La cita y otros cuentos – Guy de Maupassant

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La cita y otros cuentos - Guy de MaupassantGuy de Maupassant es reconocido por su vasta e importante producción cuentística. Buen observador y con un estilo ligero pero sutil, sus relatos abarcan numerosos temas y son un reflejo de la sociedad en la que escribió, pero también del ser humano.

En La cita y otros cuentos se recogen cinco relatos que son un ejemplo de la brillantez del autor, al tiempo que muestran esas dotes para revelar la naturaleza humana. Esperanzas, pasiones, miedos, hastíos, todo lo recoge y lo anota la pluma de Maupassant, vertiéndolo en tramas ágiles que captan sin deformar el sentido de lo anotado.

La cita y otros cuentos reúne relatos que giran en torno a las relaciones entre hombres y mujeres. Relaciones que van desde la obsesión al hastío y que, en la mayoría de los casos, están basadas en el prejuicio. Hombres y mujeres tienen unas ideas inamovibles sobre el sexo opuesto y en muy pocas ocasiones consienten en abrir los ojos a la realidad.

Sobre el hastío versa precisamente «La cita», en el que una mujer pierde el tiempo en lugar de acudir a una cita con su amante. Sentada en una plaza, medita sobre las incomodidades y fatigas —como tener que vestirse y desvestirse sin ayuda de una doncella— de sus citas clandestinas, para ver a un hombre que ha dejado de interesarla. Evidentemente el problema no son los inconvenientes, sino el amante, como se verá al final del relato.

«La desconocida» narra la historia de una obsesión. Una mujer no precisamente hermosa con la que el protagonista y narrador tiene un encuentro casual le causa tal fascinación que no puede alejarla de sus pensamientos. Pero cuando por fin logre tenerla desnuda, algo en el cuerpo de ella hará que le resulte imposible consumar su unión, lo que hará que su deslumbramiento no tenga fin.

Con «Las joyas» crea Maupassant una trama con una pequeña dosis de intriga para demostrar como muchas veces lo que se toma por la realidad no es más que una ilusión y las personas que mejor conocemos ocultan una verdad que ni podemos imaginar.

Guy de Maupassant fue un misógino y, como tal, buscó reflejar en sus obras la execrable conducta del género femenino. Las mujeres que pueblan sus páginas son criaturas libidinosas, ansiosas de riquezas y goces e infieles. Pero, como suele suceder, al querer señalar lo que él juzgaba defectos, creo personajes que, simplemente, se salían de la norma de sumisión y castidad que la sociedad imponía a la mujer. Personajes femeninos libres, inconformistas, independientes, que persiguen sus deseos y no se pliegan a lo que los varones esperan de ellos. Personajes que preconizaban una nueva mujer, aun a pesar de su autor.

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2 Comentarios

  1. Sra. Castro,
    Desde la cordialidad, me permito discrepar de las conclusiones del último párrafo de tu reseña. Es posible que Maupassant tuviera tintes misóginos, y ellos influyeran en el retrato de sus personajes femeninos, pero Maupassant no es solamente eso, es también un crítico acerbo de la mediocre sociedad que le toca vivir y, que yo recuerde, tampoco sus protagonistas masculinos salen muy bien parados de su pluma, – me viene a la memoria, ahora y aquí, el Georges Duroy de “Bel Ami”, así como todos los secundarios que pululan por el periódico en que colabora -. Creo pues que no conviene mezclar juicios literarios con apreciaciones personales de conductas; si siempre hiciéramos eso al crear opinión, – una reseña no deja de hacerlo, y de lograrlo muchas veces -, qué diríamos, por ejemplo, de Dostoievski o de Flaubert, qué ninguna mujer debería leer “Los hermanos Karamazov” o “Madame Bovary”.
    Desconozco las intenciones de Maupassant al escribir sus libros, y por ello no sé si tenía metas parecidas a: “… buscó reflejar en sus obras la execrable conducta del género femenino” o “Personajes que preconizaban una nueva mujer, aun a pesar de su autor”. Sea como fuere, si puedo decir que Maupassant me parece un excelente autor, no uno de los eximios, pero si uno de los destacados. Puede que fuera un misógino, un crápula, un desahogado, un desequilibrado mental, pero, a pesar de ello, no deja de ser lo que ya he expresado.
    Creo que al juzgar la literatura conviene dejar a un lado el ideario del autor; hay auténticas obras maestras que han sido pergeñadas por desalmados/as, pero no por ello dejan de ser obras maestras. En última instancia, siempre está la libertad del lector para no acercarse a escritores alejados de su mismo ideario, aunque, en mi opinión, es éste un fundamentalismo no muy aconsejable.
    Un fuerte abrazo y hasta siempre.

    • [Editado 19.00 horas]
      Por tu comentario (siempre bienvenido, incluso aunque sea discrepante) veo que no he sabido trasmitir bien lo que pretendía.

      Nada más lejos de mi intención que incitar a no leer a un autor, menos aún a Maupassant. Simplemente quería reflexionar sobre cómo muchas veces una historia o un personaje trasciende las ideas de su autor.

      Este volumen recoge relatos que versan mayoritariamente sobre las relaciones entre hombres y mujeres, Y las mujeres que los pueblan en absoluto se adecuan al modelo de “esposa y madre” que era el estándar burgués de la época. Como buen observador de su sociedad, Maupassant plasma la realidad de las citas clandestinas, de las mujeres adúlteras que cubiertas por velos iban a reunirse con sus amantes. Pero al hacerlo, precisamente está recogiendo (por sus ideas, me atrevo a colegir que no intencionadamente) a las mujeres insumisas al rol que se les imponía.

      Aunque no fuera premeditado por el autor, el señalar esa insumisión me parece importante, porque sin ella las mujeres no estaríamos donde hoy estamos.

      Evidentemente, el libro no está leído desde el prejuicio por las ideas o la vida del autor. Ni este, ni ningún otro de los que aquí se comentan. De hecho, hay que comprender el momento en que el libro fue escrito: entonces lo normal era ser misógino, porque no se comprendía que la mujer pudiera tener otro papel que el de esposa o puta. Pero yo, además de ser lectora, no dejo de ser mujer, y al leer no puedo evitar reflexionar sobre cosas como esta. Y me gusta incluir en mis comentarios sobre libros las impresiones sinceras (bien que siempre personales, subjetivas y sin afán de convencer a nadie) que me suscitan. Y no dejo de pensar que la literatura está llena de historias sobre mujeres que, si hubieran tenido trabajo, formación y libertad, no habrían sufrido las penas que los libros recogen.

      Un fuerte abrazo.

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