El inocente – Gabriele d’Annunzio

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El inocente - Gabriele d'AnnunzioEl inocente trata, básicamente, de los aspectos más oscuros de las relaciones de pareja; del engaño, de la traición, del desconocimiento del otro, de la sumisión, del poder subyugador… En suma, de todo aquello que convierte la convivencia y el amor en un cúmulo de penalidades. Gabriele d’Annunzio creó un protagonista tan odioso como humano, con rasgos deleznables que consiguen que le despreciemos, pero también con características tan comunes que es difícil no encontrar algún punto en común con él; en esa controvertida mescolanza está el acierto de una novela que hurga en los sentimientos con la dulzura y la acidez de la sensualidad.

El texto en primera persona cuenta la peripecia de Tullio Hermil, un burgués acomodado que, aparentemente hastiado de su vida de casado, mantiene constantes aventuras y se dedica a llevar una vida lo más disipada posible; aunque su mujer, Giuliana, le ama con una devoción que le conmueve, es incapaz de moderar sus apetitos y la engaña una y otra vez. Sin embargo, cuando ella cae enferma decide intentar la reconciliación y se fuerza a enmendar sus errores; cuál no será su sorpresa al descubrir que Giuliana, siempre amante y tranquila, está embarazada de otro hombre. Comienza así un descenso a los infiernos que llevará a Tullio (y a su mujer, cómplice inesperada de sus pasiones) a conocer lo más abyecto de las pasiones humanas, e incluso finalmente le conducirá a la desgracia.

D’Annunzio juega con la contraposición entre el carácter de Tullio y el de Giuliana para construir la obra: frívolo, lujurioso y apasionado él; reflexiva, apocada y fiel ella. A pesar de estas personalidades tan dispares, el nuevo ser que alumbrará la esposa («el inocente» al que hace referencia el título del libro) será el frágil nexo de unión que les reunirá en la maldad; separados por sus maneras de afrontar la vida, hallarán un lazo en su desprecio por el no nacido y por lo que representará para ellos. Si la serenidad imperturbable de Giuliana parece conmover a su marido hasta el punto de despertar de nuevo su pasión por ella, lo cierto es que esa misma imperturbabilidad les situará a ambos ante la disyuntiva de vivir con la vergüenza o afrontar el pecado; con esta última opción, que escogen en un éxtasis de voluptuosidad, se condenan a la deshonra y destruyen su mutuo amor sin apercibirse de las consecuencias.

La psicología de los protagonistas está trazada con la sensualidad fruto del decadentismo propio de la primera época de d’Annunzio: tanto Tullio como Giuliana son personajes pasionales —cada uno a su modo—, impulsivos, que arrostran los hechos con una intensidad que embriaga por su calor y por su emoción. El autor moldea a ambos de una forma quizá un tanto arquetípica, pero, como señalaba al comienzo, dotándoles de sentimientos y deseos que los hacen muy humanos en su debilidad. Si bien Tullio es un protagonista que suscita reacciones diversas, incluso contradictorias, no es menos cierto que Giuliana tampoco es ajena a los vicios, a las debilidades y a las pasiones. Solo la familia Hermil, especialmente el hermano de Tullio, Federico, parecen presentar un contrapunto sereno a la locura que se apodera de los esposos; frente a la lujuriosa impetuosidad del «civilizado» matrimonio, la inocencia y honradez de la naturaleza que representa Federico sirven para ofrecer la imagen opuesta. Al final, esa oposición será casi un enfrentamiento físico, muy apropiado para el desenlace de la obra.

El inocente es una novela intensa, pese a lo cual su desarrollo es pausado y detallista; las descripciones, tanto del entorno como de los sentimientos, son ricas en matices y, en ocasiones, excesivas. Con todo, el libro ofrece un suculento acercamiento a lo más abyecto que se esconde tras lo que, en apariencia, debería ser uno de los sentimientos más puros que conocemos: el amor. En esta antítesis encontrará el lector motivos más que sobrados para el disfrute.

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