Democracia – Pablo Gutiérrez

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Democracia - Pablo GutiérrezSabrán los que visitan esta web con cierta asiduidad de nuestra preferencia por aquellas obras que se acercan a la realidad, que abordan las cuestiones sociales y que se preocupan por mostrar a través del arte la evolución de los avatares humanos. Democracia puede, quizá, inscribirse en esa tendencia, si bien tiene algunos elementos que no acaban de convencer y que más bien indican que la temática que trata ha sido elegido por un prurito comercial más que por una verdadera intención de profundizar en la realidad cotidiana. No cabe duda de que Pablo Gutiérrez es un buen narrador, un exigente estilista que se eleva por encima de algunos de sus contemporáneos en la manera de plantear la estructura novelesca; sin embargo, su apuesta temática no está a la altura de sus propósitos formales.

En la novela se narra el giro en la vida de Marco, un humilde delineante industrial al que despiden de su empresa en los primeros compases de la crisis iniciada en 2008 con la caída de Lehman Brothers. Apocado como es, el protagonista asiste con pasividad al decaimiento de su propia vida como un mero espectador, incapaz de hacer nada. Sin embargo, las circunstancias y su amor por el arte le llevarán a ejercer de artista callejera improvisado, lo cual acarreará una serie de consecuencias que jamás habría podido prever. Al tiempo que esto sucede, las vidas de otros personajes, tanto cercanos a Marco como muy alejados de él, también se verán afectadas por los acontecimientos que la debacle financiera pone en marcha.

Como decía, es cierto que el meollo de la novela parece ser la situación de crisis actual; un protagonista como Marco podría llegar a representar todo un arquetipo del trabajador víctima de las circunstancias y que así el libro sirviese de vehículo de transmisión de ideas o de reflexiones sobre el estado de cosas actual. No es así. Gutiérrez aborda la cuestión desde una óptica menos ambiciosa y traza un retrato de un hombre que se descompone, aunque las circunstancias que le llevan a ello son lo de menos. Con una escritura basada en el fragmento y el escolio permanente, el narrador muestra la desintegración de Marco con parsimonia y bastante humor, si bien con poca penetración. Más allá de que las cuestiones sociales se dejen al margen y sólo se utilicen como mero adorno narrativo (véase a los pseudo-revolucionarios que acompañan al protagonista en el tramo final del libro, auténticos compendios de tópicos sobre el sindicalismo y el anarquismo), la verdad es que el hundimiento del personaje central se aborda con bastante ingenuidad, recurriendo a lugares comunes que en lugar de construir un protagonista complejo transmiten la idea de superficialidad que desprende toda la obra.

Porque el problema de Democracia no es que evite sumirse en la crítica social, o que tome como punto de partida una tesis interesante para luego dejarla en el olvido; el problema es que presente a un protagonista que no es en absoluto creíble. Marco es un pelele al que las circunstancias zarandean, pero cuando parece que llega el momento de anagnórisis, de cambio, no ocurre nada; o peor: lo que ocurre es simplemente increíble, hilarante, pero impostado y poco acorde con lo que hemos leído hasta entonces. Lo que podría ser una excelente historia sobre la toma de conciencia por parte de un hombre común se transforma en un ejercicio de estilo brillante, pero vacuo.

Parece claro que Democracia es una novela más de marketing que de contenidos; un libro que presenta a un gran escritor con una idea poco clara de hacia dónde encauzar su intuición. Un texto, pues, para pasar el rato y poco más: no pierdan su tiempo con él.

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