Aire Nuestro – Manuel Vilas

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Aire Nuestro - Manuel VilasComienzo esta reseña con una confesión: no entiendo la propuesta que hace Manuel Vilas con Aire Nuestro. Quizá la formación literaria de cada uno condicione de manera inevitable la percepción que tenemos de determinados libros, pero creo que esta obra queda a años luz de lo que parece pretender y, desde luego, no considero que pueda sentar las bases (ni siquiera reafirmarlas) de una nueva concepción de la narrativa. (Podríamos hablar aquí de mutantes, postmodernidad, monstruos o cualquier-otra-categoría que se prefiera, pero no considero adecuado debatir asuntos tan abstrusos en esta web de meros lectores.)

Definir un libro como éste es complicado: la aventura literaria que propone Vilas está repleta de personajes, tanto reales como ficticios, de tramas descabelladas y de elementos de todo tipo que se combinan en las distintas secciones que conforman la obra. La relación, precisamente, entre realidad y ficción es quizá el eje del texto, en tanto el autor utiliza los nexos entre una y otra para tejer sus historias. De ahí que a lo largo de las páginas encontremos a Johnny Cash haciendo turismo en Santiago, a Dámaso Alonso en el Purgatorio, a Elvis susurrando canciones a distintos personajes, a Zapatero transmutado en profesor de inglés, a Juan Carlos I moribundo o al propio Manuel Vilas hablando con su difunto padre. Casi nada.

Y ahora viene lo difícil: ¿funciona todo esto? Para el que suscribe, no. Se puede echar mano de algunos tópicos críticos y decir que hay mucho humor en Aire Nuestro, que Manuel Vilas ofrece un manejo del tiempo narrativo bastante impresionante, que su imaginario ficcional es desopilante, que aúna elementos de la alta y la baja cultura —algo que parece gustar mucho a los post-postmodernos—, que hay un aire de humanidad muy sentida en casi todas las historias… Sí, se puede decir todo esto y más, pero la cruda verdad es que Aire Nuestro es un pastiche deslavazado, con unas referencias exageradas a todo aquello que huela a modernidad (y no se trata de blogs, implantes o cibersexo, sino todo aquello que algunos han decidido que es la modernidad —léase: tirar de tópicos rancios y españolistas como excusa para el humor, renunciar a cualquier atisbo de trama o historia, alternar espacios físicos y temporales—) y con una nula capacidad de atraer la atención del lector.

Eso ocurre, sobre todo, por la falta de una base narrativa sólida a la que asirse; que nadie venga con deconstrucciones y teorías similares para argumentar que hoy en día no hace falta construir una trama lineal y costumbrista para contar una historia: todo eso ya lo sabemos. Sin embargo, lo que ofrece Vilas es una panoplia de textos carentes no ya de sentido, sino de finalidad: historias que ponen en juego personajes, tramas y situaciones, pero que no conmueven, que no comunican nada. Podemos reírnos ante algún gesto, ante alguna acción aislada, pero esa amalgama de absurdos no provoca en el lector otra cosa que no sea apatía. El juego narrativo es visible y hasta encomiable, pero su dilatación extrema lleva la literatura al delirio, al éxtasis egocentrista y, en suma, a la incomprensión.

Reitero, eso sí, mi apreciación personal de todo este entramado lingüístico (al que se me hace difícil llamar «libro»). Reconozco que no aprecio la forma de entender la literatura de Vilas (y algunos otros a quienes se suele englobar con ciertas etiquetas) y me parece que las supuestas virtudes que se le atribuyen a su narrativa —modernidad, frescura, vanguardismo, tecnología, hibridación— son clichés ya superados y utilizados a lo largo de la historia de la literatura por muchos autores de una forma u otra. Creo que el propósito de un libro es conmover mediante la plasmación de una historia, y creo que la forma en que eso se lleva a cabo puede ser tan variada como autores existen; pero tengo la impresión de que la mercadotecnia de este/os autor/es trata de vender como novedad lo que es, simplemente, una atroz falta de ideas y una incapacidad mayúscula para crear y contar una historia. Todo lo demás es ruido.

17 Comentarios

  1. Creo que se esta juzgando el trabajo de Vilas desde la perspectiva erronea. El libro no se encuentra en la disyuntiva entre poesia o novela, ficcion o realidad, sino en el mundo de lo fabulativo. De las capacidades que tenemos para fabular, dar sentido a la experiencia de la vida aqui y ahora. Ciertamente es un estilo mas narrativo en la tradicion norteamericana, donde nadie tiene que lidiar con el peso del dolmen modernista para poder escribir. Basta con tener ganas de contar cosas, y no existen tantas reglas de uso de la experiencia de lo literario. Ventajas o desventajas de una sociedad en permanente estado de actualizacion, o por decirlo mas literariamente, de reinvencion. Quizas por eso favorece modos narrativos mas fluidos y dinamicos que una constante necesidad de mirar al pasado, al principio de autoridad, para darle sentido al presente.
    En este sentido, existe una clara logica historica en la emergencia de proyectos como el Vilas. En este momento, sobre todo para los que no trabajan en el sector publico o son funcionarios, la vida se asemeja mas a este “sin-sentido” de historias fragmentadas, desposeida de coherencia interna que al formato de historias lineales, coherentes y llenas de palabras con sentido. Para muchos de nosotros, palabras como trabajo, empleo, casa en propiedad, hipotecas, jubilacion, sueldo, seguro medico, acceso a una educacion publica y gratuita real carecen de la solidez y sentido propio que algunas tuvieron en el pasado. El proceso vital ha dejado de tener coherencia interna: siendo mil-euristas ya sabes que pagas por una casa que nunca va a ser tuya, un acceso a la educacion publica que solo va a permitir a tu hijo ser funcionario, con suerte, o otro subempleado a mil euros el mes. La coherencia narrativa de la vida publica se ha transformado en palabras flotantes, cuya sentido depende de la retorica politica del momento. Esto me lleva a mi ultima reflexion: me temo que hay tener conciencia de proletario para poder disfrutar de los libros de Vilas y Cia. No se confundan, proletario en su sentido original, aquello que se multiplica en una sociedad pero que carece de forma politica, social, estetica o cultural concreta. Originariamente los patricios romanos usaban este apelativo para las familias plebeyas que se multiplicaban mas alla de los razonable para los intereses de la republica romana.

  2. La habitual mezcla: unas pinceladas de Murakami, unas fotitos de Sebald, alguna salvajada de Bolaño y al fondo Borges ciego y Nabokov mudo. ¿Pero nadie se ha dado cuenta del descarado plagio (dicho sin implicaciones legales, ojo) de La guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams? Vilas es uno de los autores (vivos) que prefiero, pero desde luego no en Aire nuestro, debe volver a Huesca, a Barbastro, a Jaca, a la poesía y leer a los clásicos que diría Azorín…por cierto Fernández Mallo que es físico podía ayudar con las tontadas de quarks y neutrinos. Dr.J

  3. Es incuestionable. Será literatura de categoría o lo que queráis, pero es mucho más fácil hacer textos ocurrentes y mezclarlos en una coctelera más o menos aleatoria que construir una buena historia y contarla con palabras bien escogidas.

    F. Mallo es muy moderno y muy rompedor, pero lo que hace es mucho más fácil de hacer que lo que hacen otros escritores/as. Y por eso -porque es mucho más facil- tiene mucho menos mérito.

  4. Es habitual que los poetas tengan dificultades para enfrentarse al desarrollo eficaz y atractivo de una trama narrativa. Y es normal. Los poetas son poetas y los novelistas son novelistas. Ejemplos de poetas que no acaban de narrar de verdad son Benitez Reyes, Fernandez Mallo y no sé si Vilas. Tal vez también.

    Así que sus textos no son novelas. Son prosa lírica de muy alto nivel literario aunque de muy difícil lectura.

    El problema con mayúsculas es que la poesía no vende. Y los poetas se tienen que meter a novelistas para vender algo.

  5. Ana: Vilas se rió en La 2 de los narradores tradicionales ( los que viven en la guerra civil y nosotros, en la guerra de las galaxias; tiene en mente con F. Mallo un manifiesto; están de acuerdo en todo, que es nada…) Su poesía no es vanguardista, sólo copia de poesía narrativa norteamericana.

  6. Vilas jamás ha sido un vanguadista ni un mutante ni nocillero. Eso es una confusión del periodismo cultural, que meten a todos en el mismo saco. Lean su poesía y lo comprobarán. Meten a todos en el mismo saco por pereza.

  7. Sí, Raúl, con defensas como las vuestras, la novísima narrativa tiene los seguidores que se merece; tal es la talla de ambos.

    Lean los artículos de Javier Marías el 2 de febrero en El País Semanal, y el de lanavedeloslocos.blogspot y después opinen con fundamento. Un buen teórico de la literatura se ha retirado de los cibernocilleros con buen tino (Vicente Luis Mora).

  8. Para raul (sic) el paratáctico: podrías al menos razonar más allá de la gracia chocarrera y poner argumentos en contra de la reseña escrita; algunos intentamos pensar, quizás por otros, visto vuestro nivel de crítica literaria en este rincón de comentarios , todo un síntoma.

  9. Para raul (sic): te falta despedirte con “man” y bróder, a la manera de los nuevos narradores revolucionarios. Pobrecitos.

  10. Totalmente de acuerdo, ya era hora de leer algo coherente y razonado sobre este tipo de libros. Suplen el trabajo de coherencia interna y de pergeñar una trama interesante con desplegar un revoltijo pretendidamente nuevo. En este caso, acumular exageraciones y barbaridades sin ton ni son hasta el infinito. Es bastante fácil ponerse a decir tonterías como Juan Carlos III y jugar con todas las posibilidades de combinatoria en un futuro absurdo e incoherente. La verdad es que prefiero la densidad de Mateo Díez, por citar a un novelista de verdad, que la nocilla para niños con la boca abierta.

  11. Yo te recomendaría volver a releer esta novela en clave más real, sin fijarte en la forma o en la etiqueta, retirando el sentido del humor que dices tiene, fijándote en lo esencial, en lo que se dice y no se dice. Después vuelves a reseñar en este espacio la novela o el libro, o como quieras etiquetarlo, no dudes de que vendré a leer tu o vuestra reseña.

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