El perfeccionista en la cocina – Julian Barnes

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El perfeccionista en la cocina - Julian BarnesQuedé encantado con mi primer acercamiento a Barnes cuando leí «La mesa limón«, su anterior (y excelente) libro. El inglés es un narrador estupendo, con una prosa sencilla, pero elegante, y los cuentos de aquella obra eran un prodigio de belleza, sensibilidad y buen hacer.
Sin embargo, «El perfeccionista en la cocina» es una excentricidad que, sin ser mal libro, podía perfectamente haberse quedado en la cabeza de su creador. Y no digo esto porque sea peor -literariamente hablando- que «La mesa limón», sino porque un escritor debería ahorrarse ciertas veleidades para no incurrir en el descrédito.

Esto viene a cuento porque este libro es una simple recopilación de experiencias, más o menos autobiográficas (o supuestamente autobiográficas), de su autor en su faceta de cocinero aficionado y amante de la gastronomía. Algunos de sus capítulos son divertidos, no se puede negar, y es que Barnes es un magnífico escritor dotado de punzante sentido del humor, y quizá sea ésta la única faceta que salva esta obra de ser una auténtica extravagancia superflua. Uno comienza su lectura pensando, bien que habrá algo más allá (si no trascendente, sí al menos razonablemente interesante), bien que se reirá de lo lindo. Al final, resulta que ni una cosa ni la otra, y no cabe más que preguntarse: ‘¿Por qué ha escritor esto Julian Barnes?’. Y la respuesta, seguramente, será que su editor le ofrecería una buena pasta por plasmar por escrito algunas de sus aventuras culinarias.

Las disquisiciones del autor son divertidas, sí, pero no llevan a ninguna parte. El preparar un pollo de esta o aquella manera no es algo interesante, a no ser que estés leyendo un auténtico libro de cocina; pero yo suponía que el libro no era un recetario, sino eso: un libro. Además, las referencias a autores y manuales le resultan lejanas, por no decir desconocidas, a un lector no anglosajón, por lo que imagino que la mitad del ingenio de Barnes se pierde debido a esta circunstancia. Al cabo de unas cuantas páginas, los nombres de Nigel Slater, Elizabeth David o Marcella Hazan suenan familiares, pero no eliminan las ganas de ir a buscar un libro de verdad a la biblioteca.

En resumen: una licencia editorial sólo apta para los fanáticos de la cocina. O de Barnes.

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10 Comentarios

  1. De todo lo que he leído, me quedo con el comentario de Saul Aparicio, no sólo porque revela la naturaleza del libro, sino porque parece encararlo con la actitud adecuada. Pedirle a Barnes (que a la larga se está confirmando como uno de los valores más sólidos de su generación y no miro para nadie) que escriba un libro de recetas en un sinsentido; pedirle que haga de Tom Sharpe es otro aún mayor. Estamos ante un anecdotario sencillo e informal. Chocolate para después de comer.

  2. En vez de lanzar acusaciones o plantear hipótesis malintencionadas sobre las razones por las que un autor publicó un libro, estaría bien si investigásemos un poquito (no mucho, de verdad) para informarnos.

    «The pedant in the Kitchen» es una recopilación de artículos escritos para prensa (para «The Guardian Review»), sin más aspiración que la de narrar sus frustraciones como cocinero amateur, seguidor de recetas al pie de la letra. Al final, el libro es más una serie de críticas literarias de libros de cocina clásica, disfrazadas de relato humorístico. Los artículos, que pueden encontrar en el inglés original, gratis, en http://www.guardian.co.uk/books/series/thepedantinthekitchen, son deliciosos si se consideran como tal. El libro se publicó como una recopilación de la serie, complementándola con ilustraciones de Joe Berger, dada su gran popularidad.
    Es una obra menor, sí, pero no por eso indigna de Barnes ni interesante.

  3. Las tentaciones de publicar cosejas poco interesantes son muy habituales: Auster es el paradigma y casi nadie escapa.

    Lo bueno viene cuando tras la licencia editorial hay un gran libro. Pero eso ya es historia, supongo.

    Gracias y ¡un saludo!

  4. Me ha gustado eso de que se tenía que haber quedado en la cabeza del autor! jajaja, a más de uno le ocurre eso.
    Si las editoriales tienden a decirles a sus autores en algunas ocasiones que escriban memeces, con tal de sacar algo más del autor. Como se rasca el codo, o si mastica treinta veces el bourbon. Para fanáticos de la naderias suponto.

  5. Oye, y una humilde sugerencia: ¿por qué no pones la referencia completa del libro, con editorial, fecha, fecha original de publicación, etc.? Puede ser útil para orientarse. Más de un bibliófilo o bibliógrafo te lo agradecería, pero claro, eso depende de que te apetezca hacerlo o no.

  6. ¿por qué lo escribió? Pues para llenar el puchero, entonces, y poder seguir experimentando con la cocina. Y con la escritura, quizá: las extravagancias de uno suelen ser necesarias para uno mismo, aunque sean superfluas para los demás.

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