El difunto Matías Pascal – Luigi Pirandello

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El difunto Matías Pascal - Luigi PirandelloQue uno mejore su vida después de muerto es complicado, pero es exactamente lo que le sucede al protagonista homónimo de “El difunto Matías Pascal”. Y en ese hecho increíble y, sin embargo, anecdótico, se apoya Luigi Pirandello para contar la historia de un hombre que se despoja de su humanidad para comenzar a vivir.

Matías Pascal podría ser considerado un trasunto de cualquiera de nosotros; debido a una circunstancia azarosa, se encuentra dado por muerto y liberado, por tanto, de cualquier atadura social, familiar y casi moral: aprovechándose de ello, se marcha de su pueblo y emprende un periplo en el que ejerce su nueva libertad, haciendo en cada momento lo que se le antoja. Es evidente que, aunque la situación es producto de una cabriola del destino, sus consecuencias son las más obvias, las que cualquier persona asumiría en caso de poder rehacer su vida sin la obligación de dar cuentas a nadie.

Pirandello echa mano del suicidio de un desconocido para poner a su protagonista en un escenario complejo: ¿se puede considerar una oportunidad el verse despojado de cualquier responsabilidad social?; ¿actuaríamos de la misma forma sabiendo que la sociedad no tiene poder sobre nosotros, que estamos al margen de sus designios? El escritor italiano aborda esta cuestión desde el humor, pero con un marcado trasfondo de preocupación. Matías Pascal huye —literalmente— de sus deudas, de su suegra y de su matrimonio de compromiso, cambiando de personalidad y pasando a ser un viajero cosmopolita, en lugar del campesino holgazán que atrae la desgracia; es curioso, por ejemplo, que ese cambio de identidad conlleve también un cambio de fortuna: Pascal va a Montecarlo y gana una cantidad de dinero ingente jugando a la ruleta… a pesar de que ni siquiera conoce a fondo los entresijos del juego.

No obstante, la moraleja asoma al final del libro en forma de “vuelta al redil”: el protagonista se da cuenta de que su inexistencia (a efectos administrativos) le convierte en un fantasma. No puede volver a casarse porque no tiene identidad real, no puede tramitar una simple denuncia porque carece de documentación; como él mismo advierte, hasta su sombre tiene casi más entidad que él, ya que se ve obligado a vivir como un fantasma. La suerte le sonríe al ponerle de nuevo en una situación límite (un duelo con otro hombre), lo cual le otorga la oportunidad huir y regresar a su pueblo natal para retomar su vieja existencia.

Pirandello parece plegarse, gracias a ese ardid postrero, a las directrices sociales de un mundo en el que las obligaciones para con los demás nos conforman, no ya como ciudadanos, sino como personas, como seres completos. Sin embargo, Pascal encuentra a su llegada al hogar a su mujer casada con otro hombre: esto cambia sus intenciones y decide vivir con una vieja tía solterona y abandonar (entre comillas) a su esposa y su suegra para siempre. Esa pirueta final del autor quizá sea mucho más que un simple “ajuste de cuentas” con el destino: tal vez Pirandello abre la posibilidad de un cambio definitivo en la forma de ver la vida del protagonista, que después de su peripecia parece conocerse mucho mejor y tener muy clara su necesidad de libertad. Aunque las circunstancias administrativas hacen del fugitivo una mera sombra, la huida y el abandono de cualquier máscara social (parece insinuarse en la novela) convierte al hombre en un ser más autónomo, más emprendedor y más humano. Matías pasa de ser un apocado miserable a una persona íntegra, un hombre con resolución y buen juicio, que incluso deja de lado sus ínfulas de revancha en su vuelta al hogar, conformándose con llevar una vida apacible y retirada.

Más allá del humor sarcástico de la novela y del buen hacer del autor a la hora de exponer sin medias tintas las bufonadas de los entramados sociales que nos rodean, “El difunto Matías Pascal” esconde una lección vital más que importante en estos días: la necesidad de la independencia y el buen juicio para convertirse en toda una persona.

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