Bajo el signo de Marte – Fritz Zorn

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Bajo el signo de Marte es un libro áspero, ingrato en ocasiones e incómodo la mayor parte del tiempo. Fritz Zorn (seudónimo escogido por el autor con clara intención, ya que «zorn» en alemán significa «rabia») realiza un ejercicio de autocontemplación duro y exigente, sin concesión alguna ni al lector ni a sí mismo; si la expresión «desnudar el alma» no estuviese tan gastada sería, sin duda, la que debería aplicarse a este libro.

Zorn nos cuenta una suerte de historia de su vida desde la certeza de que está condenado a morir por un cáncer. Y esa historia se convierte en un proceso reflexivo mediante el cual el autor pone en tela de juicio la educación que ha recibido, el medio social en el que se ha movido, la conducta de sus padres y de sus conocidos, la forma de encarar la vida de toda una sociedad. Aunque la vida de Zorn se desarrolla en Suiza, y es a sus compatriotas a quien se refiere de manera constante, lo cierto es que las ideas del narrador son tan universales como certeras.

Lo cierto es que la exposición de esas ideas y la narración propiamente dicha de algunas situaciones de la vida del protagonista ponen de manifiesto que Bajo el signo de Marte es interesante como lectura, como acumulación de reflexiones, pero no como literatura. Zorn pretendió escribir algo parecido a unas confesiones desde un punto de vista narrativo, pero si bien el fondo es sumamente atractivo, la forma adolece de linealidad, falta de frescura y de ritmo. Apenas hay concesiones al lirismo y el profundo matiz de intimidad que rezuma el texto queda, sin embargo, desdibujado ante la frialdad del narrador, incapaz de exponer con verosimilitud emoción alguna. Con todo, quizá ese demérito juega a favor del libro, ya que la situación del protagonista se contempla desde una posición más fría, más inclemente: lo que le sucede a Fritz Zorn, los hechos que (según él) le han ido conduciendo hasta su estado enfermo, se ven reflejados con una distancia que los hace aún más terroríficos.

Aunque el libro está lleno de cuestiones, Zorn esboza una cuestión esencial para ilustrar su estado: la oposición entre el individuo y la familia; para el narrador, sus padres y la educación que recibió son la causa de su enfermedad, tanto la física (el cáncer) como la moral (Zorn también sufrió depresiones constantes desde muy joven). La actitud de superioridad moral que adoptaba su familia (integrante de la alta burguesía suiza) hizo que el autor viviese la vida «desde fuera», desde una posición meramente contemplativa que le privó de experimentar en carne propia experiencias, frustraciones y miedos. De hecho, la carencia de relaciones sexuales se convierte para Zorn en un hecho trascendental: no sólo carece de afecto y pasión, sino que su incapacidad para atraer o verse atraído por una mujer es un trasunto de su verdadera imposibilidad, el no poder vivir como un auténtico ser humano.

Es interesante reparar en los detalles que el autor va revelando de manera sutil a lo largo del texto. Por ejemplo, su obsesión por la higiene personal y por el aspecto físico acaba por resultar esclarecedora: al igual que no permite que el polvo le manche, así también evita el contacto con los demás y consigue que nada le afecte de forma directa. Ese constante alejamiento que se impone Zorn con los demás hace que sienta el cáncer que le corroe como una respuesta física ante su sufrimiento moral: sus «lágrimas tragadas» —como él dice— sólo le han arrastrado hasta su consunción. Y a pesar de su desesperada situación, encuentra fuerzas para sentirse orgulloso de reconocer cómo ha sido su vida y de mantenerse fiel a sí mismo (en lugar de haber adoptado el modo de vida de sus padres, que en ningún momento flaquearon en su decisión de mantener las apariencias hasta el punto de abandonar cualquier atisbo de humanidad): eso constituye su pequeña victoria dentro de la «inmensa derrota» que es su existencia.

Bajo el signo de Marte es un ejercicio de autocontemplación muy honesto, profundo y desgarrador. No pertenece por su estilo a una “gran” narrativa (como podrían ser otros libros de memorias al estilo de Primo Levi, por ejemplo), pero no hay duda de que su fondo es tan conmovedor como interesante. Es una lectura que nos abofetea, que nos demanda y nos trastorna; y, al fin y al cabo, ése es uno de los objetivos de la literatura, ¿verdad?

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