El solterón – Adalbert Stifter

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El solterón - Adalbert StifterEs siempre un placer reencontrarse con la prosa cristalina, luminosa y sencilla de Adalbert Stifter. En «El solterón» el austriaco plantea una sutil novela de aprendizaje caracterizada con los matices propios del Romanticismo. Aunque la trama de «El solterón» no parece seguir una línea clara, pero embebido en el disfrute del estilo del autor, el lector se va adentrando en la novela, acompañando a su joven protagonista en un viaje que acabará por acercarle a la madurez.

La llave de la madurez para Víctor está en manos de su extraño tío, al que visitará por exigencia de éste antes de incorporarse a su primer empleo. Solitario, el anciano vive aislado, y el término es exacto, ya que vive en lo que fue un antiguo eremitorio situado en una isla bastante inaccesible. Víctor visita a su pariente por obligación y su único deseo es que pase el tiempo estipulado para su estancia, y así incorporarse a una vida activa que él imagina dedicada al trabajo y al estudio.

Pero el tío posee conocimientos que atañen no sólo al pasado del joven, a la relación de sus padres o a su madre adoptiva; sino también, y sobre todo, conocimientos que atañen a su futuro. Un futuro que el anciano ha imaginado de un modo totalmente distinto al soñado por su sobrino. La confrontación entre el joven, lleno de esperanzas y su viejo tío, entregado a odiar un pasado que nadie puede cambiar, surgirá inevitablemente. El pasado es una espina clavada en el corazón del anciano que quien, como Víctor, mira sólo hacia adelante por su corta edad, no puede comprender.

Pero, al enfrentarse, tío y sobrino se acercarán, conscientes ambos del papel que el otro ha de jugar necesariamente en su vida. Los días compartidos en la isla lograrán que, quienes miraban en direcciones opuestas -uno hacia atrás, otro hacia adelante-, terminen mirando hacia el mismo lugar.

Es en la capacidad que Stifter demuestra para retratar juventud y senectud como opuestas y complementarias a un tiempo, donde radica la esencia de «El solterón». De una manera sutil logra plasmar que si bien el empuje necesita de la experiencia, la inocencia es un buen antídoto contra el descreimiento. Así, Víctor conocerá de boca de su tío verdades fundamentales que éste ha aprendido a costa de grandes errores; pero el anciano comprenderá que la juventud es una planta tierna, que un jardinero experimentado debe cuidar para que no se malogre: esa es la misión de la vejez.

De este modo, tío y sobrino, enfocarán su mirada sobre un mismo punto: el futuro del muchacho. En ambos casos es ley de vida: para Víctor es aún temprano para mirar hacia atrás, mientras el anciano ha descubierto que, por su edad, debe ya sólo dedicarse a cuidar los brotes de la higuera, como una forma de asegurar la permanencia de su recuerdo en este mundo.

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