Las bibliotecas perdidas – Jesús Marchamalo

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Las bibliotecas perdidas - Jesús MarchamaloLos libros que recopilan artículos, reportajes, entrevistas o crónicas suelen ser interesantes, pero aburridos. «Las bibliotecas perdidas», sin ser una obra que alcance la excelencia artística, se aleja de esa tendencia por el buen humor y la abundancia de documentación que acompañan a cada una las piezas.

Marchamalo ha reunido en este libro una serie de artículos que se han publicado en los últimos siete años en el suplemento ABCD (cultural del diario ABC), siempre relacionados con el mundo literario. Tenemos textos que hablan sobre las dedicatorias que se escriben en los libros y las extrañas aventuras que corren, apareciendo, desapareciendo e incluso reescribiéndose; sobre la relación entre la inevitable necesidad de trabajar en cualquier oficio para ganarse el pan de algunos escritores, como Kafka, Wallace Stevens o José María Merino, y la relación —peculiar— que entablan con la literatura que escriben; sobre la correspondencia de algunos escritores, de los secretos que se revelan (o se guardan) y de la pertinencia de su publicación, antes o después de la muerte del redactor; sobre escritores que alcanzan cierta fama con su primera obra y después desaparecen de los cenáculos literarios; sobre matrimonios o parejas formadas por dos escritores (Zelda y Scott Fitzgerald; Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares; Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir); sobre la relación entre el tabaco y la creación literaria; sobre las sempiternas peleas y riñas entre escritores; sobre las tensas amistades que unen a los editores con sus autores, y cómo pueden degenerar en odios acérrimos…

Es evidente que algunos artículos son mucho más interesantes que otros. ‘El oficio de escritor’, por ejemplo, nos habla sobre los orígenes curiosos e inciertos de algunos libros: los instantes brevísimos e intensos en los que al escritor «se le aparece» la historia que debe escribir, o las revelaciones ante determinados acontecimientos que, de alguna forma, «dictan» la futura novela. A través de algunas experiencias, como las de Luis Mateo Díez, Enrique Vila-Matas o Luis Landero, el lector se adentra en los hábitos de escritura de los escritores: manías, tiempo de dedicación, espacios en los que necesitan enclaustrarse, etc. No pasan de ser meras anécdotas, claro está, pero la información es extraña y resulta chocante, y lo cierto es que rara vez se tiene acceso a ese tipo de datos. Vean, por ejemplo, los «Seis trucos para escribir novelas» con los que finaliza el artículo:

  • Thomas Mann era tan cuidadoso con sus personajes que imaginaba incluso cómo sería su firma.
  • Evelyn Waugh escribió su primera novela en seis semanas, incluyendo las correcciones.
  • John Steinbeck trabajaba con lápiz, pero tenían que ser redondos, para que las aristas no se le clavaran en los dedos.
  • Para escribir «Los desnudos y los muertos», Norman Mailer ideó un curioso sistema; trabajaba únicamente cuatro días a la semana: lunes, martes, jueves y viernes.
  • Henry Miller siempre defendió que trabajar incómodo constituye una innegable ayuda para la imaginación.
  • Y el truco de John Updike para superar los momentos de sequía es imaginar el libro que está escribiendo en las baldas de una biblioteca pública. Con las cubiertas gastadas y subrayados. Infalible.

Otros textos, como ‘Locos por la literatura’, en el que se analiza la relación entre dedicación artística y estabilidad mental, son muy interesantes por la profusión de información. Aunque los artículos suelen quedarse en lo trivial y anecdótico (recordemos que en su origen eran columnas de un suplemento cultural), la verdad es que revelan datos que arrojan algo de luz sobre algunas grandes figuras del mundo literario.

Como lectura, «Las bibliotecas perdidas» es atractiva y sugerente; no sobrecarga al lector con un exceso de información y ofrece unas equilibradas dosis de investigación e ironía. Para los amantes de los libros y, sobre todo, de los escritores.

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