La historia de Rasselas, príncipe de Abisinia – Samuel Johnson

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La historia de Rasselas, príncipe de Abisinia - Samuel JohnsonHay un punto incontestable a la hora de disfrutar de las narraciones de los siglos XVIII y XIX, que no es otro sino su grado de inocencia retrospectiva; la manera de afrontar los problemas del ser humano, la forma en que los escritores cavilaban (por boca de sus personajes) sobre ellos, que se traducía en ingeniosas soluciones, aunque muy a menudo (visto todo ello desde nuestra perspectiva contemporánea) ingenuas en extremo. No obstante, hubo autores que se adelantaron al pensamiento de su época, quizá no en lo referente a soluciones concretas, pero sí en lo que a claridad de pensamiento toca. Samuel Johnson (como Jonathan Swift, del que hablamos hace poco) fue uno de esos autores, y aunque «La historia de Rasselas, príncipe de Abisinia» no sea más que una frivolidad exquisita, se trasluce en sus páginas la inquietud del inglés por los acontecimientos de su tiempo y por las preocupaciones de sus contemporáneos.

«Rasselas» está concebido como una fábula iniciática, una bildungsroman clásica con rasgos de evidente corte empírico (propio del siglo XVIII): diálogos de los protagonistas acerca de la condición humana, propósito ejemplarizante, consideraciones morales, etc. Johnson recrea un escenario idílico, el Valle de la Dicha, un paraje en el que el emperador de Abisinia recluye a sus vástagos y los aísla del mundo exterior; un paraíso terrenal concebido exclusivamente para el disfrute y el placer, con el fin de que la realeza no sufra con las desgracias que asolan el mundo. Rasselas, el cuarto hijo del soberano, aguijoneada su curiosidad por las historias que le cuentan acerca del mundo que hay más allá de las fronteras de su reducto, decide escapar junto a Imlac, un poeta venido del exterior, y su hermana Nekayah para ver por sí mismo las maravillas y las maldades de las que tanto ha oído hablar. Como se puede suponer, su periplo por el Egipto fantástico de Johnson le deparará muchas sorpresas y la acumulación de muchos conocimientos, no todos tan deseables como pudiera esperar.

El autor es consciente del carácter edificante de la obra que construye; no en vano es difícil clasificar a «Rasselas» como una novela tal y como la entendemos en la actualidad, ya que se encuadraría más en un género moralizante, al estilo de Rousseau o Voltaire. Sin embargo, la inteligencia de Samuel Johnson consigue, por un lado, transformar un apólogo iniciático en un relato coherente, intenso y lúcido, y por otro, subvertir esa tradición ejemplarizante para ofrecer una historia cargada de escepticismo.

El viaje de Rasselas en pos de la felicidad que no encuentra en su «aburrido» paraíso es, en realidad, un recorrido por las pasiones humanas, un vistazo del autor sobre los deseos y los sentimientos tan contradictorios que atesoramos los seres humanos. Las visitas de los protagonistas a ermitaños, poetas o astrónomos para inquirir acerca de la consecución de la felicidad sólo les depararán testimonios contrapuestos, que sirven al lector para entender el carácter inasible del bienestar y el equilibrio. Y digo «al lector» con intención, ya que Rasselas y su séquito parecen no comprender la moraleja que sus desventuras les ofrecen, permaneciendo en un estado de perplejidad inocente.

No obstante, ése es precisamente el detalle que dota de interés al libro: Johnson se aleja de cualquier propósito doctrinario —o, al menos, de un propósito férreo— y afronta la incógnita que es la existencia humana con humildad, con lucidez y, quizá también, con un punto de resignación. Frente al empirismo reinante en el siglo XVIII y su optimismo acerca de la evolución del ser humano y los logros que puede llegar a alcanzar, el autor nos muestra, de forma muy sutil, el desencanto que le provocan (y es de justicia afirmar que no es algo que sólo le ocurra a Johnson) los fútiles instintos del hombre. No hay más que leer un pequeño extracto de la controversia que se establece entre Rasselas y Nekayah a cuenta del matrimonio:

Un joven y una doncella se conocen por accidente, o se les reúne bajo algún pretexto, intercambian miradas, se corresponden con cumplidos corteses, vuelven a casa y sueñan el uno con el otro. Al tener apenas asuntos en los que entretenerse, o divertir su pensamiento, se hallan inquietos cuando están separados, y concluyen así que han de ser felices unidos. Contraen matrimonio y descubren lo que nada, excepto una ceguera voluntaria, podía antes ocultar; desperdician sus vidas en trifulcas e increpan a la naturaleza por su crueldad.

Esa «ceguera voluntaria» a la que alude el autor conduce al hombre hacia todas sus desgracias (no sólo hacia el matrimonio); la falta de sentido común, de honradez y de respeto parecen ser la causa del escepticismo casi nihilista de Johnson, que no se permite el lujo de ofrecer a Rasselas, y por ende al lector, un asidero en su búsqueda de la felicidad.

En pocas palabras, podríamos decir que «La historia de Rasselas, príncipe de Abisinia» es una vuelta de tuerca a la novela moralizante, si bien casi marca por sí misma una pauta dada la temprana fecha de su publicación. Aunque no sea un monumento literario, la obra tiene un poso entre irónico y desencantado que resulta muy interesante, máxime teniendo en cuenta su antigüedad.

3 Comentarios

  1. bueno muy buenas tardes aicha lopez y nuy bueno tu comentarios sobre exijir justicia como un deecho igual y propio tanto para ti como para las demas mujeres…yo solo me intereso por el libro rasellas .por que lo leia una jovencita llamada elena burns en el libro jane eyre de charlot bronte,,y si lo lees bien ella tenia un pensamiento sobre la vida y la justicia muy pareciso al tuyo,solo que ella era una niña de solo 11 años y no pudo llegar a mas por que murio en una institucion para huerfanos al poco tiempo..dejandonos una buena enseñanza …rafael guzman

  2. Salam Alaikum
    Buenos dias,decir sólo que estoy totalmente de acuerdo con el libro cuando dice: …»no te precipites en confiar o admirar a los PROFESORES DE LA MORALIDAD,poque ellos discursan como ANGELES,pero viven como HOMBRES», es que tendemos a «endiosar» a veces a los Curas o Imams.Y más quisieran ellos!!claro que los hay buenas personas en los dos Rangos,pero tenemos que darnos cuenta que son HOMBRES, y tienen sus deseos,y tienen debilidades y los más estrictos o extremistas son los peores,son los que más facilmente «caen».Yo estoy en espera del divorcio del IMAM DE LLEIDA,con el que me casé y he Denunciado por Poligamia y Malos tratos y humillarme como mujer,no se puede jugar con los sentimientos de la gente,ni mentir y en algún foro gente que ni me conoce ni nada solo porque saltó la noticia a los periódicos dicen que quiero dinero,pues no es así,quiero JUSTICIA,si quiera dinero sólo tendría que quitar la denuncia… y ahí lo dejo.Un saludo.Aicha López

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