La literatura como bluff – Julien Gracq

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La literatura como bluff - Julien GracqLa literatura como bluff se publicó por vez primera en una revista a comienzos del año 1950. Mucho ha llovido desde entonces y las circunstancias bajo las que se redactó este texto han variado de forma considerable; sin embargo, casi todas sus tesis aún pueden ser aplicadas, de un modo u otro, a nuestra actual industria cultural y al moderno mundo del libro. Julien Gracq cargó contra un determinado conglomerado de personas y actitudes, pero la claridad de sus ideas y la indudable verdad de sus tesis hace de este opúsculo una lectura muy clarificadora.

Aunque el librito (a pesar de su brevísima extensión) recoge varias ideas específicas, el asunto central es el del estatus del escritor y su posición dentro de un sistema cultural que lo entroniza una vez que ha publicado; para Gracq es incomprensible que la literatura tenga un statu quo garantizado por la publicación de una —o varias— obra, sin cuestionar posteriormente la calidad de un autor y dejándose guiar por todo el marketing que rodea a la industria del libro. (Piensen en el agravamiento de esta última situación hoy día, cuando las campañas promocionales son capaces de vender millones de copias del más deplorable pastiche.) Una situación que el autor no sólo achaca a la crítica o al establishment literario, sino a los propios lectores: «Cuando ya nos “hemos hecho una idea” acerca de un escritor», dice, «nos da pereza cambiar».

En ese mismo sentido, Gracq habla sobre un concepto que llama «placer-reflejo»: la literatura se aleja del placer en solitario y la reflexión tranquila para socializarse al máximo; así, el «placer-reflejo» pone en contacto al lector con toda una colectividad (de lectores, claro) que sanciona aquello que debe gustar. De esta manera, un escritor ocupa una determinada posición en la jerarquía literaria no tanto por la obra que produce cuanto por su reconocimiento social. El hecho de que hablar de literatura sea un acontecimiento insoslayable en la sociedad francesa (y de nuevo se puede hacer extensible el razonamiento de Gracq a otras partes del mundo, ya que la valoración social de la literatura —como depositaria de ciertos saberes— está muy extendida) hace que el prestigio de un autor sea algo independiente de su genio o compromiso.

El autor achaca esta situación, en parte, a la evolución que ha sufrido la recepción de información. El público acepta de forma muy pasiva los datos que se le suministran (Gracq advierte de que el volumen de conocimientos crece de manera tan brutal que es imposible estar al tanto de muchos de ellos, pero también señala que se ha llegado a un punto de «esclavitud consentida de la mente»), de modo que pone su propio juicio en manos de los críticos o especialistas. El autor francés ironiza diciendo que el público culto francés está tan al tanto de los avances en literatura como en ciencia atómica, ya que, a pesar de las charlas y opiniones, nadie parece querer saber de verdad. De ahí que la figura del escritor sea una construcción social, producto del marketing. Gracq señala con acierto que un autor existe de forma determinante como estrella entre la gente que no lee, aunque consiga cierto rango entre el círculo de los que sí lo hacen. Los best-sellers de hoy en día, los escritores que andan de feria en feria, de presentación en presentación, de entrevista en entrevista, son la consecuencia obvia de esta concepción.

La literatura como bluff nos sitúa frente a un hecho que viene ocurriendo desde hace mucho tiempo: la mercantilización de la literatura y el deterioro de la figura del intelectual. Julien Gracq analizó ese hecho con acierto, inteligencia y humor. Una lectura deliciosa y muy recomendable.

1 Comentario

  1. Estoy leyendo “La mania de leer” y me está encantando. De alguna manera la obra que reseñasde alguna manera me recuerda a éste. Es más que probable que lo lea

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