La piel de zapa – Honoré de Balzac

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La piel de zapa - Honoré de BalzacLa piel de zapa oscila entre la fantástico y lo realista; entre la crítica social y la ficción imaginativa. Que un autor tan pegado a las costumbres de su tiempo como es Honoré de Balzac escribiese una novela dedicada íntegramente a las consecuencias que acarrea la posesión de un objeto mágico no es una anécdota sin importancia: para el genio francés, lo maravilloso es el vehículo gracias al cual puede dar rienda suelta a su visión de una sociedad decadente, basada en el oropel y la maleficencia. Para ello se sirve de un recurso fantástico, pero que en verdad apenas tiene relevancia para contarnos la historia que se desarrolla en estas páginas: la fantasía se pone al servicio de una mirada sagaz, pero atroz, al mundo que nos rodea.

La trama de La piel de zapa se centra en el joven Rafael de Valentín, un muchacho que ansía alcanzar la fama literaria y para ello emplea todos sus recursos materiales. Tras la muerte de su padre, decide utilizar su modesta herencia en mantenerse durante unos años en los que trata de dar forma a las obras que le rondan por la cabeza. Sin embargo, no tiene suerte y pronto se encuentra en la miseria, a punto de perder su última moneda; su casera y la hija de ésta, devotas admiradoras del hombre, tratan de ayudarlo y animarlo, pero todo es en vano. Desesperado, Rafael decide una noche suicidarse arrojándose al Sena cuando, por azar, sus pasos le conducen a una tienda de antigüedades en la que el dependiente le enseña una piel decorativa con unas extrañas inscripciones en sánscrito; el curioso objeto tiene la facultad de hacer realidad los deseos de aquel que la posea, pero al tremendo precio de restarle años de vida por cada deseo satisfecho…

El punto de partida, como verán, es imaginativo; entronca con una tradición fantástica que hace gala de elementos recurrentes en este tipo de historias: objetos mágicos, contrapartidas respecto a sus poderes, protagonista desesperado, etc. No obstante, y como adelantaba, Balzac no profundiza tanto en el aspecto imaginativo como en el social de los hechos. Rafael es un joven dotado de talento, pero con una personalidad maleable y veleidosa: a pesar de tener buenas intenciones, se deja llevar por la vida licenciosa que la burguesía cosmopolita de principios del XIX tan gustosamente disfrutaba. Por tanto, apenas basta un leve empujón para hacer de este muchacho un títere en manos de sus amigos o amantes, incapaz de sofrenar sus impulsos y rendido a los pies de voluntades ajenas.

Balzac pinta un escenario casi decadentista, con un París nocturno en el que todo son francachelas, orgías, borracheras y espectáculos. Y, por encima de todo, muestra un retrato de esa sociedad que se dejaba tentar por un género de vida tan luminoso como fatuo. Los personajes que asoman por toda la novela son, en general, personalidades guiadas por el afán de placer, sin miras ulteriores ni consideraciones morales; engañar, seducir, robar o mentir son las cartas con los que se juega en ese mundo, y más vale dominarlas o sucumbir. La amante de Rafael, la condesa Fedora, no es sino el trasunto físico de esa sociedad: caprichosa, vana, inaccesible, cruel y desdeñosa; un universo alejado de la realidad que solo se interesa por la satisfacción inmediata de los placeres. Frente a todo ello se alzará la joven Pauline, la hija de la patrona de Rafael, encarnación de la virtud y de la honestidad. Sin embargo, para Balzac está muy claro la escasa capacidad de la bondad para cambiar hábitos inveterados (y execrables) frente al vicio.

La piel de zapa es una novela cuya primera mitad es quizá un tanto morosa; parece como si la verdadera historia solo empezase a cobrar fuerza pasados unos primeros compases en los que Balzac se deleita más en las descripciones y enumeraciones que en los personajes. No obstante, pronto su firme pulso de escritor retoma el rumbo y sin duda estamos ante una obra que merece la pena leer para impregnarse de costumbrismo, crítica y realidad.

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3 Comentarios

  1. Si claro que es de excelencia su comentario la he leído a los doce años y luego la he releído por tres veces es la historia de un mitomano sui nombre es Rafaelque recibe una piel de onagro y luego esta se achica , a medida de sus deseos , el resto ya se sabe y sobre sus lectores como siempre sus reseñas me son de sumo interés, gracias , ah .

    Jorge López Zegarra

  2. Pues yo, Sr. Molina, leí esta novela de Balzac, en edición de Siruela, hace algo más de dos años y la verdad es que me pareció bastante floja, – está visto que de un tiempo a esta parte no coincidimos mucho en nuestras apreciaciones literarias -, y la elegí, básicamente, porque se destacaba como el primer éxito de importancia dentro de la carrera literaria del escritor francés. Queda claro que mis gustos están muy distanciados de los de los lectores de la Revue de París, primer lugar donde se publicó la obra.

    El tema de la novela, manoseado hasta la saciedad por la literatura, no me parece un dechado de originalidad, a no ser que entendamos la usurpación del papel de Mefistófeles, por una piel de asno persa, como el súmmum de la inspiración creativa. Pero la falta de imaginación de la trama no es, con todo, lo peor del libro, hay otros aspectos de más peso que convierten a la novela en un auténtico pequeño chasco.

    Su ritmo lento, – moroso según tus palabras -, resulta tedioso y convierte el libro, en mi opinión, en aburrido. Los cambios de escenarios, que en otras obras funcionan como motor de arrastre de la acción, lastran aquí el desarrollo de la historia y la hacen languidecer poco a poco. Pasamos del tiempo actual al pasado, – el protagonista explica buena parte de su vida más reciente – : del París bullanguero a los balnearios de la Auvernia, volvemos de nuevo a París,… Y con cada cambio aumenta la sensación de que la novela se va diluyendo ante nuestros ojos. Al lector únicamente le cabe ser testigo de este decaimiento y en todo caso, si uno es piadoso, consolarse con alguna pequeña oración en memoria del trágico final que se le augura al protagonista. Poca cosa, la verdad, para animar una lectura.

    Cierto que la crítica social está presente a lo largo del libro, pero se tiñe tanto de sofisticación y agudeza que acaba por convertir algunos párrafos en un auténtico suplicio. Sus ocurrentes frases, – algunas, poco más que refinados juegos de palabras -, sorprenden la primera vez, pero, repetidas hasta la saciedad, acaban por transformarse en fatuos juegos florales destinados a encandilar al lector. De buen seguro, no fue ésta la intención del autor, su vida nada convencional así lo deja intuir, pero el resultado final creo que es el apuntado. Podríamos decir que Balzac acera tanto el arma del ingenio, que acaba por herirse de muerte a sí mismo.

    La acritud de su pluma se ceba en dos de los estamentos más respetados de la época: la sociedad y la ciencia. La sociedad le merece un desprecio total, y descarga permanentes exabruptos contra ella, criticando la falsedad de su gentileza y su hipocresía. La ciencia no sale mejor parada, la serie de análisis a que es sometida la piel de onagro, así como las atenciones médicas reclamadas por la precaria salud del protagonista, muestran a un mundo científico ombligo del universo; ni un solo atisbo de duda es capaz de perturbarlo, ¿para qué si la verdad se mece en sus brazos al arrullo de irrefutables teorías?

    De entre los temas desmenuzados por Balzac, hay uno que llama la atención por la relevancia que jugó en su propia vida, me estoy refiriendo a las deudas. No hay duda que aquí la experiencia habla por boca del autor francés, y en poco más de tres páginas nos desgrana el decálogo perfecto de un buen deudor: “Es preciso saludar a los acreedores y saludarlos con cortesía”, “Una deuda es una creación imaginativa que los acreedores no comprenden”, “¡Tenía deudas! Pero, deber, ¿supone pertenecerse a uno mismo? ¿Acaso otros hombres podían pedirme cuentas de mi vida?, ¿por qué dormía, caminaba, pensaba y me divertía sin pagarles?”, “…, mientras que la sociedad no concede ni una sola virtud al libertino sin dinero”.

    En fin, no recuerdo mi experiencia con “La piel de zapa” como muy gratificante, pasó entre mis manos sin pena ni gloria, sin dejar huella, diría. Todo lo contrario que gran parte de las novelas integradas en el ciclo de “La Comedia humana”, hacia aquí creo que hay que apuntar, antes de enfrascarse en la lectura de las aventuras de Raphaël de Valentín.

    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

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