El retorno de Filip Latinovicz – Miroslav Krleža

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El retorno de Filip Latinovicz - Miroslav KrležaHe terminado este libro encantada. Siempre es un placer toparse con una novela como ésta, en la que se entremezclan las reflexiones acerca de la podredumbre que rodea al ser humano y su posibilidad de redención gracias al pensamiento y al arte.

Miroslav Krleža se sirve de un lenguaje denso y rico, que constituye una auténtica delicia para el lector, mientras desgrana el regreso de un reconocido pintor, Filip Latinovicz, a su Kostanjevec natal. Las deterioradas relaciones con su madre, los recuerdos de una infancia triste llena de humillaciones y la relación que inicia con una extravagante mujer, perturban el retiro de un alma que enseguida se nos descubre como excesivamente sensible.

La causa de ese retiro es la crisis artística que Latinovicz sufre. Una crisis causada por un profundo desencanto fruto de su observación de la ruindad del ser humano, al que la civilización y el progreso cada vez vuelven más mezquino.

Al regresar a Kostanjevec no busca acabar con esa crisis creadora. Al contrario, su abandono de la vida cosmopolita que ha llevado hasta la fecha y su regreso a la paz campestre, son en el fondo una renuncia a toda posibilidad de creación. Profundamente asqueado, quiere que la monotonía y la estulticia de la vida de una zona rural sepulten cualquier atisbo de renacer artístico. Sin embargo, poco a poco irá recuperando el interés por la posibilidad de plasmar los momentos perfectamente plásticos que su entorno le ofrece.

Este argumento, que puede parecer poco interesante, está atravesado por las reflexiones desencantadas del protagonista sobre la vida del hombre occidental, con su pretendida civilización, bajo cuya superficie late un animal depredador y sucio, enemigo hasta de sí mismo. Todo el progreso, todos los refinamientos de los que este animal bípedo se ha rodeado desde el principio de los tiempos y cuya búsqueda le lleva a hacinarse en ciudades malolientes, no hacen sino resaltar lo miserable de su verdadera condición.

No obstante, su huida de la ciudad y su retorno al campo, no hace sino ponerle delante de otra triste realidad: el atraso, la indiferencia, la sordidez que caracterizan la vida rural donde el hombre tampoco es bueno. Si carece de los vicios propios del hombre refinado de la urbe, es porque a cambio lleva siglos desarrollando otros tipos de mezquindad: la codicia, la envidia, la maledicencia y el servilismo más rastrero.

Junto a estos dos elementos, y en oposición a ambos, introduce Krleža un tercero en discordia: la Naturaleza. La Naturaleza intuida como una fuerza primigenia, eterna, hermosa, poderosa. Pero siempre indiferente ante el hombre, ese ser patético y molesto, independientemente de si elige hacer su vida en una ciudad, entre el hollín que el mismo arroja, o inclinado sobre una tierra de labor.

En la narración del retorno de Filip Latinovicz a Kostanjevec, y a su encuentro con los fantasmas de su niñez desdichada, se entrelazan las historias de los personajes que se reúnen en el salón de su madre, así como las de los extravagantes amigos que forman el círculo de su amante. El lenguaje, rico y extremadamente sensitivo, es un aliciente más en esta novela sorprendente y original.

2 Comentarios

  1. Este libro tiene todas las papeletas para gustarme. Es la segunda reseña elogiosa que leo en poco tiempo de él. No sabía nada de este escritor croata de apellido impronunciable. Me ha sorprendido al ojear su biografía que esta obra se publicó en fecha tan temprana como 1932. Por lo que comentas, sus reflexiones sobre las miserias urbanas (y rurales) suenan a premonitorias y visionarias, especialmente si tenemos en cuenta que todavía no había tenido lugar la Segunda Guerra Mundial, que acabó de destrozar Europa, convaleciente de la Gran Guerra…
    Otra recomendación interesante que espero leer pronto.

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