Estrella roja – Alexander Bogdánov

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1790

Casi una década antes de que la Revolución de Octubre diera lugar al primer estado comunista de la historia, Alexander Bogdánov escribió Estrella roja, una novela utópica en la que se recoge cómo sería la existencia en una sociedad en la que las ideas socialistas hubieran sido llevadas a cabo.

Esa sociedad, sin embargo, la sitúa Bogdánov en Marte, el planeta rojo; pero en ello no hay que ver únicamente un guiño al color de la bandera revolucionaria, sino también una necesaria toma de distancia, imprescindible para describir ese nuevo mundo ideológico desde la perspectiva de alguien totalmente ajeno a él.

Leonid, el protagonista de Estrella roja, será por tanto un terrícola ruso; un hombre que trabaja por el triunfo de la revolución y que, precisamente por sus ideas, ha sido elegido por los marcianos para que conozca su mundo. Un mundo, el marciano, que en el pasado sufrió los mismas problemas y tensiones que las sociedades del planeta Tierra, pero que, gracias a una revolución pacífica, abandonó las premisas del capitalismo y trabajó en la consecución de una sociedad más justa y más feliz.

Así pues, la narración de Estrella roja recoge fundamentalmente las impresiones de Leonid acerca del modo de vida marciano: sus casas, ciudades, vehículos, relaciones sociales o descubrimientos en ciencia y tecnología; aunque se ocupa fundamentalmente de los medios de producción y de las formas de trabajo. En esta utopía Bogdánov magnifica ese maquinismo que sería después tan del gusto soviético: enormes factorías donde millares de obreros manejan impresionantes máquinas dedicadas a la producción intensiva. Sin embargo, esos obreros han logrado, gracias a la tecnificación, un considerable aumento de la calidad de vida y un descenso de las horas de jornada laboral.

Sorprende la capacidad de Alexander Bogdánov para adelantarse a su tiempo, al introducir en su relato elementos que hoy son una realidad, pero que a principios del siglo XX apenas comenzaban a estudiarse, como la antimateria, la radioactividad o el uso de la energía nuclear. A pesar de ello, Estrella roja no es una novela de ficción científica al uso, pues se ocupa más bien de ficcionar sobre el modo de organizarse de una sociedad; y en ese sentido, los avances técnicos se describen precisamente como fruto propio de la particular ordenación de esa sociedad.

En otra cosa se adelantó Bogdánov a su tiempo, al incluir como línea argumental en la novela los problemas derivados del fin de los recursos naturales y del exceso de población con el que se enfrentan en Marte. La resolución de estos problemas provoca un dilema entre los líderes del planeta: ¿tienen derecho a invadir otros planetas ricos en aquellos recursos que necesitan para mantener su modo de vida y producción y privar a quienes lo habitan de esa riqueza, aun cuando no esté siendo explotada?

La respuesta a esta cuestión se puede encontrar de alguna manera en el excelente prólogo de la edición de Nevski Prospects, a cargo de Edmund Griffiths, de la Universidad de Oxford. Griffiths habla del género de la novela utópica como aquel que se atreve a imaginarse un mundo mejor, en el que los seres humanos (o en este caso, los marcianos) intentan que prevalezca la justicia y la bondad. Ese género, idealista y soñador, ha sido desbancado en los últimos tiempos por la distopía: ya sólo podemos imaginar el futuro bajo la forma de algún cataclismo que lo arrasará todo. Pero en el momento en que Alexander Bogdánov escribía Estrella roja, el optimismo aún era capaz de imaginar un futuro lleno de promesas.

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