Teatro de ceniza – Manuel Moyano

0
1564

Teatro de ceniza - Manuel MoyanoEntre los microrrelatos de Teatro de ceniza hay algunos que son verdaderas joyas, como suele ocurrir en muchas recopilaciones, mientras que otros no van más allá de la mera anécdota, cuando no del bosquejo fallido. La imaginación de Manuel Moyano es activa y fructífera, y consigue ir más allá de lo evidente para buscar en cada situación el detalle que la convierte en anómala, especial o inquietante; de ahí que los mejores textos se inscriban en la temática de horror o misterio, ya que lo cotidiano se ve transformado por la mirada del autor y nos revela lo que hay de oculto en ello.

En general, los relatos se inclinan por una mirada que oscila entre la fantasía y la inquietud: esa realidad a la que aludía se convierte en algo diferente gracias a la perspicacia de unos narradores que buscan en ella los elementos anormales, equívocos. Muchos textos juegan con esta ambigüedad, de manera que la distinción entre lo real y lo imaginario es difícil de concretar; lo que en principio puede parecer obvio, resulta ser algo fantástico que no tiene relación alguna con el universo conocido, y viceversa.

El problema con este tipo de fórmula narrativa es que se agota con mucha rapidez y exige del escritor tanto un gran dominio técnico como una portentosa capacidad literaria; y, aunque Moyano hace gala de buenos talentos, su batería de recursos no da para tanto. Teatro de ceniza reúne más de un centenar de microrrelatos de los cuales cinco o seis pueden ser considerados excelentes, y apenas una docena más bastante buenos: el resto es puro relleno, pura repetición esquemática de un modelo que no da más de sí a las cuarenta páginas y que puede entretener, pero no aportar un contenido enjundioso narrativamente hablando.

Los mejores cuentos son aquellos que juguetean con la errónea distinción entre realidad y ficción, y también los que aluden a una cierta crítica a nuestras costumbres sociales, como es el caso de «El punto de vista», «Ladrones de arte» o «Fábula». Algunos de estos últimos ofrecen una imagen ácida, pero veraz, de lo que solemos considerar como obvio, a pesar de que sólo hace falta mirar con un poco de detenimiento (que es lo que hace el autor) para comprobar que, más allá de la tranquilidad de la superficie, hay elementos perturbadores en cualquier vida. Hay que reconocer que en estos microrrelatos encontramos al mejor Moyano, al que sabe sacar punta a la realidad y ofrecer un visión cínica, oscura, imaginativa y brillante, consiguiendo así algunos textos de factura magnífica.

Pero en general podemos afirmar que Teatro de ceniza no ofrece al lector ninguna compensación por el esfuerzo de lectura. Es un libro entretenido gracias al carácter de sus relatos y a su brevedad, pero ramplón en muchos casos, repetitivo y previsible, por lo que las expectativas se reducen a medida que pasamos las páginas. Frente a otro autores, como Ángel Olgoso, del que ya hemos comentado libros aquí, y que ofrecen un arsenal de buenas historias, Manuel Moyano exprime sólo dos o tres ideas que, por desgracia, no dan de sí tanto como para armar todo un volumen de textos. Así pues, recomendación: no se tomen la molestia y pasen a otra cosa.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here