Los trabajadores del mar – Victor Hugo

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Los trabajadores del mar - Victor HugoHay escritores cuya lectura es un placer inenarrable. Y es que por algo los clásicos son clásicos: porque, a pesar del tiempo, conservan íntegra su capacidad de emocionarnos, interesarnos y, sobre todo, clavarnos al asiento con el libro en las manos, sin que deseemos soltarlo ni por un instante (algo que, como comprenderán, no es invento de Stieg Larsson).

En Los trabajadores del mar encontramos de nuevo esa prosa soberbia y esa habilidad para ejecutar la trama, propias del gran Victor Hugo. Una prosa que carece  de toda ampulosidad y se vuelca en reflejar con sencillez la realidad. Esta realidad puede ser tangible o moral pero, de alguna manera, la descripción que de ella hace el autor es siempre certera. Cada frase se convierte en un aforismo perfecto mediante el uso de imágenes casi siempre sorprendentes.

En cuanto a la trama, Hugo es todo un maestro a la hora de mantener el misterio a través de los meandros por los que discurre el hilo narrativo. Una exquisita dosificación de información permite que el lector entre en el juego de adivinar que derroteros tomará la historia, acertando unas veces y sorprendiéndose otras.

No obstante, pongámosle un pero a Victor Hugo. Y no voy a señalar como tal sus largas descripciones, en ocasiones verdaderas digresiones, porque en ellas brilla igualmente el genio del francés, que acierta siempre en las imágenes y sorprende en los símiles. El defecto de Victor Hugo radica en sus heroínas. Mientras los personajes masculinos se dibujan nítidamente contra el fondo de la historia y se definen por sus acciones, las protagonistas femeninas son siempre seres pasivos, que aceptan con resignación el devenir de los acontecimientos.

Hugo describe siempre a sus personajes femeninos como la quintaesencia de la belleza, la virtud y el candor. La mujer debe ser encantadora: esa ha de ser su principal cualidad y en ella se regodea el autor, todo lo demás permanece en la sombra. Sin relieve, sin claroscuros, Déruchete, la heroína de Los trabajadores del mar, es un personaje indiferente para el lector, aunque ella sea el nudo donde nace y muere la trama.

Y este tratamiento de la mujer, esta visión de lo femenino, no deja de ser sorprendente en un autor consciente como pocos de la situación de la mujer: sojuzgada por mil prejuicios, culpable siempre de los pecados de otros, condenada a la miseria moral y, muchas veces, física. Se echa de menos en sus novelas una protagonista de carácter, o cuando menos, protagonistas femeninas con más relieve.

A pesar de ello, el autor logra una vez más iluminarnos con destreza una faceta de la existencia del ser humano. El hombre, en lucha constante contra las dificultades que su entorno le plantea, debe servirse sólo de su ingenio para, más allá de asegurar su subsistencia, alcanzar su realización personal. En Los trabajadores del mar, Victor Hugo recoge la eterna lucha del hombre contra la naturaleza, entendida como el origen de toda industria humana.

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2 Comentarios

  1. Leí hace algún tiempo esta obra de Victor Hugo y experimenté las mismas sensaciones (para bien y para mal), que ya había vivido con otras lecturas suyas (Nuestra Señora de París y Los miserables).Reconocer que se me saltaron las lágrimas en las escenas finales del protagonista en la silla de Gild-Holm-‘Ur no me pareció raro, había vivido lo mismo con la muerte de Quasimodo ó la de Jean Valjean.Pocos escritores logran «tocarme» la fibra sensible, pero Victor lo consigue siempre.
    Mi admiración por Victor Hugo y sus personajes es enorme: su tenacidad (Gilliatt, el protagonista de esta obra, es un ejemplo),su generosidad al afrontar destinos fatales,su inmensa ternura,su capacidad de sacrificio final. Tremendos ejemplos si los confrontamos con el mundo en que vivimos.
    Dicho esto, creo que la enorme erudición de Victor Hugo, uno de sus principales rasgos, redunda negativamente en partes de sus novelas. En la que nos ocupa,se hace necesario un diccionario de términos marinos si deseamos conocer en detalle la acción del protagonista, en especial durante su ímproba tarea para liberar a la «Durande», ello hace farragosa en ocasiones su lectura. Pero Victor Hugo es así,excesivo en todo,ya sea explicando la historia del alcantarillado de París o el viaje eterno de las corrientes marinas.

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