Kanikosen. El pesquero – Takiji Kobayashi

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Kanikosen. El Pesquero, de Takiji Kobayashi, fue publicado por primera vez en 1929 y ahora, casi un siglo después, reaparece en las listas de los libros más vendidos. Críticos y reseñistas coinciden en la idea de que, en la precariedad laboral que el neoliberalismo ha desatado, las jóvenes generaciones de trabajadores se sienten identificadas con las vicisitudes de los protagonistas de esta novela.

Kanikosen narra la vida en un cangrejero japonés que faena frente a las costas de la península de Kamchatka. Las durísimas condiciones de vida de los trabajadores se describen con un estilo parco que pone de relieve todo el horror de su situación: apaleados, torturados, obligados a trabajar sin descanso, subalimentados, acosados por piojos, pulgas y chinches, desesperados; esos hombres sólo tienen un pasado de hambre y miseria, y su futuro tal vez sea morir en las frías aguas del mar de Ojotsk.

El acierto de Tajiki Kobayashi es convertir a todos los trabajadores del barco en un solo personaje. No importa si un trabajador viene del campo, otro de una fábrica y el tercero de una mina, porque su experiencia es común: jornadas agotadoras, sueldos exiguos, malos tratos y accidentes mortales. Y ese pasado común, que el autor retrata con crudeza cuando da voz a alguno de ellos que narra sus experiencias, aboca a una misma conciencia: la de que hay quien se enriquece a costa del sudor y la sangre de hombres a los que nadie trata como a tales.

Al principio, ese hombre de cuatrocientas caras (tantas como obreros, pescadores y marineros trabajan en el buque factoría) da por sentado que ésa es la vida que le corresponde: vivir miserablemente para que otros puedan hacerlo de forma opulenta. Comprende que no hay justicia en esa realidad, pero ante las duras condiciones de su día a día solo exclama «¡Mierda!». Sin embargo, las condiciones de trabajo empeoran día a día y, como una bestia acosada, los trabajadores del barco se ven obligados a reaccionar.

La ley del terror que gobierna el barco deja de surtir efecto cuando la muerte se convierte en algo deseable, en comparación con la dureza de cada día. Así, el miedo dejará paso a la indignación y ésta a la conciencia de la propia fuerza. ¿Qué pueden el capitán, el representante de la compañía y el patrón de los obreros contra cuatrocientos hombres desesperados? La clave está en la unión, en convertirse en un sólo hombre en la lucha, como lo fueron en la desesperación.

El soberbio planteamiento del libro recoge esa gradación paulatina que convierte a cuatrocientas bestias de carga en cuatrocientos hombres decididos a conquistar una nueva dignidad. La narración sencilla, pero llena de imágenes sugerentes, convierte la lectura en un verdadero placer y acentúa el interés con el que se siguen los avatares de los trabajadores del Hakko Maru.

Takiji Kobayashi murió asesinado por la policía cuatro años después de la aparición de Kanikosen. El pesquero, como consecuencia de sus actividades subversivas en favor del proletariado. Pero los trabajadores del siglo XXI se siguen reconociendo en sus personajes, porque la voracidad del capitalismo devora cada día un pedacito de los derechos que se conquistaron durante años de lucha. Cada paso atrás que los trabajadores damos, cada derecho que perdemos y cada mejora por la que no luchamos, es una traición a la memoria de quienes, como Kobayashi, dieron la vida por nosotros. Por eso no debe bastar con reconocerse en los trabajadores de este pesquero: hay que emularlos.

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9 Comentarios

  1. Sin meternos en cuestiones de otro tipo, solo de libros

    » estilo parco »
    «La narración sencilla, pero llena de imágenes sugerentes..»

    Deben ser sinónimos de literariamente muy flojo.

    • Guillermo,

      para nada debe pensarse que la descripción que se hace del estilo literario de «Kanikosen» enmascara un estilo flojo. (Cualquiera que nos siga sabe que en solodelibros si un libro nos parece flojo, lo decimos sin ambages).

      Por el contrario me parece que el estilo escueto casa absolutamente con la historia trágica que se narra. Y considero que esa sobriedad en el narrar se compensa con imágenes muy visuales que dan más color al texto y, en resumen, lo hacen muy atractivo.

      Sin embargo, comprendo que ese estilo pueda decepcionar o no gustar (como es el caso de Miguel). Por el contrario, a mí el libro me parecio bueno a nivel estilístico y de lectura muy necesaria, dada la temática que trata y los tiempos que corren.

      Un saludo.

  2. Adquirí este libro antes de la reseña publicada por la Sra. Castro,lo hice a través de internet y no con cierto resquemor.Aunque el tema me interesaba,mis experiencias con los literatos japoneses,a excepción de Mishima y Kawabata,no han sido muy halagüeñas (de la moda Murakami no puedo opinar porque me resisto a leerlo);a uno de ellos le cabe el honor precisamente de ocupar el primer lugar en mi lista de tostones,me estoy refiriendo al Nobel Kenzaburo Oé y su insufrible «Salto mortal».
    Inicié por tanto su lectura lleno de esperanza,la reseña me animaba a ello.
    A las pocas páginas me dí cuenta que me hallaba,otra vez,ante un nuevo chasco nipón.No me parece un libro que justifique las opiniones de su contraportada,a menos que éstas sean interesadas,su trama no engancha,sus personajes se muestran indefinidos y forman un confuso amasijo de estudiantes,marineros y pescadores (dudo mucho que ésa fuera precisamente la idea preconcebida del autor),se nos explican las situaciones de forma harto chapucera («las olas rugían como leones hambrientos»,»el barco se veía más débil que un conejo»,»el barco saltaba como un caballo»,»el patrón miraba alrededor como un viejo gallo»),toda esta alegoría a la granja familiar se desarrolla en menos de media página y creo, además,que el camino del relato a su climax final ni convence ni anima a su seguimiento.
    Respeto profundamente la trayectoria y vida del autor y la reivindicación final de la reseña,a diferencia de otras opiniones me parece correcta en una sociedad «desclasada» y consumista que,en mi opionión,se encamina a su ocaso,a pesar de que trate permanentemente de reinventarse.Pero,dicho esto,creo que existen mejores ejemplos escritos para cualquier reivindicación,»Las uvas de la ira» a la que se hace mención en su propaganda me parece uno de ellos.
    En fín,y para concluir,a mí me ha pasado todo lo contrario que a The Straits Times:»una vez empezado el libro, estaba deseando dejar de leerlo».Un saludo para todos

  3. La reseña acerca del libro «Kanikosen. El pesquero» es muy interesante y estoy de acuerdo con el comentario del final, debido a que en mi opinión el libro tiene un mensaje simbolico que trasciende a traves del tiempo, el tema tiene aplicación en la actualidad y me parece importante la recomendación del libro.

  4. Amigo Rafa Torres,

    ciertamente, tal vez una reseña no es lugar apropiado para lanzar reivindicaciones. Sin embargo, personalmente me apasiona la literatura que se compromete con la realidad del momento histórico en el que se circunscribe, dejando constancia de ella. Del reflejo que el escritor deja de la realidad que conoce y vive se pueden sacar enseñanzas eternamente.

    Creo que ese es el caso de «Kanikosen. El pesquero». Este libro se hizo para despertar conciencias y dar aliento al movimiento obrero. Ochenta años después sigue cumpliendo su misión, ¿por qué no resaltar ese hecho?

    Al leerlo, no he podido evitar reflexionar sobre las ideas que recoge el último párrafo. Y me parecía necesario dejar constancia de ello, como parte de mi visión particular de este libro. Probablemente resulta poco ordoxo, pero a pesar de ello espero que la recomendación del libro no caiga en saco roto, porque es una lectura que merece la pena desde muchos puntos de vista.

    Un saludo.

  5. Continúan las pequeñas editoriales su carrera ascendente. No podemos dejar de verlas por todas partes. Hasta la Casa del Libro tuvo que cederle una de sus Mesas de Novedades a este fenómeno.

  6. Parece una obra muy prometedora, para apuntar en la lista de «pendientes de lectura». Sobre la reseña, consigue llamar la atención sobre la obra y apunta algunos factores especialmente sugestivos. Sin embargo, no parece que una reseña literaria sea el lugar adecuado para declaraciones como las del último párrafo.
    Enhorabuena por el estupendo trabajo de este blog.

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