Mi Marruecos – Abdelá Taia

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Mi Marruecos, primera novela de Abdelá Taia, recoge el relato autobiográfico de la infancia y adolescencia del escritor. Como documento vital no está exento de interés, al permitir atisbar la vida de un muchacho de clase humilde que se crió en las últimas décadas del pasado siglo, pero en un país y una cultura islámicos. Las diferencias no pasan, sin embargo, de ser superficiales, pues la esencia de la infancia siempre es la misma: el colegio, la familia, los amigos con los que corretear por las calles, el primer amor y, sobre todo, el deseo de crecer, de aprender.

Pero Mi Marruecos es, principalmente, un lamento nostálgico que apunta no sólo a la infancia perdida, sino también al país abandonado. Taia, que escribe desde Francia, se sirve de esta narración para recorrer de nuevo su barrio, su casa, la imagen de su madre e incluso sus comidas preferidas. La añoranza marca las páginas de la novela, de cada historia que se cuenta, y es fácil adivinar que ponerlas en palabras es la manera de la que se sirve el autor para fijarlas en su memoria.

De esta manera, asistimos a un desfile de parientes, amigos, compañeros de clase… cada uno de ellos ligado a una historia que se entrelaza con la del escritor: un niño fascinado por Bruce Lee y, más tarde, por Paul Bowles. Y es que la literatura, los libros (entre los que su padre, funcionario de la Biblioteca General de Rabat, le paseaba cuando sólo era un bebé), se presentan como la gran pasión de Abdelá Taia. Una pasión que se describe con el mismo gozo con el que se habla del primer amor, si éste además durase para siempre.

Como la de cualquier niño, la infancia del niño Abdelá giró alrededor de su madre: M’Barka, una mujer enérgica, abnegada, imbuida de una gran religiosidad; pero a la vez, algo anacrónica, aferrada a un modo de vida que no puede ser ya el del tiempo de su hijo. Y, en el fondo, esa relación con M’Barka no es sino un trasunto de la relación de Taia con el propio Marruecos. El vínculo que lo une a su madre, pero también a su país, es puramente emocional —y, desde ese punto de vista, muy vigoroso—; pero, intelectualmente, Taia y M’Barka, Taia y Marruecos, se encuentran a siglos de distancia, en posiciones casi siempre opuestas, aunque no irreconciliables.

Mi Marruecos es un libro que destila honradez y sinceridad; para el lector resulta evidente que el autor se ha volcado en él tal y como es. Es en consecuencia un libro que rebosa sentimiento, e incluso fuerza. Sin embargo, se reconoce también en él la candidez balbuceante de una primera obra. El apasionamiento, la sensibilidad de Abdulá Taia se muestran en bruto, sin ningún tipo de refinamiento literario, de manera que a veces se tiene la sensación de estar leyendo las páginas de un diario escolar. Encauzar esa pasión, distanciarse para que la escritura sea más madura es, supongo, una cuestión de trabajo y tiempo. Mi Marruecos no es un mal punto de partida.

1 Comentario

  1. […] Así que mientras te decides a ir o no a Marrakech, tomate un buen té a la menta y déjate llevar por la música árabe y un buen libro de Abdellah Taïa. […]

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