Los sótanos del Vaticano – André Gide

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Los sótanos del Vaticano - André GideAndré Gide es uno de los escritores franceses más señalados del pasado siglo, como lo demuestra que fuera galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1947. Tal vez su novela más afamada sea, con razón, Los falsificadores de moneda (1925), pero Los sótanos del Vaticano, escrita una década antes, es una historia cuyos rasgos anticipan ya toda la enjundia literaria de su obra más conocida.

Entre esos rasgos está la trama: una organización criminal estafa dinero a cristianos pudientes haciéndoles creer que el Papa León XIII ha sido secuestrado por los masones, quienes han colocado a un doble en su lugar. El dinero recaudado habría de emplearse en rescatar al Sumo Pontífice, restableciendo así el orden natural, pero divino, de las cosas.

Esta original y desopilante trama, que aún hoy puede ser leída con todo interés, tiene su razón de ser en las luchas de poder que en las últimas décadas del siglo XIX tuvieron lugar entre el Papado y los Estados laicos (especialmente el italiano), cuando los estamentos reaccionarios lamentaban la pérdida cada vez mayor del poder temporal a la que hacía frente El Vaticano, y buscaban restablecerlo. En este contexto, el carácter conciliador de León XIII es usado por Gide en su novela para indicar que el representante de Dios en la tierra bien pudiera ser un masón que pretendía hacer avanzar “desde dentro” las ideas progresistas del siglo.

Sobre ese fondo, el escritor sitúa a diferentes personajes cuyo atractivo crece a medida que la historia se desarrolla. Obviamente, todos ellos juegan un papel en los acontecimientos narrados, pero además guardan una relación entre sí, relación que muchas veces ni ellos mismos conocen. Y, como el lector apreciará, ninguno de los actos de estos personajes es casual, todos contribuyen a crear el artefacto perfecto que resulta ser Los sótanos del Vaticano.

Lo exquisito del mecanismo con que André Gide desarrolla la narración, haciendo coincidir todos sus engranajes, no debe distraer la atención de los propios personajes. Peculiares, filosóficos y bien trazados, dan hondura a una historia que, de otra forma, tal vez corriese el riesgo de quedarse meramente en la relación de un asunto singular.

Todos los personajes tienen un carácter propio  y un peso semejante en el transcurrir de los acontecimientos, pero tal vez la aventura de Amédée Fleurissoire le haga especialmente reseñable.  A pesar de su natural apocamiento, su fe y la conciencia de que participa en hechos extraordinarios le infunden un valor que supone para él un renacer a una vida nueva, convirtiéndole momentáneamente en un pequeño héroe. La sensibilidad del escritor para retratar ese cambio sutil pero contundente y trasmitirnos su alegría y su esperanza son un feliz ejemplo de su habilidad para crear personajes sin costuras.

Así pues, Los sótanos del Vaticano aúna una trama atractiva y personajes bien elaborados, siendo en general una novela amena, ligera y muy atractiva. Razones suficientes para que todo lector le reserve un hueco en sus lecturas futuras. No dejen de hacerlo.

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