El menor espectáculo del mundo – Félix J. Palma

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El que Félix J. Palma haya vuelto al terreno del cuento es una estupenda noticia para cualquier aficionado a la literatura. Como ya apuntó uno en su momento, puede que su incursión en la novela (El mapa del tiempo) no fuera todo lo brillante que cabía esperar, pero después de leer El menor espectáculo del mundo no me cabe duda de que el mejor Palma ha vuelto a aparecer.

Esta colección de nueve relatos nos devuelve a un escritor concienzudo y original, con un estilo de brillantes metáforas y con una visión del mundo peculiar, fantástica y terrorífica a partes iguales. Las historias de estos relatos se mueven en torno al amor, abordándolo desde multitud de ópticas; ojo, no esperen relaciones armoniosas y romances con final feliz, porque no los encontrarán. Aun cuando hay historias que terminan bien, Palma se las ingenia para introducir elementos que desestabilizan a los personajes y les sumergen en la duda o la inquietud. «Una palabra tuya», por ejemplo, siendo como es uno de los textos más optimistas (en el sentido que comentaba), nos ofrece un retrato despiadado de la tensión matrimonial: ¿hasta dónde se puede llegar por el amor a un hijo?; ¿contribuye ese amor al de la propia pareja, o bien lo desgasta?; ¿sublimamos en los hijos la pasión ya extinta? Como el mismo narrador afirma: «la niña se convirtió en […] una pequeña tirana que nos neutralizaba como pareja, obligándonos a expresar nuestro amor a través de ella misma, como dos ventrílocuos torpes».

Aunque en general las historias se mantienen dentro de un ámbito realista, lo insólito asoma en múltiples ocasiones y se enseñorea del desarrollo de las tramas. Palma se mueve como pez en el agua dentro de un imaginario surreal y fantástico: «Margabarismos», sin ir más lejos, pone en comunicación a un desesperado hombre con su difunto tío para tratar de recuperar a su mujer; algo parecido sucede en «Bibelot», en el que el amor tiene conexiones incluso con el más allá. Y una de los cuentos más elaborados y con un desarrollo más original, «Las siete vidas (o así) de Sebastián Mingorance», también nos introduce en la fantasía más desbordante con la multiplicación de planos dentro del relato. Lo cotidiano está siempre presente, ya que el tratamiento de las relaciones personales se aborda desde una perspectiva muy humana, pero la originalidad estriba en dotar a casi todos los textos de un componente mágico, oscuro o inesperado que enriquece el conjunto y propone otras lecturas alternativas.

Hay que hacer especial hincapié en el estilo de Palma, elaborado a conciencia y con brillantes aciertos formales. Su dominio de la metáfora y la comparación es asombroso, el ritmo de los relatos es fluido y el desarrollo está minuciosamente trabajado para alcanzar los clímax y mantener la atención de principio a fin. Además, la construcción de los personajes es también digna de elogio. Los protagonistas de los cuentos están caracterizados con mucha profundidad: no tanto a nivel individual (en ese sentido es difícil distinguirlos, ya que no se trabajan sus facetas más reconocibles o idiosincráticas), sino a un nivel más universal. En los personajes de estos relatos hay muchísima humanidad, aunque las situaciones en los que se ven envueltos sean disparatadas o terribles; el genio de Félix J. Palma se revela en la hondura con la que están compuestos, la verosimilitud que presentan sus acciones y la empatía que suscitan sus sentimientos. Más allá de la imaginación exacerbada o de la aventura extravagante, la verdad es que estos protagonistas son espejos de nosotros mismos: algo que muestra a las claras el talento de Palma como narrador.

El menor espectáculo del mundo es un verdadero placer, un libro de relatos que aúna lo mejor de la tradición fantástica con el compromiso narrativo y la observación minuciosa del ser humano. Félix J. Palma nos ha regalado una obra inteligente y divertida, con historias que muestran lo peor y lo mejor de nosotros. Si no han tenido el placer de leerla, no pierdan el tiempo y háganlo: no se arrepentirán.

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