Mademoiselle de Maupin – Théophile Gautier

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Mademoiselle de Maupin - Théophile Gautier“Mademoiselle de Maupin” destaca entre las primeras obras de Théophile Gautier como un prototipo perfecto de la literatura del Romanticismo, aunque ya se aprecian en ella las orientaciones de forma y fondo que desembocarían más tarde en el Parnasianismo, movimiento del que Gautier fue fundador.

La exaltación romántica del sentimiento, el subjetivismo inmoderado, el gusto por desenvolver las escenas en parajes pintorescos tales como castillos o lúgubres bosques, la persecución hasta la extenuación por parte de los personajes de un ideal inalcanzable y la pesadumbre infinita por la imposibilidad de satisfacer ese anhelo… llenan las páginas de “Mademoiselle de Maupin” en lo que se ha convertido para mí en un agradable reencuentro con el Romanticismo más feraz.

Sin embargo y a pesar de todo lo anterior, “Mademoiselle de Maupin” es una obra plenamente contemporánea en el tratamiento de su tema principal, y esto lleva al lector actual de forma amena y agradable a través de una lectura que de lo contrario tal vez se haría un tanto farragosa.

Y el tema principal de la obra viene a ser ese que tanto ha preocupado y preocupará a los autores de todas las épocas, a saber: la relación entre los sexos, basada por lo común en una visión estereotipada del sexo contrario.

“Mademoiselle de Maupin” narra en principio el dilema del joven D’Albert, un muchacho sano que alberga la intención de conseguir una amante hermosa para hacer con ella lo que cualquiera haría. La satisfacción de los instintos, la consecución del placer son una necesidad de primer orden para un hombre que no se engaña a sí mismo sobre la naturaleza sensual del ser humano. Pero D’Albert, después de conseguir como amante a una mujer de gran belleza se siente insatisfecho en un plano espiritual. Por debajo de su necesidad de un amor físico y complaciente, bulle la necesidad de un amor ideal, puro, originado por una mujer de una belleza sobrenatural pero también de un carácter único y diferente.

Pero para asombro y desesperación del joven protagonista ese amor será inspirado por un hombre, y aunque D’Albert se horroriza por ver despertar en él al instinto de la carne y al anhelo del corazón por causa de un muchacho, admite con honestidad la realidad de sus sentimientos, a los que juzga como una broma macabra de la fatalidad, que se burla así de su deseo de amar a alguien sólo si posee las mejores cualidades.

Naturalmente el muchacho no es tal, sino una hermosísima joven llamada Madelein de Maupin quien, deseosa de saber cómo son en verdad los hombres antes de entregarse a alguno, adopta ropas de varón para así acercarse a ellos y conocerles de cerca. Las razones que aduce mademoiselle Maupin dejan traslucir claramente la situación absurda de la mujer, condenada a esperar bordando el momento de ser desposada.

Educada sólo para el matrimonio, a la mujer se le vedan otros muchos conocimientos, pero sobre todo, el de saber cómo son aquellos que gobernarán sus vidas desde el día de la boda. Ignorantes de la realidad, sojuzgadas por una sociedad que supervalora una virtud mal entendida, las mujeres tejen ensueños que rara vez se cumplirán.

Maupin, observadora, comprende que los hombres ocultan una cara menos fina que la que muestran a las jóvenes casaderas, pero mucho más interesante y, por encima de todo, real. Este convencimiento es el que la impulsa a, vestida de hombre y una vez desarrolladas las cualidades más características del otro sexo, buscar la compañía de varones que, tomándola por un camarada, le muestran esa cara un tanto más brutal que la joven buscaba conocer.

Mademoiselle de Maupin se horroriza al principio ante el espectáculo de esos hombres borrachines y pendencieros, que abandonan los brazos de amantes hermosas y leales para meterse en la cama de posaderas y rameras, y que como entretenimiento mancillan la virtud cuidadosamente cultivada de jovencitas incautas. Mas después, la inteligente joven comprende que la gazmoñería inoculada desde la cuna es lo que convierte a las mujeres en esos seres despreciables que aguardan deshojando flores a que un caballero galante convierta en realidad unos sueños que carecen de base real por desconocimiento.

Satisfecha de los resultados de su experimento, mademoiselle de Maupin sabrá sacarles el mejor provecho, como demuestra el desenlace de la historia.

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5 Comentarios

  1. […] qué vino y cultura? En el prefacio a Mademoiselle de Maupin, Téophile Gautier, entre críticas a críticos, dice: “No existe nada realmente hermoso si no es lo que no puede […]

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