Fábulas feroces – Ambrose Bierce

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Fábulas feroces - Ambrose BierceHablando sobre Ambrose Bierce en alguna otra reseña hemos mencionado su acendrado sentido del humor pesimista, su agria visión de la sociedad y de los hombres. Si en sus relatos estas características están muy presentes, en esta recopilación de piezas breves agrupadas bajo un estilo común —el de la fábula— es aún más notoria su capacidad para la sátira; las fábulas, por sus cualidades, son un medio propicio para que el autor dé rienda suelta a su visión cruel, pero muy real, de sus conciudadanos, su época y sus instituciones. Todo ello manteniendo siempre un sentido del humor feroz, casi destructivo, pero que no por ello deja de arrancar sonrisas al lector que se adentre en estos textos.

Fábulas feroces reúne docenas de piezas breves que, en su momento, se publicaron en diferentes colecciones y que constituyen un corpus interesante para observar la forma en que Bierce aborda la interpretación del universo que le rodea. Las fábulas se adecuan a la concepción clásica del género: tenemos planteamientos breves, personajes arquetípicos, incluso animales que hacen las veces de virtudes o defectos; de hecho, el autor va un poco más allá y juega con la aparición de elementos intangibles, como una Nación, una Organización, una Posición política, etc. Gracias a ello, Bierce retrata con sañuda verosimilitud una realidad que se ve tremendamente deformada en estos textos, pero que mantiene todas sus características intactas.

A pesar del paso del tiempo, casi todas estas piezas mantienen fresca su vitalidad y pertinencia. El escritor arremete, sobre todo, contra una sociedad tolerante con la hipocresía, con la corrupción y con la venalidad; la burocracia y la política salen especialmente malparadas de estas fábulas, ya que Ambrose Bierce fue siempre un descreído respecto al papel que podían jugar en la vida pública. No obstante, también hay espacio para los vicios más mundanos: la envidia, la crueldad, la soberbia, los celos… Todo mostrado siempre con un humor negro y cáustico, algo desesperanzado, que trasluce una resignación total ante la ineptitud de las personas para vivir de una forma digna.

En lo estilístico hay que reconocer que el autor maneja la pieza breve con una maestría digna de todos los elogios. No hay palabras superfluas: todo está al servicio del impacto que la sátira provocará en el lector, sin adornos ni elementos superficiales. La ironía de Bierce es tan afilada que en pocas frases puede llegar a causar un efecto demoledor. De hecho, su visión sarcástica es tan honda que, en algunos momentos, el lector puede pensar que él mismo es el objeto de burla; las fábulas apuntan al corazón humano, y el autor no es ajeno (todo lo contrario: es muy consciente) al hecho de que una persona es la destinataria de los relatos. Bierce se ríe de políticos y soldados, pero también de sí mismo; y, por supuesto, del lector. Quizá por ello sus textos siguen resultando frescos y vigorosos.

Como único demérito cabe señalar el que la acumulación de textos resta contundencia al conjunto; hay más de doscientas fábulas recogidas en el libro, y lo cierto es que hacia la mitad de la lectura, la agudeza y la ironía empiezan a resentirse. Quizá leídas de una forma más relajada y en periodos discontinuos, estas piezas tengan un efecto mucho más poderoso.
Con todo, Fábulas feroces es un libro estupendo para enfrentarse a un mundo que, lejos de mejorar con el tiempo, parece reincidir en sus errores una y otra vez. Ambrose Bierce lo sabía bien; tal vez por ese motivo desapareció sin dejar rastro.

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