La última oportunidad – Richard Ford

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La última oportunidad - Richard FordLa escritura de Richard Ford es cruda y violenta, como lo son sus personajes y sus tramas. Y eso se aprecia en “La última oportunidad” con una claridad absoluta; la historia de Harry Quinn y su intento por sacar de la cárcel al hermano de la mujer que ama es turbia, misteriosa y apasionada.

Ford no hace concesiones: las acciones que Quinn debe llevar a cabo para lograr cumplir su objetivo son incómodas y le llevan a relacionarse con gente poco fiable y a poner en peligro su vida; tampoco los propios personajes son sencillos: tanto Rae, la mujer a la que Quinn ama sin saberlo, o su hermano Sonny, o el abogado que trata de ayudarles a sacarlo de la cárcel, Bernhardt, o el mismo protagonista, están perseguidos por una suerte de maldición, como si sus vidas estuviesen decididas de antemano por un destino absurdo y maquiavélico. No es que el autor deje a sus creaciones a merced de un azar surrealista y tramposo, sino que les sitúa en mitad de unas circunstancias tan caóticas que apenas pueden comprenderlas, mucho menos controlarlas.

En este sentido, el estilo de Richard Ford es una herramienta fundamental para introducirse en esta historia de pérdidas, traiciones y suspense. Directo, ágil y contundente, el norteamericano describe con una sobriedad cargada de lirismo el entorno opresivo de Oaxaca, la ciudad mexicana en la que transcurre la acción. Militares, turistas y sicarios se pasean por un paisaje que funciona como metáfora de la trama que se desarrolla en el libro: el ambiente es opresivo, sofocante, barroco y casi infernal. Los seres humanos parecen despreciar el amor por la vida más básico y las muertes pasan a ser un acontecimiento cotidiano que marca el día a día de un lugar que carece de reglas.

Ford imprime un ritmo trepidante, pero curiosamente lo hace gracias a una narración en la que las acciones se suceden sin prisa, donde los personajes actúan de manera parsimoniosa y los hechos acontecen casi por casualidad. “La última oportunidad” puede tomarse por una clásica novela negra, al más puro estilo de Chandler, pero el trasfondo la convierte en otra cosa: algo más que una historia de perdedores contumaces, aunque Quinn se acerque a esa descripción.

Esperaba que, al cabo de veinte años, el tiempo habría cambiado los sentimientos amargos que invadían su ánimo en aquel preciso instante, y que, si no había muerto, desearía recordarlo como algo placentero; sin embargo, aquella foto en que aparecía junto al caballo de madera le hizo tener la certeza de que no sería así; era como si la fotografía fuera a hacerle alguna jugarreta que lo llenara de tristeza. Ser feliz, pensó, y sintió un agudo dolor en sus intestinos que se fue diluyendo en una alocada espiral gracias al whisky, ser feliz creaba problemas, y no era el menor de ellos ser capaz de soportar la felicidad.

No revelaré detalles, pero no es difícil adivinar que la historia no acaba del todo bien. Y, sin embargo, Ford demuestra una cierta compasión, o simpatía, por su personaje y nos desvela a un Quinn que desafía su suerte y su destino; lejos de acabar como un perdedor absoluto, se enfrente a sus propios miedos para tratar de encaminar sus pasos hacia un futuro prometedor. Quizá este detalle, que puede parece poco importante, demuestra el talento del autor para retratar a un hombre completo, con miedos, virtudes y pasiones. De hecho, se echa en falta que esa “debilidad” de Quinn (pónganle todas las comillas necesarias) no se revele un poco antes, ya que la percepción que hasta entonces se tiene del protagonista es la de un arquetipo del héroe americano. Puede que ese giro final le reste algo de credibilidad al personaje, aunque el detalle sea menor.

“La última oportunidad” es un estupendo libro y una buena muestra del talento narrativo de Richard Ford. Puede que no esté a la altura de sus obras más conocidas, pero sin duda es una lectura muy recomendable.

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