La novela del corsé – Manuel Longares

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La novela del corsé - Manuel Longares“La novela del corsé” no es, para nada, una novela. Es más bien un pequeño estudio sobre los usos y costumbres amorosos que se practicaban en la sociedad burguesa española en las postrimerías del siglo XIX y principios del XX.

Era esta una sociedad, nunca mejor dicho, encorsetada, donde las apariencias gobernaban la vida y donde cualquier expansión de carácter sexual estaba mal vista, si eras un hombre, y severamente penada, si eras una mujer.

El libro nos describe el corsé como la prenda que mejor puede representar el carácter sexual de la época. Una prenda que envuelve en duro acero la silueta femenina para que la mujer se sepa contenida y atrapada por unas formas que no son las suyas, y el varón comprenda que lo que hay debajo no es en absoluto accesible para él.

En esta sociedad, los muchachos aprenden sobre su sexualidad en los prostíbulos y desde el principio les queda claro que, en el futuro, su esposa, virginal y pura siempre a pesar de las relaciones matrimoniales, deberá estar por encima de esos desmanes. Entre tanto, las muchachas no aprenden nada en absoluto sobre la sexualidad: aspirando únicamente a hacer una buena boda, esperan consumiéndose a que llegue el príncipe azul que les dará la vida. Las alusiones al acto sexual son escasas, sólo para condenarlo si se realiza antes del matrimonio, o asociarlo a la maternidad, si es tras las bendiciones eclesiásticas.

En esta sociedad, el sexo fluye bajo la superficie como un agua turbia e insana, emponzoñando las vidas de hombres y mujeres, que se ven remitidos al consumo de novela erótica para vivir una sexualidad que les está absolutamente vedada. Algunos de los autores de estas novelas, como Felipe Trigo, postulan en sus novelas la necesidad de que la sociedad mojigata rompa con sus prejuicios y viva la sexualidad de una manera natural y saludable. Trigo defendía así mismo la necesidad de educar a la mujer y restituirle igual libertad que al hombre, como única manera de poder realizar la utopía de una sociedad que viviese la sexualidad sin complejos.

Otros autores, como Rafael López de Haro o Alberto Insúa, que se subieron al carro de la novela erótica al contemplar el apabullante éxito y fortuna que acompañaba a quienes la escribían, utilizaron sus obras, a pesar de su salacidad, como vehículo difusor de las ideas de la época. Así, después de describir los arrebatos eróticos de sus protagonistas, añadían la coletilla del ‘eso no se hace’.

A pesar de que siempre he pensado que en cuestiones de sexo, desde que el mundo es mundo todo el mundo se aplica en hacer todo cuanto está a su alcance, este libro me ha hecho recapacitar sobre la triste condición sexual de la mujer: si pobre, destinada a trabajar duramente, en muchos casos prostituyéndose. Si burguesa, destinada a vegetar a la espera de un novio que desee pasar a marido. Siempre vigilada por los guardianes de la moral, se le niega un placer tan sencillo y natural como el sexo. Si por desliz se entrega a él, pagará las consecuencias mucho más duramente que su compañero.

Para finalizar, quisiera advertir que si bien toda la temática del libro resulta interesante, hay que hacer un esfuerzo por desentrañar la prosa farragosa y redicha de Manuel Longares. El autor, entre citas sacadas de las novelas eróticas del novecientos, hila sus argumentos de manera pesada y confusa en una retahíla abigarrada que, francamente, hecha un poco para atrás. Aparte de esto, un libro del todo interesante.

2 Comentarios

  1. Se me escarapela el cuerpo cuando leo como la mujer era tan limitada y drásticamente condenada en esas épocas, pero por otro lado ahora se ha dado un vuelco total, y hasta exagerado de querer igualar al hombre, pero pienso que la esencia de la mujer es distinta, y hay ciertas cosas que se deben conservar como la feminidad y el rol maternal para que la sociedad este equilibrada.
    Gracias por publicar este interesante Blog!!

    • El concepto de feminidad no es más que una creación de la mente masculina. Las mujeres de antaño eran femeninas cuando llevaban corsé: el hombre las veía como un ser frágil porque se desmayaban, pero ellas se desmayaban porque el corsé nos la dejaba respirar.

      En cuanto a la maternidad, si bien el periodo de gestación le corresponde por naturaleza a la mujer, el resto de cuidados que precisa un recién nacido y un niño, los pueden prestar perfectamente los hombres. Pensar que dar cuidados y cariños es tarea femenina es privar a los padres de la grata tarea y el placer de cuidar, mimar, alimentar o bañar a sus hijos.

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