos a nosotros mismos con renovada visión; «La alquería» también juega con personajes de patética condición y de personalidades deshechas. Y «Los imperdibles de la memoria» nos lleva por los extraños caminos del recuerdo y las inevitables huellas que el pasado ha dejado, imborrables, en nuestro presente.

En general, De sótanos y azoteas mantiene un nivel muy alto, con relatos excelentes y con un estilo que aúna lo coloquial con lo elegante; Fernández León exprime con su prosa las metáforas y los giros del lenguaje, y, aunque a veces roza la desmesura, los cuentos consiguen embelesar de forma hipnótica con unas cadencias trabajadas con ahínco. Un estupendo primer libro que augura un porvenir a tener en cuenta.

1 Comentario

  1. […] a arte en general y literatura en particular. Gracias a la recomendación de mi amigo literario Juan Carlos Fernández León, excelente escritor, que se hizo recientemente con el Premio Tiflos de cuento, he conseguido […]

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