El caminante – Natsume Sōseki

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El caminante - Natsume SōsekiHermosa edición la de Satori Ediciones, especializada en literatura y temas japoneses, de este El caminante, de Natsume Sōseki.

Publicada por entregas en 1912, esta novela se aleja de la hilaridad de algunas de las obras de Sōseki publicadas recientemente en España, como Soy un gato o BotchanEl caminante presenta lo que en apariencia es el conflicto entre dos hermanos, en el que se ve envuelta la mujer de uno de ellos.

Ahora bien, el conflicto en la narrativa japonesa no se entiende ni se desarrolla según el concepto que en Occidente tenemos de él —como explica con precisión Carlos Rubio en el excelente prólogo de la presente edición—. Los motivos del conflicto, la tensión que éste genera, aparecen en Sōseki apenas esbozados, su planteamiento se insinúa, pero jamás se afirma.

Esto puede resultar sorprendente al lector castellano, y muchas veces el desarrollo poco preciso de la trama puede arrastrarle a la indiferencia por lo que se le cuenta. La narración sencilla, casi coloquial, constituye entonces una ventaja porque ella si logra retener la atención pegada al relato de los pequeños acontecimientos que describe El caminante.

Estos acontecimientos son los de la vida de Jiro, el hermano menor de una familia dominada por el carácter inestable del hermano mayor, Ichiro, un intelectual con problemas matrimoniales. En efecto, la historia parece girar en torno a las desavenencias conyugales entre Ichiro y su esposa, que Jiro debe tratar de suavizar por mandato de su familia. La situación del narrador y protagonista es inestable: su familia, incluido su propio hermano, llega a sospechar que entre él y la joven esposa existe algún tipo de relación ilícita. Así, Jiro acabará por abandonar la casa familiar para poner fin a las especulaciones y a la tensión.

Es necesario volver a insistir en que esa tensión no se desarrolla del modo en que lo haría un escritor occidental. La narración se ocupa de acontecimientos banales, los diálogos (y hay muchos a lo largo de la novela) jamás se centran en las cuestiones espinosas que pueden preocupar a los personajes, de modo que no arrojan luz sobre ellas. E incluso los pensamientos del propio Jiro nunca versan directamente sobre aquello que le desasosiega: el monólogo interior, tal como usualmente lo entendemos, no se da en esta novela.

Sin embargo El caminante se convierte en una gran novela gracias a su última parte. Dividida en cuatro piezas, las tres primeras exponen, bien es cierto que de forma morosa y poco contundente, los problemas originados por la personalidad singular de Ichiro. La cuarta pieza, escrita en forma de carta, recoge las impresiones del compañero de Ichiro en un viaje que su familia le persuada de hacer. El compañero, señor H, debe informar a Jiro de los acontecimientos del viaje, así como de cualquier comportamiento fuera de lugar del intelectual.

Las cartas del señor H resultan un profundo análisis de la personalidad de un hombre aquejado de profundos conflictos internos, producidos por una notable inteligencia y sensibilidad, una mente clarividente, que le han conducido a forjarse una imagen insoportable, pero lo única coherente para él, del mundo. Ichiro es incapaz de vivir en paz consigo mismo porque es consciente de que ningún acto humano sirve para nada y, por lo mismo, no es posible para él encontrar sosiego en un sentimiento trascendente de religiosidad. A pesar de su talante inquieto y atormentado, que dificulta la convivencia con él, el señor H describe a Ichiro es un espíritu noble, recto, que merece no sólo el cariño de su familia, sino sobre todo la ayuda y comprensión de ésta.

Es esta parte final de El caminante la que da luz a toda la obra y la convierte en una novela exquisita sobre la manera en que la medianía de la existencia impide ver y comprender lo extraordinario de algunas personas, incluso a sus seres más próximos.

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