Fabulosos monos marinos – Óscar Gual

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Fabulosos monos marinos - Óscar GualCuando hablamos de Cut and Roll dijimos que, si bien Óscar Gual introducía un punto de frescura muy novedoso (y necesario) dentro del panorama de la literatura española actual, pecaba de una cierta falta de originalidad, anclado como parecía estar en ciertos modelos narrativos anglosajones (estadounidenses, sobre todo). Un detalle quizá no demasiado importante, pero que uno considera crucial para que la narrativa evolucione y cobre una entidad digna, que permita a los autores desengancharse de clichés y de temas manidos.

No estoy seguro de si Fabulosos monos marinos cumple con estos deseos y abre una nueva vía en el siempre amplio campo de la novela, pero sí creo que este libro es más arriesgado que el anterior, que se esfuerza por bucear en las posibilidades que ofrece la escritura y que plantea estrategias formales que permiten augurar un buen futuro a su autor. En esta ocasión no hay tantos referentes explícitos ni estilos prestados: Gual construye un texto sólido, con personajes muy interesantes y bien estructurados, y con un desarrollo narrativo que, aunque fragmentario, mantiene una unidad temática y textual reseñable. No busquen nocillas o experimentos similares: lo que el autor parece buscar es la puesta en escena de un escenario fantástico (una imaginaria ciudad, Sierpe) para que sirva de marco a las desventuras de unos protagonistas a veces esperpénticos, a veces arquetípicos, a veces desquiciados, pero siempre humanos, muy humanos.

Quizá este punto sea digno de mención. La propuesta de Óscar Gual es moderna y fresca, pero se centra en contar historias a través de personajes; algo tan simple, tan obvio, muchas veces se olvida en favor de «proezas» estilísticas que pueden quedar muy bien en las páginas de marketing… perdón, de crítica literaria en alguna revista, pero que en realidad no aportan absolutamente nada al concepto de literatura. Gual narra historias con humor, con soltura y con un sentido del ritmo más que apreciable; todas estas características no están reñidas con una visión perspicaz acerca de lo que le (nos) rodea y que se vuelcan en Fabulosos monos marinos en la forma de esas vidas de ficción que se cruzan una y otra vez. Los personajes del libro nos ofrecen un muestrario de sentimientos humanos tan antiguos como el propio hombre, pero pasados por el tamiz de una mirada fresca, audaz y sarcástica. Basta leer el episodio en el que el espíritu de la Transición hace acto de presencia para entender que esta novela no es sólo fachada, sino algo mucho mayor.

Además, ese sentido del ritmo del autor hace que el libro, pese a estar dividido en fragmentos y presentar una gran cantidad de protagonistas, tenga una coherencia interna que proporciona una experiencia lectora gratificante. Lejos de apoyarse en los simples recursos formales (referencias metaliterarias, excursos, personajes extravagantes, citas, etc.), Gual apuesta por una literatura que no esquiva los grandes temas (perdón por el tópico) de la condición humana, sino que los aborda con ojos del siglo XXI. Es cierto que pueden achacársele algunos fallos, como puede ser la ya comentada recurrencia de algunos estilos y voces foráneos, pero creo que son detalles que se pasan por alto sin esfuerzo.

Fabulosos monos marinos es una propuesta que no considero arriesgada, sino necesaria. Si a esto le sumamos el hecho de que la novela es divertida, inteligente y muy irónica, tenemos un texto que merece la pena leer, que nos brinda la posibilidad de atisbar en lo que debería ser la literatura de verdad, la que se compromete tanto con el hombre como con el arte. Seguro que Gual nos depara todavía algunas grandes alegrías.

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2 Comentarios

  1. Me gustó, es inquietante y en ocasiones desternillante, muy recomendable. Pero no tiene absolutamente nada que ver con Vilas, si acaso la editorial DVD, y tampoco entiendo lo del amateurismo plebeyo…

  2. Ni siquiera pude terminarla. Absolutamente espantosa. La propuesta de Gual ya la hemos encontrado antes en la obra última de Manuel Vilas, pero la gracia e inteligencia del zaragozano se columpian olímpicamente muy por encima de la insulsez y amateurismo plebeyo de Gual. Un despropósito de cabo a rabo,un quiero y no puedo, un batiburrillo de técnicas postmodernas y post-postmodernas sin digestión, ni sentido ni significado que dote de unidad (y ya no hablemos de trascendencia alguna) a forma y su contenido. Una bobada, pero sobre todo, y lo que es peor, un tostón.

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