La tierra retirada – Mercè Ibarz

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La tierra retirada - Mercè IbarzLeer La tierra retirada es apartarse del mundanal ruido, del tráfago urbano, para adentrarse en ese otro tiempo vital que es el del campo. Mercè Ibarz narra una memoria del pasado que entronca de manera directa y perentoria con el presente (un presente de 1993, año de publicación de la obra, pero que es tan válido hoy como, seguramente, dentro de otros tantos años), que nos relaciona con un universo en proceso de desaparición y en el que las costumbres se revelan como una sólida base en la que el ser humano cobra conciencia de su verdad interior.

El pequeño libro reúne algunos recuerdos de la infancia y adolescencia de la autora en su pueblo natal, Saidí, una minúscula población del Baix Cinca, una comarca situada a caballo entre Aragón y Lleida. En ese lugar se enmarca la historia de unas gentes que han vivido siempre de la agricultura y la recolección, acostumbrados a batallar contra la naturaleza en todas sus facetas adversas, pero que también han forjado una forma de vivir honrosa gracias a ese desafío. Ibarz recuerda con cariño (aunque sin ningún tipo de sentimentalismo o concesión bucólica) los tiempos en los que las familias se reunían para ejercer algunas labores comunes, como la matanza; esos lazos entre miembros de una misma estirpe, o incluso entre vecinos, creaban una suerte de tejido social que iba más allá de la ocasional ayuda en las tareas.

La autora no se recrea en el recuerdo, sino que indaga en los cambios que se empezaron a producir durante su adolescencia (los años setenta) y que cambiaron el modelo productivo de la región: la introducción de maquinaria agrícola, la ampliación de cultivos y, tiempo después, la adopción de políticas agrícolas comunitarias. Esos cambios son interpretados por la narradora ya madura desde una perspectiva actual, con la ayuda que le presta la distancia temporal. Así, Ibarz retrata a esos campesinos que ven cómo su producto es malvendido por unos intermediarios que tienen más de especuladores que de agricultores, a sus mujeres, auténtico eje de la familia y que de un modo u otro aceptan sobre sí buena parte del trabajo más duro —primero como amas de casa, después como recolectoras de fruta— y a los jóvenes, desarraigados al no pertenecer ni al mundo del campo ni al de la ciudad. Los abusos a los que se ven sometidos por parte de la administración y los inevitables cambios en los métodos y las costumbres hacen que una forma de vida arraigada en el diálogo perpetuo con la naturaleza caiga poco a poco en el olvido.

Quizá un gran acierto por parte de Ibarz sea no caer en la melancolía, en el canto emotivo de la tradición que desaparece. Los personajes que aparecen en el libro, poco dibujados aunque muy reconocibles (amigos, familiares, vecinos), se enfrentan a los cambios con madurez, con honestidad: unos medran, otros sucumben, pero en todo momento uno tiene la sensación de realidad que acompaña a las historias honestas. Cual reportaje periodístico (y es que La tierra retirada tiene más de esto último que de literatura, sin que ello constituya un demérito para el valor de la obra), el texto da cuenta de las desapariciones que el fluir del tiempo va trayendo a Saidí y a la comarca circundante: los cines, las tiendas, las herramientas, la población… La autora va dibujando un paisaje muy concreto, circunscrito a una región específica, pero lo que sucede dentro de ese microcosmos es muy palpable en cualquier otro lugar. Esa tierra retirada a la que alude el título es, precisamente, aquélla que no se trabaja, pero que tampoco se cuida: una tierra que espera recuperar un lugar dentro del entorno, como las gentes de Saidí.

La tierra retirada es un libro conmovedor; no por su carga sentimental, sino por la profunda verdad que toca en sus páginas. La relación del hombre y la tierra cobra una importancia que va más allá de la mera subsistencia: de lo que se trata, en realidad, es de afrontar los inevitables cambios que el tiempo (bien en forma de tecnología, bien en forma de costumbres) trae y de los que nunca nos podemos sustraer. Mercè Ibarz ha creado, con una economía formal bellisima, una obra de proporciones gigantescas. No es de extrañar que el libro se publique en una «minúscula» editorial.

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