Los javaneses – Jean Malaquais

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Los javaneses - Jean MalaquaisEn las minas de plomo y plata de la Costa Azul malvive y trabaja una colonia de obreros, la mayoría extranjeros. Se la denomina la Isla de Java y a sus moradores, los javaneses. Trabajan duro en la mina, se emborrachan en la cantina del pueblo cercano y desfogan su sexualidad en un burdel. Junto a ellos, comparten penurias sus mujeres e hijos. A pesar de las penalidades, son moderadamente felices.

La historia de Los javaneses está basada en las vivencias del propio Jean Malaquais (nacido Vladimir Jan Pavel Malacki) como minero en el sur de Francia. Es por tanto un testimonio de primera mano de las precarias condiciones de vida de esos trabajadores, pero no es en absoluto una novela que pretenda remover conciencias o lanzar un grito proletario.

Malaquais se limitó a escribir sobre lo que conocía y lo hizo con sencillez y sin alharacas morales ni literarias. El resultado es una novela honesta, directa y de fácil lectura. Con un lenguaje llano, coloquial, que caracteriza  a la voz del narrador pero también a la de los javaneses, la narración sigue las peripecias de una multitud de personajes, sin que exista un protagonista claro. Podría decirse que Los javaneses es una novela coral o bien que la protagonista es Java, esa isla donde los mineros viven como felices salvajes, sin otra aspiración que ganar lo suficiente para satisfacer sus necesidades de comida, bebida y sexo.

A la Isla de Java no le importa de dónde vienen esos hombres que viven en sus barracas, tampoco qué hacen, qué sueñan, en qué trabajan. El poblado es verdaderamente una isla a donde el resto de lugareños no llega y sus habitantes, de todas las nacionalidades, hablan un lenguaje propio compuesto a base de palabras de todas las lenguas. Están solos, aunque vivan apiñados. Y, en el fondo, son profundamente libres, aunque parezcan prisioneros de la miseria y la precariedad.

Sin tono ni intenciones panfletarias (que, por otro lado, nada tendrían de malo), Jean Malaquais sigue el día a día de sus personajes, los toma, los deja, los enfrenta y los une en pequeñas tramas que conducen la historia hacia un desenlace que puede ser entendido como una victoria de los javaneses sobre sus duras condiciones de vida, pero que también encierra una derrota.

Los javaneses parece querer enseñarnos que, para ciertas gentes, no existe salvación posible. Pero tampoco buscan salvación. No tienen sueños que vayan más allá de dormir el sueño del agotamiento el día de descanso o beber una botella de vino. En esas vidas, los sueños no triunfan, no pueden triunfar; por eso la mayoría se ahorra el esfuerzo de tenerlos. Y los que los tienen, y algunos personajes hay en la novela que albergan pequeñas ambiciones, verán tarde o temprano defraudadas sus esperanzas.

Jean Malaquais contó en Los javaneses lo que había vivido, y lo contó como lo había vivido. No buscó interpretar su experiencia y la de tantos otros trabajadores desde ninguna óptica. Se limitó a narrar lo que conocía de la vida de los mineros del sur de Francia como lo haría un javanés: con sencillez, sin dar otra importancia a los pequeños sucesos del día a día que la que tienen, sin épica ni grandilocuencia, e incluso con una candorosa alegría. El resultado es una novela sencilla que, precisamente por su sencillez, es un testimonio franco de la inalienable dignidad de los trabajadores.

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