Relatos de Iván Petróvich Belkin – Aleksandr Pushkin

3
3185

Relatos de Iván Petróvich Belkin - Aleksandr PushkinEstos Relatos de Iván Petróvich Belkin deben tomarse como un experimento más que como un trabajo completo y cerrado. Aleksandr Pushkin, que además de narrador fue poeta, dramaturgo y novelista, buscaba con los textos de esta colección un estilo propio que sirviera como punto de partida para una prosa rusa que rompiese con todo lo anterior; su bello y exigente resultado es el preludio de otras obras que vendrían más tarde, tanto propias como ajenas. Lo interesante de estos relatos es, pues, su condición de ensayo y de inicio; el escritor utilizó para su construcción dos elementos que podrían parecer antagónicos, pero a los que supo sacar todo el provecho posible: la tradición rusa, con sus costumbres y personajes, y el estilo europeo, con sus modos narrativos y sus peculiaridades estilísticas.

De hecho, el rasgo más notable de estos relatos es su diversidad de formas y voces. Aunque los temas son propios de la sociedad rusa, con tipos de caracteres muy marcados y con una sensibilidad especial hacia la idiosincrasia del pueblo, el autor buscaba un estilo que permitiese explorar los nuevos caminos que se abrían paso en la literatura del continente europeo; de ahí que los cinco cuentos que componen el libro tengan cada uno un estilo diferente, bastante marcado y con claras resonancias extranjeras. Si en “El disparo” tenemos un retrato psicológico de evidentes reminiscencias románticas, en “El fabricante de ataúdes” nos encontramos con un clásico texto gótico con ecos de Hoffman.

Sin embargo, el hallazgo de Pushkin fue dotar a esos relatos de un trasfondo folclórico muy perceptible, aunque alejado de tópicos. Tenemos a unos personajes que se identifican claramente con ciertos tipos (el tabernero, el acaudalado terrateniente, el campesino pobre…), pero que no actúan como arquetipos de ningún rasgo psicológico, sino como seres completos, auténticos y de cierta complejidad. Es algo que se aprecia sobremanera en “El maestro de postas”, que no cuenta la historia de un encargado del servicio de postas cuya hija se fuga con un húsar que pasa por su establecimiento; un punto de partida tan sencillo proporciona al escritor todo un sinfín de posibilidades expresivas: no sólo el relato se adentra en la psicología del desdichado protagonista con prodigiosa habilidad, sino que en apenas unas decenas de páginas el personaje cobra vida. Su desgracia se hace palpable y su sufrimiento, atroz y exagerado (no olvidemos que estamos a comienzos del siglo XIX), llega a conmovernos por la sinceridad de su actitud.

Lo que Pushkin logra con estos relatos es tan simple como difícil de alcanzar: que sus historias nos lleguen al corazón y sus personajes transmitan humanidad. Quizá pueda parecer poca cosa, pero si tenemos en cuenta que en esos años se comenzaba a formar la rica tradición narrativa rusa, y también que los relatos de la colección son, en buena medida, deudores de unos estilos extranjeros y, por tanto, ajenos, lo cierto es que el resultado no deja de ser meritorio. El único demérito que se le puede achacar a estos textos es, precisamente, su apego a las técnicas establecidas, su estricta observación de los modos narrativos en los que el autor se basa para construirlos; tal vez si en algunos momentos no fuese tan evidente el modelo que se está siguiendo, el resultado fuese más natural.

Los Relatos de Iván Petróvich Belkin son unas piezas de factura sencilla, pero de un gran calado en lo humano. Aunque no esté a la altura de otras obras rusas, no cabe duda de que Pushkin marcó un camino que muchos otros supieron aprovechar y desarrollar. Y no es éste el menor de sus méritos.

Más de Aleksandr Pushkin:

3 Comentarios

  1. Finalmente la curiosidad mató al gato. He sido incapaz de modificar el orden de lectura de mi “lista de pendientes” y heme aquí, embarcado con Pushkin y sus “Narraciones Completas”, en la edición de Alba.
    Antes de opinar sobre “Cuentos del difunto Iván Petróvich Belkin”, quiero hacer mío un comentario que leí no hace mucho en un blog literario, – no he podido, a pesar de mis esfuerzos, recordar en cuál -, sobre los libros de Alba. Una reflexión, que comparto en su totalidad: si leer un buen libro es ya una tremenda satisfacción, hacerlo en el formato y tipografía de letra con que esta editorial los publica, representa una tarea doblemente grata. Sus libros son perfectos, de fácil y agradable manejo, y, además, con el tamaño de letra justa para evitar innecesarios esfuerzos a personas que, como yo, comienzan a tener evidentes problemas de visión… Hay sin embargo otro factor, – no me atrevo ni a nombrarlo, dada la agria controversia generada en una ocasión, – que condiciona muy mucho al lector en el momento de su elección. En estos momentos de penuria, todos o casi todos nos entendemos.
    Pero vayamos a Alexandr Serguéyevich Pushkin.
    El libro, como comenta Loquemeahorro, se inicia con un prometedor relato inacabado, que lleva por título “El negro de Pedro el Grande”, donde quedan sobradamente probadas las dotes narrativas de Pushkin, aún más si tenemos en cuenta el detalle de que nos hallamos ante su primer intento en el terreno de la prosa. Tras él, aparecen los cinco cuentos cortos de Iván Petróvich Belkin, objeto de reseña.
    El estilo de Pushkin es el estilo de los clásicos rusos y, por lo tanto, mi opinión a su respecto es obvia, dada la admiración que les profeso a todos ellos. Una prosa concisa, clara, alejada de cualquier tipo de ornamento superfluo, con frases cortas y precisas que expresan la idea sin rodeo alguno, las descripciones reducidas al mínimo, – dudo a este respecto, si ésta puede ser una característica común a todos los autores -, incluso en algún ocasión su pluma manifiesta cierta aversión hacia las mismas: “No voy a describir el caftán ruso de Adrián Prójorov ni los trajes europeos de Akulina y Daria, apartándome en este caso de la costumbre común a los novelistas de ahora”. Utiliza la ironía con maestría y, en ocasiones, adquiere incluso un papel relevante, como ocurre en el relato “El sepulturero”.
    Aparece frecuentemente el recurso del guiño cómplice al lector, tan común en las obras de Turguéniev, y tan denostado por corrientes literarias posteriores, abundando así los típicos: “mis ilustrados lectores sabrán…”, “aquellos de mis lectores que no hayan vivido en el campo…”, “pero volvamos a nuestros buenos terratenientes de Nenarádovo y veamos qué pasa allí”…
    Es cierto que el estilo de los cinco relatos no parece muy definido y resulta algo ecléctico y variopinto, llegando incluso a rozar en “La señorita campesina” el tema típico del vodevil o comedia de enredo, pero debe resaltarse la capacidad de Pushkin para crear, en pocas líneas, personajes de la fuerza del Samsón Vyrin de “El maestro de postas”, personajes que, convertidos en arquetipos, aparecen con posterioridad, y muy a menudo, en otras obras de autores rusos.
    Desconozco si, como se dice en el prólogo del libro, Pushkin representa el primer eslabón de la prosa rusa, el eslabón precursor de otros tres necesarios e imprescindibles, Lérmontov, Turguéniev y Tolstoi, pero si puedo decir que, por lo leído hasta ahora, no he errado al mantener el orden de lectura que había establecido.
    Y aún me quedan otros muchos relatos que llevarme a la boca: “La dama de pique”, “La hija del capitán”, “Dubrovsky”, “Viaje a Arzrum”… Toda una suerte.
    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

  2. Yo he leído en parte la recopilación que comenta Miguel y en mí sí despertaron oleadas de entusiasmo.

    Evidentemente no todo lo de la colección tiene el mismo nivel, pero para mí Pushkin fue un gran descubrimiento.

    Uno de tantos “grandes nombres” de la literatura que había oído mil veces, pero que no había llegado a leer, momento en el que me sorprendió.

    Aún más, cuando descubrí que había muerto a los 38 años, quién sabe a lo que habría llegado si por ejemplo hubiera finalizado la novela con la que se empieza la recopilación.

    Estos cuentos, en concreto, todavía no me los había leído, ahora es posible que los cuele a otras lecturas.

  3. Pues me ha hecho un poco polvo, Sr. Molina. El siguiente libro que iba a leer eran las Narraciones Completas de Pushkin, publicadas por Alba dentro de la colección Clásica Maior, y donde se recogen los cinco relatos de “Cuentos del difunto Iván Petróvich Belkin” reseñados hoy. A pesar de la humanidad que parecen destilar, no me da la impresión de que hayan levantado en usted una excesiva ola de entusiasmo.
    Quizás deba replantearme el orden de mi lista de lectura.
    Un cordial saludo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here