La mano encantada – Gérard de Nerval

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La mano encantada - Gérard de NervalGérard de Nerval es uno de los más conocidos representantes del Romanticismo francés y narraciones como La mano encantada son una muestra incuestionable del porqué. Y es que ese gusto de los románticos por el misterio, la magia y todo lo relacionado con lo sobrenatural late en cada una de las páginas de este relato. Pero lo hace con un latido singular, hijo de una peculiar forma de narrar, que aleja La mano encantada de esas historias algo tenebrosas o lúgubres, excesivamente vehementes en su apasionamiento, que son el epítome del Romanticismo.

Y esto es consecuencia de que Nerval propone una narración sencilla, ajena a todo efectismo, donde de pronto incluye lo extraordinario. No hay atmósfera sobrenatural, no hay personajes misteriosos: lo fantástico parece tan cotidiano como el pan. Evidentemente, ese no es sólo el mayor logro del relato, sino sobre todo lo que más admiración debe causar; porque dice mucho de la maestría de un escritor crear una historia donde lo asombroso es la clave sin recurrir a los tópicos que suelen poblar estas historias.

La mano encantada es una historia divertida, contada además con gracejo y soltura. Ambientada en la Francia de principios del siglo XVII —y está es la única excentricidad que se puede achacar a la novela, por otra parte algo muy en boga en la literatura del Romanticismo— describe la particular aventura del joven Eustache Bouteroue, aprendiz de pañero. A Eustache la vida le sonríe pues va a contraer matrimonio con la hija de su patrón y, gracias a sus buenas cualidades como comerciante, hacerse cargo de la tienda de paños de su suegro.

Pero maese Gonin, un mago y adivino que entretiene a la multitud en el Pont-Neuf, le vaticina en cambio un futuro poco prometedor y emplaza a Eustache a contactar con él si se ve en apuros y precisa de «algún consejo, algún sortilegio, hechizo o filtro […] en caso de peligro, de amor o de venganza». Y aunque Eustache desestima tales predicciones y las considera fruto de la imaginación de un charlatán, al poco tiempo se verá obligado a acudir a maese Gonin.

Un soldado pendenciero retará al pañero a un duelo y Eustache, hombre tranquilo y buen ciudadano pero poco aguerrido, buscará la ayuda del mago para poner a salvo su honor sin demasiado riesgo para su vida. Maese Gonin realizará un encantamiento sobre la mano que se ha de batir en duelo y, con esa ayuda mágica, Eustache logrará vencer a su adversario. Pero a partir de ese momento la mano encantada adquirirá vida propia, poniendo a su propietario en serios aprietos, y cumpliendo de esa manera el triste destino que maese Gonin le pronosticará en el puente.

Es el humor, un punto macabro, lo que hace de La mano encantada un relato fantástico singular. Eustache es el pobre infeliz a costa del cual se gasta una broma divertida pero funesta, que Gérard de Nerval describe con jovialidad y desenfado. Si a esto se une la calidad literaria del texto obtenemos una lectura que no puede faltar.

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