El músico ciego – Vladímir Korolenko

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El músico ciego - Vladímir KorolenkoLa sensibilidad de los escritores rusos es muy diferente a la de otros narradores más occidentales; diferente, pero no menor, y a menudo más íntima y perceptiva de lo que muchos pudieran imaginar. Vladímir Korolenko hace gala de ella en El músico ciego, una bellísima novela de aprendizaje, de amor, de superación y de humanidad; una novela en la que la sensibilidad se percibe en cada gesto y en cada frase, convirtiendo una sencilla historia en un canto a la vida.

El libro cuenta la vida de Piotrus, un joven nacido en una familia de acomodados terratenientes; pronto su madre descubre que el niño es ciego y se desesperará por la existencia que le depara el destino. Su tío Maxim, un antiguo revolucionario, ahora tullido, es el único que considera que el crío se merece una educación normal, que le permita desarrollar sus capacidades de forma que pueda valerse por sí mismo y tener una vida rica y completa; así pues, se esfuerza en enseñarle todo lo que pueda, bien sea teórico o práctico, con la esperanza de hacer que el muchacho se sobreponga a sus carencias. Curiosamente, el sonido de un caramillo tocado por un sirviente será el primer estímulo que consiga despertar las pasiones de Piotrus, hasta entonces adormecidas; de ahí en adelante el muchacho comenzará a descubrir sensaciones que nunca imaginó.

Este resumen podría hacernos creer que la novela es sensiblera o ramplona. En absoluto. Korolenko hace un ejercicio mayúsculo de sabiduría literaria al crear un protagonista sublime, excepcional, capaz de embelesarnos por su progresivo descubrimiento de un mundo que sólo es capaz de percibir por cuatro de sus sentidos. La sensibilidad del narrador a la hora de describir los hallazgos de Piotrus es sobrecogedora: sus paseos por los ríos o las praderas nos permiten ser partícipes del murmullo del viento o los susurros de las espadañas; la brisa nos invita a sentir con él la calidez del verano; los pájaros nos acercan a la inminencia de la primavera; las notas del piano nos revelan la tristeza o la alegría… Y así con decenas de detalles, de escenas tranquilas que van tejiendo una narración compuesta a base de instantes, de impresiones, de sensaciones que construyen todo un universo tanto para el protagonista como para nosotros.

Vladímir Korolenko tiene la virtud de transmitir mucha información con un texto basado en la descripción, ya sea de sensaciones como las ya mencionadas o de sentimientos que van brotando en el interior de Piotrus a medida que crece y entra en la madurez. Y es que el texto va más allá de la mera inmersión en un mundo que siempre estará incompleto para él, sino de la superación del ser humano: el protagonista es capaz de arrostrar su incierto destino porque descubre la belleza, si bien no con los ojos, como la mayoría de los que le rodean. Su pasión por Evelina, una joven a la que conoce de niño, no es simplemente amorosa: es un medio para acceder a lo que de bueno hay en el mundo, un descubrimiento de sus propias capacidades, una puerta al autoconocimiento y a la seguridad. La visión es, en esta novela, una simple metáfora de lo que nos hace humanos; por ese motivo Piotrus, aunque ciego, alcanza a percibir el universo que le rodea y, de este modo, se «completa», se hace humano. Las últimas palabras de Maxim, que tanto lucha por el joven, son clarificadoras: «Ha llegado a ver, es cierto; ha llegado a ver».

El músico ciego es una novela hermosa y profunda, una obra de arte en todos los sentidos que merece la pena disfrutar. Sin duda, es una de las obras maestras de la literatura rusa; y eso, como ustedes sabrán, no es nada desdeñable.

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5 Comentarios

  1. Leyendo el prólogo de Ricardo San Vicente, – en mi opinión, el mejor traductor español de la lengua rusa -, a este libro, no podía por menos que reflexionar sobre el porqué de la cercanía de los clásicos rusos al lector actual. Han transcurrido casi dos siglos de la publicación de muchas de sus obras y, en lugar de envejecer con el transcurrir del tiempo, continúan teniendo una vigencia total y absoluta, las hallamos próximas, nos dicen algo, tenemos la sensación de que son imperecederas, que nunca quedarán sepultadas en el olvido. La respuesta más atinada a la cuestión está contenida precisamente en los rasgos definitorios, que el prologuista asocia a la literatura rusa: “dimensión moral, compromiso ético, vocación espiritual, compasión hacia el ser humano…” Obras en definitiva, diría yo, escritas desde, por y para el hombre, a través del único camino por el que nunca se yerra, el de la autenticidad.
    Pues bien, “El músico ciego” es el más vivo ejemplo de todo lo dicho. Y no es que el tema no se preste al drama y a la lágrima, al contrario, posee todos los elementos que las propician, pero la pluma de Korolenko, huyendo de cualquier sensiblería, transforma la historia de Piotrus en un hermoso canto a la fuerza de la naturaleza, en propias palabras del autor, “a la atracción instintiva, orgánica, del hombre hacia la luz”. Así, de este modo, el desgraciado nacimiento de un ser acaba convirtiéndose en un testimonio de superación, que engrandece a la condición humana.
    El vehículo utilizado por Korolenko para desarrollar la trama es el mejor y más adecuado que se pueda emplear, el de una prosa sencilla, clara, diáfana, ajena a cualquier estridencia o alambicamiento. La mejor herramienta, en mi opinión, para describir el torrente de sensaciones que el protagonista va percibiendo día a día y con el que va despertando progresivamente a la vida.
    Resulta difícil expresar con meras palabras la sensibilidad, la ternura y la emoción que el libro encierra. Imposible, igualmente me parece, que alguien, ni aun resultando el más pasivo de los lectores, pueda sustraerse al gozo que representa acompañar a Piotrus en su periplo de aprendizaje. Una lectura hermosa donde las haya y un nuevo autor, hasta ahora desconocido para mí, para engrosar mi lista de autores imprescindibles.
    Libro a recomendar que, a la vez, sirve para reafirmar una de mis ya de por sí escasas convicciones: los rusos nunca te defraudan.

    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

    • Estimado Miguel.

      Gracias por sus siempre constructivos comentarios. La verdad es que la sencillez de Korolenko al narrar la experiencia de Piotr es, en efecto, el gran acierto de la novela; parece mentira que con una batería de recursos narrativos tan exigua, el autor consiga transmitir una plétora tal de emociones distintas.
      La sensibilidad que se despliega en cada página es tal, que es difícil describir los sentimientos que se transmiten al lector si no es por la experiencia misma de leer la novela.

      Tiene usted toda la razón: los rusos nunca defraudan.

      Un saludo.

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