El piloto ciego – Giovanni Papini

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El piloto ciego - Giovanni PapiniGiovanni Papini es bien conocido por su magnífica novela Gog, monumento cuasi-surrealista y sarcástico. No obstante, escribió muchas otras obras, entre ellas esta temprana colección de relatos que ya prefiguran al escritor corrosivo y mordaz que el italiano acabaría por ser.

Los relatos de El piloto ciego entroncan con la tradición fantástica más canónica: Hoffmann, Maupassant, Poe… No obstante, Papini se concentra más bien en los aspectos psicológicos de lo fantástico, como puedan ser el desconcierto, la duda o el terror.

Son éstos cuentos escépticos, con un punto surrealista que juega con el lector y, por supuesto, con los personajes; cuentos que coquetean con el absurdo y con el escepticismo más socarrón. Papini era un hombre apegado a la realidad y consciente de los cambios que se producían en su tiempo, por lo que determinadas ideas o teorías filosóficas se dejan entrever también en algunos de los relatos.

Así, por ejemplo, el texto que cierra el volumen, “453 cartas de amor”, es un alegato entre materialista y nihilista, un recuento de historias sentimentales que, lejos de conformar una pasión verdadera, sólo sirven al narrador como refrendo de su pasado y testigos de su antigua relación con una mujer. Es un texto muy breve, pero demoledor en su concepción, con una voz narrativa elusiva y mecánica que sorprende por su inhumanidad.

Aunque algunos relatos se pueden encuadrar dentro del más genuino género fantástico, Giovanni Papini siempre se las ingenia para que entre líneas asomen otras muchas cuestiones (algo que, por otra parte, es característico de la buena literatura fantástica); es el caso de “El día no devuelto” o “Dos imágenes en un estanque”. En el primero de ellos aparece el tema del pacto con el diablo y el ansia por la eterna juventud; incluso, de manera tangencial, el del vampirismo. Pero también podemos encontrar, gracias a la sutil y bella prosa del italiano, un canto a la fugacidad de la vida, una añoranza por las ilusiones perdidas en la juventud y un pesar infinito por la soledad inherente a nuestra existencia. En el segundo relato asoma el tema del doble (con un tratamiento muy a la manera de Borges —admirador de Papini, por cierto—), ya que el narrador se encuentra con su «yo» de unos años atrás al regresar a su ciudad natal; ambas personalidades conviven durante unos días, pero el narrador pronto abomina de su «yo» anterior, al que considera pretencioso, ingenuo y ridículo. El final, terrible, no hace sino confirmar que el texto de Papini nos pone frente a nuestra personalidad, siempre mutable, y a la necesidad de conocernos a nosotros mismos para entender nuestra permanente evolución.

Similares circunstancias se dan también en otros cuentos, como por ejemplo “Historia completamente absurda” (en el que un hombre descubre que toda su vida está contenida en un libro escrito por un desconocido), “¿Quién eres?” (relato en el cual al narrador parecen olvidarle de repente todos sus conocidos, como si jamás hubiese existido) o “Los mudos” (donde asistimos a la revelación, por parte de un supuesto mesías, de la verdad absoluta que nadie, sin embargo, puede transmitir o comunicar).

En El piloto ciego también hay algunos textos que tienden más hacia la prosa poética, hacia la reflexión o el lamento casi metafísico, como son “El reloj detenido a las siete” o “Más deprisa”. Son cantos a la muerte, a la soledad o a la angustia que se apoderan de cualquiera al afrontar lo inconmensurable del universo. Escritos con una elegancia exquisita, son estos los relatos más bellos del volumen, aunque también los más solipsistas y oscuros.

El piloto ciego es un libro lleno de facetas y de múltiples registros, aunque su leitmotiv esté bien claro. La escritura de Papini se empapa de la tradición para dar una vuelta de tuerca a motivos y temas, creando así un conjunto de relatos de asombrosa factura. Una lectura inquieta, profunda y hermosa.

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