La chica de seda artificial – Irmgard Keun

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La chica de seda artificial - Irmgard KeunA veces, la mejor recomendación posible de un libro o un escritor que podemos hacer desde esta web es, sencillamente, que quienes nos siguen con asiduidad vean que volvemos a ese autor. Algo nos enamoró en su prosa, en su estilo, en sus personajes que nos impele a regresar a él una y otra vez. Ese es exactamente el caso de lo que le ha acaecido a la que suscribe con Irmgard Keun. Niña de todos los países me descubrió a una escritora original, difícil de etiquetar. E inmediatamente desee leer más de ella.

Irmgard Keun debería ser lectura obligatoria para aquellos que hablan de «literatura femenina» (¿puede tener la literatura, en cuanto expresión artística, género?, ¿o es más bien que se aboga por forzar a la literatura a encasillar tanto a hombres como a mujeres en determinados roles?). Porque la alemana hace gala de un estilo personal, chispeante, humorístico y, sin embargo, capaz de conmover, de plasmar al ser humano a través de la realidad en la que a este le toca moverse. Si lo que se espera de una escritora es que se circunscriba a una visión sensiblera del mundo a través de los ojos de una mujer, Keun rompe el molde.

En La chica de seda artificial, Irmgard Keun narra la historia de una joven de provincias que acaba en Berlín con el sueño de convertirse en una estrella. Doris es una hermosa oficinista que anhela llevar una despreocupada vida de lujos. En el horizonte estrecho de su trabajo monótono y su lúgubre vida familiar, sueña con vestidos hermosos, fragancias exquisitas y restaurantes suntuosos. Y espera que su belleza sea el billete de ida hacia esa feliz existencia. Sin embargo, su marcha a Berlín, consecuencia del robo de un abrigo de piel, la pondrá a prueba y acabará por enseñarle que el guardarropa no es la parte más importante de una persona.

Lo que leemos son las anotaciones que Doris realiza en un cuaderno, y esa primera persona nos descubre de forma clara, sin artificios, a un personaje encantador y complejo. En sus apuntes no hay concesiones egotistas y nuestra joven se muestra en ellas tal y como es: si ante los demás trata de representar un papel, jamás cae en la tentación de engañarse a sí misma. Así aparece ingenua y frívola, consciente de sus defectos pero deseosa de mejorar, ambiciosa, generosa, poco honrada, sincera.

Doris resulta deslumbrada por el Berlín efervescente recién entrado en la década de los años 30. Desde el primer momento ama a esa ciudad cosmopolita y refinada donde, sin embargo, la Gran Depresión llena de gentes sin empleo las calles. Ella misma se relacionará con industriales corruptos, con vendedores ambulantes, con prostitutas o con empleados, dibujando un cuadro vivo de la sociedad alemana donde el nacionalsocialismo empezaba a cosechar adeptos.

Precisamente lo mejor de las novelas de Keun es su capacidad para tomar el pulso de una época o situación. Si en Niña de todos los países nos retrataba la vida de los emigrantes alemanes, en La chica de seda artificial presenta las vidas tocadas por el desempleo y la precariedad en la Alemania posterior a la crisis de 1929; pero lo hace desde una historia que sabe hacerse cercana y divertida, a través de personajes entrañables que encandilan al lector. Razones más que suficientes para que les encarezca la lectura de Irmgard Keun.

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