Elogio de la cortesía – Eustaquio Barjau

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Elogio de la cortesía - Eustaquio BarjauPuede que “Elogio de la cortesía” no sea un libro interesante como lectura; puede que incluso haya quien lo considere superfluo, sobre todo en esta página, que se dedica en gran parte a la crítica literaria. Y, sin embargo, quizá sea un libro necesario hoy día, cuando la cortesía y la educación no están considerados como valores indispensables.

Eustaquio Barjau ofrece un pequeño ensayo acerca de los signos y reglas que marcan las relaciones entre individuos y reflexiona acerca del porqué de su evolución y desarrollo. Hay que apuntar que el estudio peca de desordenado, pues las ideas de Barjau son plasmadas con cierta libertad y el conjunto da la sensación de carecer de cohesión; algunas ideas se repiten, otras aparecen diseminadas entre las diferentes secciones cuando más valdría haberlas unido bajo un epígrafe común, y otras cuantas indecisiones estructurales. No obstante, el meollo de la cuestión se centra en la cortesía y su función dentro de la sociedad humana, y en eso radica la importancia y la pertinencia del texto.

El autor empieza por incidir en el aspecto social de la cortesía: ésta no puede darse sino en el seno de un grupo de personas; de las motivaciones de la formación de ese grupo surgirán las relaciones (y, por tanto, también las dependencias) entre los miembros del mismo. Esas relaciones pueden ser horizontales, si se dan entre personas con similares características que no están condicionadas por su conexión, o verticales, que entrañan una diferencia en el grado de confianza y subordinación. Es en éstas últimas en las que se centra Barjau, ya que son las que muestran mayor variedad: relaciones entre subordinados, pacientes, alumnos o sirvientes, sirven para mostrar los distintos grados que puede alcanzar la cortesía, según la voluntad de los implicados en ese trato sea mayor o menor.

Es interesante, por ejemplo, una de las deducciones a las que el autor llega: la necesidad de crear una ficción de buenas maneras dentro de algunas relaciones (especialmente en las que comportan sumisión: empleados, servidumbre), con el objeto de «engrasar» los nexos entre los integrantes de los grupos, que serían en exceso tirantes —por desiguales— en caso de que no se utilizase la cortesía para suavizarlos. Asimismo, las relaciones horizontales precisan también de un mínimo de cortesía, ya que la constante interacción entre personas provoca, en ocasiones, la invasión de nuestro espacio físico (lo que Barjau llama la «burbuja»).

Esa intromisión en el espacio también puede darse de una forma más abstracta, y es ésta la conclusión más acertada y necesaria del libro. Las relaciones corteses propician el mantenimiento de una distancia entre los implicados en una relación: esa ficción facilita la existencia de un espacio de actuación social que es el que genera la posibilidad de la propia relación. Gracias a las buenas maneras (ceder la palabra, no llevar la contraria de forma abrupta, tratar de argumentar con razonamientos claros, etc.) se entabla comunicación con otros, y se llega al entendimiento: la cortesía es, pues, el medio indispensable para que todo el entramado social se mantenga incólume y se desarrolle con normalidad. El individuo, como ser individual —pero necesitado de conexiones—, utilizaría la cortesía como método de protección ante el continuo contacto con los demás, como guarda de su «habitación propia».

La cortesía vendría a tratar de humanizar las relaciones en sociedad mediante una serie de reglas (unas tácitas, otras muy explícitas) que facilitan el contacto entre personas: el uso de esta competencia garantiza la inclusión del individuo en la sociedad y su aceptación. Estos aspectos son usados por el autor para relacionar sus tesis con las competencias lingüísticas e incluso con el pensamiento filosófico, puesto que, al fin y al cabo, no es sino de las relaciones humanas de lo que habla este breve ensayo.

Como apuntaba al comienzo de la reseña, “Elogio de la cortesía” puede ser un librito más necesario de lo que parece, en tanto ilumina aspectos de nuestros comportamientos más cotidianos (y que pasan, por ello, más desapercibidos) que son muy importantes a la hora de tratar con los demás. Y aunque como lectura puede dejar que desear, sus apenas cien páginas pueden deparar momentos muy interesantes.

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