La guerra fría – Álvaro Lozano

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La guerra fría - Álvaro LozanoCon el lanzamiento de las bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin y dio comienzo un nuevo orden mundial, caracterizado por la tensión Este/Oeste, conocido por el nombre de “guerra fía”. Esa confrontación entre dos bloques poderosos, agrupado cada uno en torno a una superpotencia, los EEUU para el bloque occidental y la URSS para el oriental, se prolongó a lo largo de cuarenta años y creó en gran medida el mundo tal y como lo conocemos. O como lo conocíamos hasta el 11-S.

Álvaro Lozano realiza en “La guerra fría” un breve aunque enjundioso estudio sobre la situación mundial que, al final de la Segunda Guerra Mundial, condujo a establecer ese tirante equilibrio entre las dos potencias, y explica de manera sencilla el discurrir de esos cuarenta años de guerra solapada ensombrecidos por el riesgo de una hecatombe nuclear.

Se podría decir que la guerra fría fue un enfrentamiento ideológico entre dos naciones que defendían sistemas de valores diametralmente opuestos: capitalismo y comunismo. De hecho hay quien defiende, según esto, que el verdadero origen de la guerra fría se remonta al triunfo de la Revolución Bolchevique, cuyas ideas Estados Unidos no estaba dispuesto a permitir que se propagasen. Ese enfrentamiento hizo que el campo de batalla estuviera en la arena política y social, siendo las armas la propaganda y el terror. En efecto, la lucha ideológica debía continuar hasta el momento en que una de las dos doctrinas conquistase el mundo, por eso tanto EEUU como la URSS buscaban aliados a los que inculcar su filosofía, fortaleciendo así su bloque.

Pero no hay que olvidar que la verdadera fuerza de cada contrincante estaba en su poder atómico. Como se explica en el libro, algunos historiadores apuntan el hecho de que el uso de la bomba atómica contra Japón, cuando sus ejércitos ya estaban cercados en todos los frentes y su rendición era cuestión de tiempo, no fue tanto una estrategia para obligar a la rendición nipona como una advertencia de EEUU a la URSS que dejaba claro el poderío estadounidense de cara a disuadir cualquier intento de los rusos de intentar algún movimiento en contra de EEUU. Los rusos sin embargo se hicieron pronto con su propio ejemplar del terrible arma y demostraron tener no sólo la capacidad, sino también la intención, de atacar Estados Unidos en caso necesario. Por tanto ambas potencias, sin dudar del poder del enemigo, buscaron mantener un equilibrio que, aunque frágil, asegurase la no destrucción mutua.

Ese precario equilibrio se mantuvo no sólo (aunque principalmente) por la amenaza atómica, sino también gracias a los esfuerzos de ambas potencias por no dejarse superar en ningún frente por sus adversarios, a la vez que luchaban por difundir los valores de su ideología en todo el mundo y especialmente en territorio enemigo.

Esto tuvo naturalmente sus consecuencias, que se dejaron notar fundamentalmente en las políticas interiores de ambos países, las cuales por lo general se resintieron como fruto de la obsesión por vigilar al enemigo e invertir en armamento. Además, las políticas de contención, es decir, aquellas destinadas a impedir el avance de la ideología enemiga en el propio territorio, sirvieron de excusa para las purgas internas que desde las cúpulas de ambos sistemas se promovieron. Y tampoco hay que olvidar el uso del terror (al “Otro”) como una eficaz herramienta para atenazar a la población y justificar los desmanes que se cometieron.

Con cierta candidez Álvaro Lozano, no en vano es diplomático, retrata las luchas que la guerra fría promovió en terceros países que ambas potencias usaron como campo de batalla para dirimir sus querellas. Con cierta candidez, digo, porque el apoyo prestado a dictadores sudamericanos por parte de Estados Unidos no obedeció tanto a un intento de frenar el avance del socialismo en la zona, como a defender los intereses de las empresas norteamericanas que impunemente la expoliaban. Además la guerra fría tuvo que ver también con la guerra de Corea, la de Vietnam o la invasión de Afganistán por la URSS.

En resumen, el libro contextualiza todas las grandes crisis de la segunda mitad del siglo XX y presenta a todos sus intérpretes, ayudando a comprender mejor hasta que punto nuestra sociedad es heredera de aquel turbulento período.

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