Diario de un ama de casa desquiciada – Sue Kaufman

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Novelas sobre perdedores las hay a docenas; en la literatura estadounidense, de hecho, casi podría considerarse que constituyen un subgénero en sí mismas. Pero lo que no abundan son historias sobre perdedoras, sobre mujeres que afronten la existencia como un inevitable camino de renuncia y obstinación. Bien, Diario de un ama de casa desquiciada es una de esas historias, rescatada del limbo literario por Libros del Asteroide para deleite de los amantes de la buena narrativa y, sobre todo, de las tramas sólidas y de los personajes complejos.

Tina Balser es un ama de casa bien posicionada, casada con un acaudalado abogado de éxito y con dos hijas y un perro a su cargo. Su vida, aparentemente idílica, es en realidad un pozo de obsesiones, terrores y problemas, ya que Tina arrastra una cierta neurosis desde hace años y es incapaz de afrontar sus obligaciones sin caer en la depresión. La novela se estructura en forma de un diario que decide llevar en secreto para tratar de serenarse poniendo por escrito sus pensamientos. Sue Kaufman acierta en el enfoque, ya que la voz de la narradora alcanza una intimidad encomiable: es cierto que el formato de diario personal es un poco artificioso (en algunos pasajes la narración es tradicional y la primera persona suena impostada), pero en general el resultado es de una cercanía más que notable.

Ello se debe, sobre todo, a la profundidad con la que está creado el personaje de Tina. Kaufman retrata a una mujer endeble, enfermizamente débil, pero con una resolución que se afianza a medida que sufre reveses emocionales. Diario de un ama de casa desquiciada nos muestra lo solitaria que puede ser una vida de apariencia feliz: los sinsabores que se padecen día tras día pueden llegar a convertirse en pesadillas de las cuales es imposible zafarse, como ocurre en el caso de la protagonista: sus hijas, su marido y, en ocasiones, hasta su perra pueden trastornarla hasta hacerla perder el control de sí misma. Esto podría hacer pensar que Tina Balser es una precursora de Bridget Jones, pero nada que ver con la realidad: la protagonista es una mujer descontenta y de personalidad neurótica, pero Kaufman no construye un personaje amable del que debamos apiadarnos o junto al que podamos reírnos; Tina es una mujer inteligente que, pese a su fragilidad psicológica, es capaz de hacer de su vida un espectáculo que la haga respetable.

La angustia de la protagonista es demasiado cercana como para no sentirse identificado con lo que le sucede. La normalidad de una vida programada por los demás, la presión que impone una sociedad que vive de la imagen que proyecta, la desazón de no ser dueños de nuestras propias existencias… todo eso es muy familiar y son características que se exacerban con el paso del tiempo. El golpe maestro de la autora estriba en mostrar la dualidad de Tina: víctima y verdugo, débil y autoritaria. No es una mujer apocada que se rinde ante un marido egocéntrico ni tampoco una heroína que se enfrenta a todos los contratiempos que se le presentan: es, simplemente, un ser humano dividido entre sus debilidades y sus vilezas, una persona tan capaz de sufrir como de hacer daño. De ahí que su figura como personaje sea real y compleja, a pesar de que la narración venga condicionada por su parcialidad.

Diario de un ama de casa desquiciada es una novela compleja y sugerente, divertida a ratos y de una profundidad sutil. Como decía al comienzo, es difícil leer un texto con una protagonista “perdedora”, pero Sue Kaufman ofrece una vuelta de tuerca al concepto merecedora de todos los halagos. No les defraudará.

4 Comentarios

  1. Lo más grande de este libro es el hecho de que, al leerlo en la actualidad, uno olvida que la temática sea expresamente femenina.
    El tiempo ha borrado los sexos y hombre o mujer se puede sentir completamente identificado.
    Genial apuesta.

  2. Interesantísima apuesta!
    Me encanta revisitar esta obra tanto tiempo tras su publicación, cuando los conceptos se han expandido y las sensaciones de una mujer de los 50-60 se ha convertido en algo que ya no depende de géneros.

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