Mi vida en rose – David Sedaris

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Mi vida en rose - David SedarisDavid Sedaris es, por lo visto, una estrella en Estados Unidos por sus apariciones en radio y televisión; a lo que parece, es una especie de Buenafuente de allí. Tan estrella es, que se ha visto obligado a refugiarse en Francia para poder vivir en cierto anonimato (esto es lo que dice la contraportada).

Y, como nuestro Buenafuente, este libro contiene unos cuantos relatos que, más que cuentos al uso, muchas veces parecen monólogos. Algunos son muy, pero que muy divertidos; otros, no. Sedaris no es un buen escritor, en el sentido más “literario” del término, y se contenta con tratar de agradar al lector con una sucesión de anécdotas, chistes y malentendidos. La mezcla funciona, pero no durante todo el texto.

El libro se divide en dos partes claramente diferenciadas. La primera contiene relatos que tienen mucho que ver con la adolescencia del autor y sus experiencias con el colegio, sus primeros trabajos y, sobre todo, la relación con su familia. Así, en un texto llamado ‘Doce momentos en la vida del artista’ Sedaris nos cuenta su fracasado intento de llegar a convertirse en artista plástico, con numerosas anécdotas (desternillantes, en su mayoría) acerca de cómo crea obras con materiales inusuales y el efecto que provoca en los demás. En ‘La curva de aprendizaje’ nos narra su experiencia nefasta como profesor de escritura creativa. Y así en otros de los textos. Como digo, en esta primera parte las relaciones con su familia están muy presentes, y las historias que se refieren a su padre y a sus hermanas llegan a hacerse un poco pesadas. El monólogo tipo “Club de la Comedia” sólo funciona a veces, porque en ocasiones sus peripecias vitales carecen de sentido, de gracia y de interés.

Esto mejora en la segunda parte, en las que los textos cuentan su experiencia como “exiliado” en un pueblecito de la Normandía francesa. Los contrastes (a veces, muy clásicos y manidos, aunque no por ello menos interesantes) entre la forma de pensar de un norteamericano y el modo de vida europeo son, en buena parte de los casos, hilarantes. Sedaris sabe reírse de sí mismo y de sus compatriotas, aunque no le saque mucho jugo. Las historias que cuentan sus clases de francés son desternillantes, por la multitud de malentendidos que se generan y por la visión mordaz que nos da sobre los estadounidenses y su prepotente manera de viajar y entender al resto del mundo.

En general, sin embargo, el libro tiene un nivel bajo. Para estar constituido a base de piezas breves que, supuestamente, se basan en el humor, no consigue arrancar la sonrisa tanto como debería. Sedaris tiene momentos brillantes, pero se quedan en simple destellos, y el libro adolece de una continuidad, tanto en su humor como en su trama. Los relatos son, a veces, repetitivos, y sus obsesiones familiares y sentimentales salen a relucir una y otra vez, tapando anécdotas que quizá hubieran sido más jugosas. En resumen, un libro para leer en el metro y pasar ratos amenos.

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