De profundis – José Cardoso Pires

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De profundis - José Cardoso PiresHay libros que se sitúan por encima de sí mismos, por encima del plano literario, para convertirse en alegatos en contra o a favor de algo, testimonios de sucesos terribles o hermosos, o simplemente registros fidedignos de situaciones límite. “De profundis” tiene algo de lo segundo y de lo tercero, en tanto es un relato acerca de la enfermedad cerebral sufrida por su autor, José Cardoso Pires, y que casi le llevó a la muerte.

Realmente, el libro es tan escueto que la poesía con la que el portugués narra su experiencia límite no alcanza a conmover al lector; hay momentos emocionantes, dolorosos, pero el desarrollo de la enfermedad se plasma de forma demasiado veloz para que el sentimiento resulte convincente. No es que se necesiten doscientas páginas para desarrollar verazmente un tema como éste, faltaría más, pero en este caso concreto la brevedad no juega a favor del resultado.

Quizá sea, simplemente, que el dolor que pudo causar la pérdida de memoria en Cardoso Pires fue demasiado intenso como para plasmarlo (con la misma intensidad) por escrito. Debe ser muy complicado (si es que es posible) exponer en palabras una experiencia que pone a una persona al borde mismo de la muerte y le despoja de lo que quizá sea más importante para un ser humano: su mismísima identidad. Ejemplar, sin embargo, resulta el empleo de la prosa de Cardoso Pires, que fracciona su mirada del mundo (al mundo) en su narración, dando idea de lo inconexo de su condición. Quizá sea lo más aprovechable de un texto que, francamente, sabe a poco y deja con el regusto de haber entrevisto algo, pero sin haber tenido la oportunidad de captarlo en su totalidad.

Pausa ahora en el invierno, sol agradable. Por encima del arbolado del hospital hay un palacio de cristales dorados, un palacio —no exagero— se ve desde la ventana de la habitación y yo lo miro con interés
él también, pero, pasado un segundo,
ya lo ha perdido, pese a seguir mirándolo. Esa figuración centelleante se repite en cualquier momento en que se aproxima a la ventana, pero, en cuanto se aparta, es como si hubiese abandonado una vidriera desierta.

Se podría pensar que el hecho de que el autor sea el que relata en primera persona su aproximación a esa ‘nada’ en la que se ve sumido debería resultar conmovedor; sin embargo, no es así. Sea por el estilo del autor, sea por la falta de empatía que suscita, lo cierto es que uno termina el librito y no le parece que el abismo al que se ha asomado fuera terrorífico. Piensa uno que el lirismo ha restado intensidad al mensaje: la experiencia de Cardoso Pires se desdibuja frente a la intensidad narrativa de su manuscrito, que prevalece sobre el fondo.

El texto es interesante como confesión íntima (y muy sincera) de un momento extremo y terrible. Como un fogonazo, la ausencia de sí mismo del portugués se revela al lector con intensidad, casi como una aparición fugaz, como una línea de poema. Sin embargo, esa chispa es tan breve que deja extrañeza y preguntas.

2 Comentarios

  1. Tiene que ser muy difícil plasmar un cambio de “yo”, anclado en una enfermedad que nos quita lo más nuestro, la capacidad de hablar y escribir. En Babelia este fin de semana aparece tambié la reseña de este libro, al que Antonio Sáez Delgado trata de magnífico relato afilado como un bisturí y con las dosis adecuadas de ironía. Aunque no se si se debe a mi creciente desconfianza en estos medios, que son al fin y al cabo una vía para vender libros, confio más en vuestra opinión. Por eso de que en Ia red todavía opinamos libremente, hasta el momento!.

  2. Coincido en que el libro parece que “sabe a poco”. No sé si es un intento fallido o un intento imposible el querer narrar un epidosio de enfermedad que precisamente anula tu capacidad de comprensión. Tal vez es que en libros que abordan este tema sólo cabe hablar del antes y el después de la enfermedad y aquí Cardoso Pires intenta centrarse en su vivencia durante el episodio que le acercó a la muerte. De esos instantes ¿qué se puede decir si casi no se es?. Al libro lo salva el estilo. ¿Es suficiente?.

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