Intimidades congeladas – Eva Illouz

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Intimidades congeladas - Eva IllouzEva Illouz trata, en “Intimidades congeladas”, de definir el papel de las emociones en la sociedad capitalista que se ha venido formando desde principios del siglo XX hasta nuestros días. La autora trata de situar la emoción en el campo de la sociología para poder estudiarla con rigor; como ella misma dice: «La emoción no es acción per se, sino que es la energía interna que nos impulsa a un acto […]. La emoción, entonces, puede definirse como el aspecto “cargado de energía” de la acción […]. Lejos de ser presociales o preculturales, las emociones son significados culturales y relaciones sociales fusionados de manera inseparable.»

Para conseguir su objetivo, Illouz divide el libro en tres apartados, referentes a ciertos puntos concretos. En el primero se centra en exponer el auge del psicoanálisis a comienzos del siglo XX, hecho que revolucionó la concepción social de la psique humana y que abrió las puertas a la implantación de terapias psicológicas en terrenos como el empresarial. Lo que la autora llama homo sentimentalis no es sino el fruto de la implantación del psicoanálisis en nuestra vida cotidiana; con un propósito terapéutico al principio, pero con objetivos mucho más materiales y económicos después. La utilización de tests psicológicos de evaluación para nuevos empleados, o de terapias emocionales para mejorar la disciplina y la productividad, se convirtió en algo común. Todo ello contribuyó a ensalzar la imagen del psicoanálisis entre la población y difundió una cierta racionalización del yo: es decir, se situó el yo privado, íntimo, en un primer plano social y público; se intelectualizaron las emociones para promover una comunicación sobre los propios sentimientos, valores y objetivos. Las emociones se empezaron a considerar objetos independientes que podían ser evaluados y controlados por las personas.

En el segundo apartado del libro, la autora expone el concepto de capital emocional: la utilización de las emociones como forma de generar dinero, poder o estatus. Como ejemplo, Illouz utiliza el concepto de «inteligencia emocional», acuñado a finales del siglo XX por Daniel Goleman, y que contribuyó a la generación de estudios que probaban que personas competentes emocionalmente rendían mejor (producían más) en sus trabajos que otras igual de preparadas, pero peor dotadas en cuanto a capacidad emocional. La autora advierte acerca de la evidente tautología que suponen los libros de autoayuda —y, por extensión, muchas terapias psicológicas—; se definen estados saludables que marcan una pauta estricta y que invalidan cualquier otro comportamiento: todos los estados que no se ajustan a ese ideal son considerados, por definición, problemáticos y necesitados de tratamiento. Si, tal y como se explica en el libro, las desviaciones psicológicas cada vez se amplían más, las posibilidades de encuadrarse en una de esas categorías aumentan sin cesar, llegando al absurdo de que una mayoría de población pueda ser considerada psicológicamente inestable.

En el tercer y último apartado, Illouz estudia el fenómeno de Internet y las diferentes formas de socialización que ha generado; en concreto, pone especial atención en las redes de citas. En pocas palabras, se puede decir que la socialización de nuestros yo íntimos ha provocado una disolución de las formas tradicionales de amor: mientras que antes primaba lo íntimo en la formación del sentimiento amoroso (las parejas debían conocerse para ir descubriendo, poco a poco, aspectos privados del otro), ahora las tornas han cambiado y las relaciones se inician con un conocimiento casi total de la otra persona; un conocimiento gradual e intuitivo pasa a ser integral y premeditado. De esta forma, nuestras relaciones emocionales se convierten en ponderadas transacciones comerciales, convirtiendo el sentimiento en una moneda de cambio más: la emoción convertida en un bien.

Illouz concluye con una reflexión muy acertada: esta mercantilización de las emociones nos ha convertido en lo que ella denomina «tontos hiperracionales», personas incapaces de seguir sus instintos y que dan primacía a la rentabilidad de sus pasiones. Pocas conclusiones habrá tan acertadas.

2 Comentarios

  1. Interesante y profundo análisis sociológico el que se plantea aquí la autora. Tendré que conseguirlo. Estoy seguro que me servirá sobremanera en mi clase de filosofía y ética.

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