La insurrección que viene – Comité invisible

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La insurrección que viene - Comité invisible

Basta con decir lo que se tiene ante los ojos y no eludir la conclusión.

Esa frase puede hacer las veces de resumen de la tesis defendida en “La insurrección que viene”. En ella, se realiza un repaso por la situación política y medioambiental de una sociedad enferma que nos ha conducido a un punto de no retorno, para a continuación, dar las claves que deben conducirnos del descontento particular a la insurrección general.

Lo que tenemos ante los ojos se retrata en un recorrido al estilo de la Divina Comedia por los siete círculos del infierno de una sociedad enferma. Siete círculos que representan los siete males principales que nos aquejan y cuyo reconocimiento ha de ser el primer paso para sacudírnoslos de encima.

El primero, el individualismo, la búsqueda de la satisfacción del yo por encima de cualquier otra consideración. Ese culto al ego auspiciado desde todas las instancias que ha contribuido a romper los lazos que cohesionaban a quienes, ante situaciones injustas, podían unirse para luchar. Solos, carecemos de fuerza. En nuestro viciado aislamiento, poco nos importa lo que le suceda al vecino.

También el trabajo, herramienta de alienación, ficción que contribuye a mantenernos en el filo de la navaja: siempre en precario, pero temerosos de empeorar. Desde el momento en que no es equitativa la retribución por dedicar nuestro tiempo y nuestros conocimientos a una tarea remunerada, y puesto que el estado del bienestar está siendo desmontado con toda celeridad, debemos dejar de contribuir con nuestra mansedumbre a sostener un interés meramente político en mantenernos ocupados.

Por otro lado, la realidad de un entorno inhóspito: la metrópoli. Entendida ésta como un territorio desnaturalizado que abarca la ciudad, las áreas comerciales, los polígonos industriales y un campo dedicado a la agricultura intensiva. Es decir, pensado todo ello para el comercio y la mercancía, pero no para el hombre. Y, enlazado con lo anterior, la realidad de la crisis medioambiental entendida por algunos como una nueva oportunidad de hacer negocio; a la vez que usada para echar sobre nuestras espaldas la responsabilidad de hacer lo posible por enmendar lo que la avaricia de otros dañó.

Y, como cemento que une tales piezas funestas, el interés por hacernos creer en la economía como si de un dios redentor se tratara. A pesar de los desmanes que se han cometido en su nombre, y a pesar de la situación insostenible a la que nos ha abocado.

Eso es lo que tenemos ante los ojos. Y la conclusión sólo puede ser una: la necesidad de cambiar una situación que beneficia únicamente a una minoría. Para ello, el Comité invisible propone que aprovechemos cualquier crisis del sistema, sus debilidades, para emprender acciones que acaben con este orden injusto. Empezando por volver a unirnos y organizarnos para atacar los flujos que mantienen vivo al sistema (sean estos económicos, de energía o de información), sin olvidar dar publicidad a estas acciones que deben servir de ejemplo y aliciente.

Basta con decir lo que se tiene ante los ojos y no eludir la conclusión: hay que abrir las puertas a la insurrección que viene.

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