El arpa birmana – Michio Takeyama

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El arpa birmana - Michio TakeyamaComentaba hace poco “Mil grullas“, de Yasunari Kawabata, y la amiga Zuriñe apostillaba la necesidad de leer más literatura japonesa. Ciertamente es una literatura muy recomendable, al menos basándome en los acercamientos a ella que hasta la fecha he tenido.

No obstante, “El arpa birmana” es una obra que para mi no parece, por su estilo, literatura japonesa. Porque en Kawabata, en Oé, en Mishima y hasta en Murakami, se encuentra siempre cierto ambiente enfermizo, cierto sentimiento de nostalgia incurable, cierta morbosidad insana. Pero, sin embargo, “El arpa birmana” es una novela extremadamente vitalista. A pesar de las circunstancias en que se desarrolla la acción, que transcurre en un campo de concentración birmano en el que permanece retenida la compañía del ejército japonés protagonista de la historia. A pesar de ello, decía, la atmósfera que respira la novela es jovial, desenfadada, decididamente alegre.

No en vano, la protagonista es la llamada ‘compañía de las canciones’ que, comandada por un músico, mantiene alto el ánimo de sus hombres a fuerza de entonar canciones tradicionales, aun en las situaciones de más riesgo. Nos topamos a esta compañía huyendo a través de las selvas birmanas tras el alto el fuego que finalizó la II Guerra Mundial. Nuestros hombres nada saben de la firma del armisticio y tratan de escapar hacia el vecino Siam. En su peregrinar es el cabo Mizushima quien se adelanta a averiguar si existe riesgo de avanzar, tocando una canción distinta en su arpa birmana según el camino esté despejado o no. Finalmente la compañía es apresada, y el cabo Mizushima es separado de su compañía cuando se le envía a una misión especial.

Los hombres de la compañía pasan un año en un campo de concentración, sin dejar de preguntarse dónde puede encontrarse el apreciado cabo. Dada su condición de prisioneros les es imposible realizar averiguaciones, y el desasosiego de la compañía no cesa de aumentar debido a la aparición de un extraño bonzo birmano, que les observa desde la distancia.

La historia en el fondo no es más que un ameno discurrir de las aventuras de los animosos soldados y su idolatrado Mizushima. Pero lo sorprendente es el mensaje vitalista de la obra: el hombre es capaz de sobreponerse a cualquier circunstancia, por adversa que sea; pero debe siempre ofrecer lo mejor de sí mismo a los demás, entregarse a ellos y vivir en armonía con todo cuanto le rodea.

Este relato fue escrito durante la dura posguerra japonesa, donde el país en ruinas lamía las heridas de la dura derrota sufrida, y sin embargo, superando la censura que impedía hablar de la contienda, supo llegar hasta un pueblo que comprendía entonces más que nunca lo absurdo de sacrificar tantas vidas en aras de equivocados ideales.

Además de un hermoso canto antibelicista, las páginas son también una profunda reflexión sobre la pérdida de los valores tradicionales japoneses en las décadas anteriores a la guerra, que supuso el abandono de la concepción espiritual del hombre en favor de una concepción materialista, que mide al hombre no por lo que es, sino por lo que es capaz de hacer.

Así pues, además de hacernos pasar un rato divertido con las extrañas aventuras de estos soldados japoneses, esta novela nos invita a reflexionar sobre temas que, en el fondo y por desgracia, siguen estando vigentes en nuestra desquiciada sociedad.

5 Comentarios

  1. Una simpática novela, a la par que un rotundo alegato pacifista. Como bien ha dicho la Sra. Castro, el estilo de Michio Takeyama dista mucho del estilo más “oscuro” que lucen los grandes autores japoneses varones de la segunda mitad del siglo XX. Michio Takeyama apuesta más por un estilo más naif, incluso podríamos decir que algo inverosímil, situación motivada en parte por el desconocimiento del entorno geográfico sobre el que se asienta la trama de la novela (Takeyama nunca estuvo en Birmania). Sin embargo, la historia y su protagonista acaban resultándole entrañables al lector. Cabe añadir que de esta gran novela se hizo una gran película, a cargo del director Kon Ichikawa.

    Saludos

  2. La película la vi hace muchos años y me gustó mucho. No he tenido oportunidad de tener la novela para leerla, pues se la recomienda como mejor que el film.
    Entre los comentarios hay una petición de ayuda para encontrar la música. Como en la película está la música y la autora del comentario no deja su mail, me valgo de este medio para hacerle la sugerencia a continuación

    María del Carmen,

    En Amazon está la película. Te envío la referencia (copiada y pegada de la respectiva página)
    Burmese Harp – Criterion Collection ~ Rentaro Mikuni, Shôji Yasui, Jun Hamamura, and Taketoshi Naitô (DVD – 1967)
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  3. Hace más de 50 años titulada ‘El Arpa birmana’ siempre me quedó la nostalgia de volver a escuchar la música, o de ser posible ver la película otra vez. Agradecería mucho si alguien me puede orientar o ayudar a encontrar la música original de la pelicula

  4. Gracias por la mención, me pongo hasta roja.
    Las culturas asiáticas me resultan sumamente atractivas literariamente, tal vez sea por esa tendencia a la profunda reflexión que tienen, y a su manera tan particular de manejar su moralidad. Son realmente tan diferentes a nosotros, tan extraños y a la vez tan imprevisibles.
    Interesante propuesta, com siempre tenéis costumbre!

  5. La película de Kon Ichikawa basad en la novela es muy recomendable.
    Respecto a lo que dices, sobre que no parece literatura japonesa (y siento limitarme a la película) la misión que se autoimpone el cabo Mizushima comparte esa turbia y enfermiza morbosidad que destacas (también pienso en Murakami y en Oe)
    Por otra parte la historia que narra es excelente, insólita, para nuestra visión occidental exótica y diferente… no sé si se puede ser más japonés…
    es broma.
    Un saludo

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