Escenas de la vida bohemia – Henry Murger

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Escenas de la vida bohemia - Henry MurgerReconozco que las primeras páginas del prólogo que Henry Murger escribió para estas Escenas de la vida bohemia me resultaron un tanto recargadas: demasiadas florituras verbales para lo que el libro prometía ser. Sin embargo, el corazón que constituyen las escenas en sí cambió por completo de tono, y he acabado por sorprenderme a mí mismo riendo ante el acusado sentido del humor (pleno de sarcasmo) del autor al retratar las penalidades de cuatro jóvenes bohemios del París de mediados del XIX. Artistas fruto de esa época concreta, pero muy actuales en según qué aspectos.

Murger publicó estas piezas por entregas en el periódico Le Corsaire, por lo cual el conjunto tiene una continuidad temporal y una estructura homogénea. Los protagonistas, Rodolphe, Marcel, Schaunard y Colline, aparecen y desaparecen a lo largo del libro, pero se mantienen constantes en sus empeños y, sobre todo, en sus frustraciones: conscientes de su valía como artistas (y parecen ser los únicos conscientes de ello, pues el autor se encarga de ridiculizarlos en cada página), asisten desconsolados a los reveses que su vida cotidiana les asesta una y otra vez. Sin dinero, sin trabajo y casi sin hogar, todos ellos se dedican al trapicheo, pero con más picardía que avaricia: de hecho, todas las escenas del libro son hilarantes en extremo, y es rara la pieza en la que no se escapa una carcajada al asistir a las tribulaciones de los personajes.

El autor trató con estas escenas de desmitificar el mito que había supuesto el movimiento de la bohemia en el París de mediados del XIX, admirado por los jóvenes aspirantes a artistas que idolatraban el ideal de convertirse en referentes culturales: la vida cruel que muchos de ellos llevaron sirvió como modelo para otra legión de advenedizos que, ignorando las evidentes dificultades que entrañaba el proceso de convertirse en creador, imitó las peores costumbres de aquéllos y provocó que muchos terminaran muriendo por falta de medios. Murger retrata con crueldad esa existencia miserable y a ratos mezquina, pero abordando su proyecto con humor; y hoy, mucho tiempo después, ese humor es justo el elemento que convierte Escenas de la vida bohemia en una obra de arte con mayúsculas.

Y es que no sólo se trata de carcajearse a conciencia (aunque durante la lectura se haga, y mucho), sino de comprender las motivaciones evanescentes que llevaron a docenas de seres a afrontar penalidades casi inhumanas, con la esperanza de ver sus nombres inscritos en los panteones de sus respectivas artes. Schaunard, por ejemplo, el músico de este particular grupo, se considera un compositor excepcional, pero debe aceptar encargos tan esperpénticos como tocar la misma escala una y otra vez para matar de aburrimiento a un loro y a su molesta dueña (en ‘Las tres Gracias ante el espejo’); el poeta Rodolphe debe ingeniar bellas composiciones que sirvan como epitafios; Marcel, aspirante a pintor, pule durante años su obra maestra, El paso del Mar Rojo, que termina convertida en rótulo comercial en una abacería. Incluso la desgracia personal asoma en algunas escenas: se encarna, por ejemplo, en Mimi, amante de Rodolphe durante un tiempo, pero al que abandona en pos del lujo y el dinero; sin embargo, su profundo amor por el bohemio conseguirá hacerla regresar, aunque caerá en desgracia por la falta de medios y acabará muriendo en un hospital, abandonada por sus conocidos y sin que Rodolphe pueda lograr salvarla.

Todas las aspiraciones de los bohemios quedan en un segundo plano ante la desesperada situación de su día a día. Sin embargo, la lucha casi diaria por conseguir algo de dinero con el que pagarse comida y cama se convierte, merced a la pluma de Murger, en una aventura desopilante: a la pregunta de qué se puede almorzar que Schaunard le plantea a Marcel, éste le responde: «¿Desde cuándo se almuerza dos días seguidos?». Un enunciado que condensa en sus pocas palabras la filosofía que esos jóvenes predican con su modo de vivir: los contratiempos cotidianos no son nada frente a la gloria artística. El afán por conseguir sus objetivos, aunque implícitamente despreciado por el autor, no deja de ser loable; su manera de afrontar la precariedad en la que se encuentran muestra a las claras el espíritu vitalista que guiaba sus vidas, más allá de cualquier dificultad.

El libro, en suma, es un bellísimo canto a la vida, a la libertad espiritual y al tesón artístico, si bien se disfraza de crítica revestida de feroz sentido del humor. El lector podrá disfrutar de pasajes muy divertidos y otros muy patéticos, pero todos profundamente humanos. Quizás ésa es la característica más notable de Escenas de la vida bohemia; lo que convierte a esta obra, por encima de sus muchas otras cualidades, en un libro recomendable como pocos.

6 Comentarios

  1. Acabo de conseguir una bella edicion de 1899 -de Alejandro Martinez ,Editor -, que procedere a leer en el menor tiempo posible,motivado en parte por su interesante reseña y el comentario de Agostina” es mi libro favorito”.Y tratare que mi hija Alice tambien se lo lea,para que le sirva de guia e inspiracion en su proximo viaje al misterioso Paris.Saludos.

  2. Es mi libro preferido.
    Indudablemente, como bien lo definís, una obra de arte.
    Necesario en la biblioteca de un amante del arte, y de la ciudad más linda del mundo, París.

  3. hola, la verdad es que no tengo muchos conocimientos sobre este movimiento, recién lo estoy estudiando y me gustaría saber mas a fondo como es la vida de un bohemio, ¿creen que este libro me pueda servir como un manual para estudiar la vida de tales personas?

  4. Hola pues me gustaria conseguir este libro se me hace muy interesante y mas para mi que soy Bohemía; bueno la reseña que tu me dejas del libro me hizó interesarme mas por el mismo… para concluir solamente te dejo mis saludos Adios

  5. Me ha interesado, desde que leí las “escenas de las vida bohemia”, qué tanto hay de verdad y qué tanto de novela en la vida de H. Murger. El tema de la “bohemia” por haberla vivido un grupo de poetas de mi región, más de cien años después, y que quedaron marcados por ello. Una apasionada curiosidad y fidelidad por y con la literatura francesa, hizo que el título y el nombre de que tratamos accediera a la iconografía personal. De verdad, al comienzo de la obra hay cierto desconcierto y desilusión, porque cierta simplicidad que parece laxitud de estilo y de asunto, lleva a apreciarla más abajo del nivel de las expectativas.Pero es esas soterradas y con frecuencia explícitas ironías y burlas de sí mismo y de su mundo, del día a día entre la ilusión de un cielo idealista y las quisicosas amargas del infierno cotidiano, lo que rebasa la circunscripción a una época aparentemente superada y a situaciones que parecen anacrónicas porque son vistas con ópticas “posmodernas” o porque su tratamiento o solución nada tienen que ver con lo “artístico”. Esto daria para un ensayo.
    lo cierto es que tengo, aquí, a mano, “Elena”, de E.Murger, Editorial Calomino, La Plata, 1944 y trato de buscar qué lugar ocupa esta novela en la bibliografía del escritor francés.
    No sé si esta vez, lograré hacer llegar este comentario, pero el enfoque, me pareció estupendo y muy similar a mis aperciaciones que hice cuando mi lectura.

  6. Jules Vallès fue uno de los mayores críticos de Murger, al que acusaba de embellecer la vida dura y sin objetivos de los bohemios, de colocar ante los jóvenes franceses y, sobre todo parisinos, el cebo que picaron varias generaciones, a las que a la postre arruinaría física y moralmente. Feliz 2008, con bohemia o sin ella.

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