El león y el unicornio y otros ensayos – George Orwell

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El león y el unicornio y otros ensayos - George OrwellSi hace poco hablábamos de Stevenson y de “El arte de escribir” como un libro interesante y (hasta cierto punto) necesario, este conjunto de artículos de George Orwell representa un paso más hacia la implicación del escritor con la realidad.

En este caso, el autor de “1984” se muestra de manera palmaria más combativo que Stevenson; no en vano Orwell era un hombre comprometido, tanto política como socialmente. En estos artículos arremete contra muchas convenciones de su época y contra muchos escritores consagrados. Sin pelos en la lengua, su pluma se muestra durísima a la hora de hablar del papel de la prensa en la crítica literaria, la posición de Inglaterra en la política internacional, la calidad de la enseñanza británica…

‘Recuerdos de un librero’ contiene algunos pasajes tan divertidos como actuales; piensa uno si, en realidad, la lectura ha sido desde hace ya mucho tiempo una actividad marginal y aparentemente ociosa.
‘En defensa de la novela’ contiene una diatriba sensacional contra los medios de comunicación y su manipulación de la crítica. Y cabe recordar que el ensayo se escribió en 1936, porque cuando uno lee pasajes como el siguiente podría parecer que el que habla es un contemporáneo nuestro:

El robo a mano armada que suponen los libros es sencillamente una estafa de lo más cínica. Z escribe un libro que publica Y, y que reseña X en el «Semanario W». Si la reseña es negativa, Y retirará el anuncio que ha incluido, por lo cual X tiene que calificar la novela de “obra maestra inolvidable” si no quiere que lo despidan. En esencia, ésta es la situación, y la reseña de novelas, o la crítica de novelas, si se quiere, se ha hundido a la profundidad a la que hoy se encuentra sobre todo porque los críticos sin excepción tienen a un editor o a varios apretándoles las tuercas por persona interpuesta.

Quizá haya que recalcar el hecho de que Orwell se muestra muy crítico con el entramado informativo que hace pasar desapercibidas las obras de calidad, mientras que entroniza de forma deliberada una literatura mediocre y edulcorada. De hecho, el autor se muestra feroz en este punto, ya que insiste en la necesidad de enfrentarse a la realidad (a las desigualdades, a la crudeza, a las injusticias); y eso puede hacerse, en buena medida, a través del arte.

‘En el vientre de la ballena’ se centra en la crítica de una corriente narrativa que parece aislarse de la situación social. Al hilo de “Trópico de Cáncer”, de Henry Miller, Orwell compara la literatura comprometida de alguna manera con la realidad (bien sea para denunciarla, bien sea para ignorarla) con otra literatura más novedosa, al estilo de la del norteamericano, que contempla esa realidad desde la amoralidad y la resignación. De ahí la comparación con la historia bíblica, pues el escritor mira el mundo desde un vientre transparente, cómodo, maternal, desde el cual desdeña cualquier preocupación relativa a la sociedad real. Es de resaltar que Orwell, pese a no compartir la postura (ni literaria ni política) de Miller, es capaz de juzgarle con rigor e imparcialidad; un rasgo que se puede ver en muchos otros artículos: por ejemplo, al separar la faceta política de Ezra Pound (al que tacha sin tapujos —y con razón— de fascista) de su obra artística (que le merece mucho respeto).

‘El león y el unicornio’ es el ensayo más largo y el menos literario, ya que Orwell recapitula los males endémicos que sufre Inglaterra y reflexiona acerca del camino erróneo que la han llevado a tomar. Para el escritor, la gran diferencia de clases que se ha perpetuado en las Islas Británicas desde tiempos inmemoriales ha llevado a los ingleses a un aislamiento social y moral, que les incapacita para reconocer (y juzgar con inteligencia) los acontecimientos contemporáneos: en este caso, la Segunda Guerra Mundial y la implicación que deberían haber tomado. Para Orwell, aunque no existe una solución factible a esta situación, está claro que los pasos deberían encaminarse hacia la supresión de la clase nobiliaria adinerada y la instauración de una economía estatal; lejos de ser un planteamiento comunista —aunque lo parezca—, los datos que aporta son de un sentido común incuestionable.

Tanto como el que demuestra en su análisis acerca de la figura de Rudyard Kipling, en un artículo posterior. Con un discernimiento hábil y honesto (que a estas alturas el lector ya toma por ‘marca de la casa’), Orwell separa la vida y obra de su compatriota: aunque sus creencias y simpatías estuviesen del lado del Imperio Británico, sus retratos de la vida colonial y el ejército fueron muy certeros y se ajustaban bastante a la realidad de aquellos tiempos. Puede que su sentido de clase le imposibilitara para efectuar juicios con equidad —socialmente hablando—, pero su capacidad de observación era impresionante.

Y una de las muestras más lúcidas del pensamiento del inglés se halla en ‘Por qué escribo’, una corta confesión de sus propósitos literarios. Interesante resulta su división de los motivos que llevan a alguien a convertirse en escritor: por egoísmo (es decir, por vanidad), por entusiasmo estético, por impulso histórico o por propósitos políticos. Curiosamente, Orwell confiesa que en un principio le movían más los tres primeros, aunque la situación mundial que le tocó vivir le hizo replantearse su compromiso con la sociedad y (en sus propias palabras) se vio obligado a convertirse en una especie de panfletista. Así, confiesa que su pensamiento principal antes de ponerse a escribir es el de denunciar algo que le llama la atención, aunque exista en el fondo cierta veleidad estética.

Muchas más cosas interesantes se dicen a lo largo y ancho de “El león y el unicornio…”, pero quizá los artículos más enjundiosos sean los citados arriba. Frente a los escritores ajenos a la realidad, enajenados por una visión idílica del mundo y la sociedad, Orwell demuestra que el arte también puede utilizarse como herramienta ideológica; aunque su postura pueda ser discutible (y así ha venido siendo desde hace mucho tiempo), no cabe duda de que la defiende con argumentos tan inteligentes como —algunos— incontrovertibles. Muy recomendable para poner en marcha los oxidados mecanismos críticos.

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2 Comentarios

  1. Excelente escritor, gran tipo, iba por libre. Y así le cayeron palos de todas partes… y en todas partes. Destino había publicado ya estos ensayos, y son muy interesantes, la verdad (huelen a veces a periódico viejo).
    Un descubrimiento; hace tiempo, también en Destino, que tenía en casa “Sin blanca en París y Londres”, y un día que me dio una orwellitis lo cogí y me sorprendió para bien. Es una novela-documento, por definirla de alguna manera.
    De Stevenson a Orwell; que contento me tiene Sr. Molina.
    Un saludo.

  2. Suena interesante… voy a hacerle un hueco en la lista de pendientes. Lo de entronizar obras de calidad mediocre y arrinconar las buenas parece ser cosa de todas las épocas.

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