Extinción – David Foster Wallace

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Extinción - David Foster Wallace“Extinción” no es el mejor libro de David Foster Wallace: vaya eso por delante. Sin embargo, uno no puede por menos que pensar en la inane concepción de la narrativa como arte que predomina en nuestros días (y sobre todo en España) y aceptar que el norteamericano tiene a su favor el buscar caminos de expresión que ahonden un poco más en eso que llamamos Literatura. En algunos relatos, esa búsqueda tiene un final feliz, aunque en otros libros suyos, como “Entrevistas breves con hombres repulsivos” o “La niña del pelo raro”, lo consiga con mayor facilidad que en esta última obra.

“Extinción” se compone de ocho relatos, algunos de ellos de una extensión considerable. El estilo de Wallace mantiene una auténtica fidelidad a lo que ha venido siendo en los últimos años: narrador en primera persona que suele contar una historia a un público desconocido y oscila entre una expresión coloquial —repleta de giros vulgares o propios de la narración oral— y una académica —rebosante de términos lingüísticos propios de determinados campos del saber, según el relato toque algunos temas—, casi siempre con rasgos narrativos muy particulares y marcados (comillas, notas a pie, giros dialectales); las tramas suelen ser poco lineales y carecer de una estructura narrativa clásica, al menos en cuanto a acción se refiere.

El relato que abre el libro, ‘Señor Blandito’ puede servir como claro arquetipo de la narrativa de Foster Wallace: un monitor de grupos de discusión encargados de testar nuevos productos antes de su salida al mercado se sume en sus propios pensamientos mientras asesora a varias personas que han de valorar una barrita de chocolate a punto de comercializarse. La mente del monitor nos lleva a una multitud de puntos en su cronología vital: desde su infancia hasta su actual situación en la empresa. El narrador (en primera persona, por supuesto) carece por completo de importancia (se supone, según confiesa en un aparte del relato, que es uno de los hombres pertenecientes al grupo de discusión); de hecho, pese a comportarse como un personaje objetivo, resulta ser un narrador omnisciente, que puede adentrarse (y así lo hace) en la mente no sólo del monitor, sino de su superior o de sus colegas.

‘Otro pionero’ es uno de los dos mejores relatos del volumen. De nuevo recurriendo a un particular narrador heterodiegético (es decir, ajeno a la historia), el autor nos sumerge en una recreación de un tema tan manido como es el de la peligrosidad de la verdad, el riesgo que siempre corre el mensajero. Y es éste uno de los puntos más interesantes de la obra de Wallace: la coexistencia en sus escritos de un fondo argumental con interés, que toca cuestiones punzantes y humanas (y de manera casi siempre inteligente, desde una perspectiva poco usual), con un estilo —forma— vanguardista (posmoderno, como siempre le han denominado, aunque a estas alturas parece que incluso esa etiqueta se ha quedado obsoleta) y arriesgado, en constante estado de evolución. Bien es verdad que esto parece entrar en contradicción con lo que he comentado arriba, el tono uniforme que se puede encontrar en sus obras; no obstante, ese tono que es característico de Wallace es susceptible de adaptarse a las necesidades de la obra, si bien a un nivel más interno.

Prueba de ello es ‘El neón de siempre’, una maravilla de relato que disecciona la incapacidad de adaptación al mundo de un joven yuppie triunfador. De nuevo la narración en primera persona entra en escena, pero la perspectiva es brillante; en un juego estructural que podría ser de mise en abyme —si no fuera porque el narrador siempre se mantiene fiel a la historia que cuenta—, el protagonista va revelando «capas» de la historia hasta referirse al mismísimo escritor, en un alarde unamuniano de aceptación como personaje. Es difícil resumir en pocas palabras el logro de Foster Wallace con un relato como éste, aunque no creo errar si digo que es una de sus mejores obras cortas.

También muy interesante, aunque quizá más predecible en cuanto al argumento (si es que tiene sentido hablar de argumento cuando uno habla de los relatos de Wallace), es ‘El canal del sufrimiento’, donde se dan cita la ambición profesional, la deshumanización de los medios de comunicación y el problema de la «autenticidad» en la creación artística. El resto de cuentos incluidos en “Extinción” no están tan logrados como los aquí citados, y por eso parece que el volumen está por debajo de alguna otra creación suya, como “La niña del pelo raro”, en el cual todos los relatos tenían un sabor especial.

Con todo y con eso, “Extinción” tiene momentos literarios impresionantes, que abren perspectivas narrativas valerosas (aun cuando no sean totalmente nuevas) y que hacen que Foster Wallace se haya convertido (esperando a lo que pueda dar de sí —que mucho me temo que no será ya demasiado— en el futuro) en un referente indiscutible dentro de la literatura actual.

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