La raíz rota – Arturo Barea

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La raíz rota - Arturo BareaCon la publicación de La raíz rota por parte de la editorial Salto de Página se salda una deuda literaria con Arturo Barea, conocido por su trilogía autobiográfica acerca de la Guerra Civil española, La forja de un rebelde. Esta es la primera edición en España de una obra que, de algún modo, completa a su obra magna y que sirve también para hacerse una mejor idea de la magnitud como novelista de Barea, ya que en esta ocasión es la ficción la que le sirve de base para narrar la vuelta desde el exilio de un ex-combatiente republicano.

La raíz rota, vaya esto por delante, es una novela excelente. El único demérito que se le puede achacar es un cierto descuido en lo formal, con algunas incorrecciones gramaticales y errores terminológicos. Dando por supuesto que, por un lado, el autodidactismo de Barea supuso una inevitable traba a la hora de escribir (al menos ateniéndose a unos parámetros literarios) y que, por otro, su exilio en Inglaterra le privó de la posibilidad de captar el lenguaje popular de primera mano, es lógico que el libro caiga en unos cuantos errores que hubieran podido ser subsanados si esas circunstancias hubieran sido diferentes. Con todo y con eso, la obra se eleva por encima de sus aspectos formales (aciertos y desaciertos) para ofrecer un retrato muy interesante de la sociedad madrileña de posguerra.

Barea crea unos personajes muy sólidos, muy creíbles, aunque con algunas pinceladas dramáticas algo exageradas. Los ambientes, si bien representados con precisión, quedan algo más vaporosos en cuanto a su significación, quizá como resultado del exilio del autor, aunque la enjundia de los protagonistas hace que la carga narrativa recaiga sobre ellos y no sobre el entorno. Son estos los que comunican las posiciones del autor, los que construyen con sus acciones y, sobre todo, con sus diálogos la historia y los que la conducen hacia su desenlace; un final, por cierto, algo previsible y que acusa cierto tremendismo inocente, quizá por un exceso de tópicos que aparecen en el texto y que se hacen difíciles de manejar hacia el tramo final del libro. Con esto me refiero a las posiciones ideológicas y/o morales de algunos de los personajes, muy definidas y que rozan el arquetipo: el hijo menor del protagonista, por ejemplo, un comunista convencido y obscecado; o su hija, beata abnegada.

Sin embargo, la figura de Antolín Moreno, el protagonista que regresa a Madrid después de años de exilio, se alza sobre todos ellos con autoridad. En Antolín se amalgaman cualidades y vicios, miedos y certidumbres, conformando un personaje de ficción muy sólido y de una personalidad incuestionable. En él encontramos a un hombre dubitativo y algo ignorante acerca de los acontecimientos que le impulsaron a participar en la Guerra y exiliarse después; regresa en busca de sus raíces sentimentales y acuciado por una suerte de sentimiento de culpa, pero lo único que encuentra es una familia que pasa por ser un grupo de desconocidos y un Madrid lleno de gentes sin convicción que pelean por buscarse la vida y subsistir en medio de la miseria generalizada. Desnortado y sin nada que le devuelva el recuerdo de un país que ya no reconoce, Antolín se siente utilizado tanto por su familia —cuyos miembros le creen enriquecido y pretenden sacarle todo el dinero posible— como por los personajes que va conociendo en su breve estancia en España; sólo la novia de su hijo menor, Lucía, de espíritu inocente y buen corazón, y Conchita, una mujer inteligente y corajuda que le guía en sus asuntos con algunos turbios personajes, se ganan su respeto. Al resto de caracteres Barea nos los presenta mezquinos y apocados, incapaces de sobreponerse a la desgracia que les rodea y que no sólo les ha hundido en la miseria pecuniaria, sino en la misera moral. Quizá el mejor ejemplo sea Pedro, el hijo mayor de Antolín, un falangista descreído, proxeneta y estraperlista, que trata de medrar en la compleja jerarquía social de la posguerra a base de engaños y fraudes.

La raíz rota es un excelente espejo de personajes, una muestra de escritura honesta, un ejemplo de lo que la literatura puede hacer por la vida. Bien es cierto que Barea no es un Baroja, por ejemplo, pero su estilo franco le otorga a la narración un punto de credibilidad que no tendría de ninguna otra forma. Una lectura cruda, pero muy verdadera.

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2 Comentarios

  1. Perdonad, pero no es la primera edición, porque al menos existe una versión en la colección de libros del periódico Público del año 2011 que es la que yo he leído. Y recomiendo el libro.

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