Mis peripecias en España – Lev Trotski

0
1371

Mis peripecias por España - Lev TrotskiEn 1916 Lev Trotski llegó a España procedente de Francia. Con Europa sumida en la Guerra Mundial, había sido expulsado del país vecino —y aún antes de Alemania— por pacifista. Dos policías franceses lo escoltaron desde París hasta Irún, y desde San Sebastián, ya en solitario, llegó a Madrid.

Mis peripecias en España reúne las crónicas de ese viaje no planeado por España que Trotski publicó, ya en 1924, en una revista literaria soviética, basándose en las anotaciones que realizó durante su improvisada estancia en nuestro país. Humorísticas, y en ocasiones incluso sarcásticas, estás páginas dan cuenta de las vicisitudes de su viaje a la vez que recogen sus impresiones sobre España y los españoles.

Trotski llegó a Madrid:

Cuando, al llegar a una nueva ciudad, una multitud de gente os arrebata la maleta de las manos y, al mismo tiempo, os proponen limpiaros las botas —un «limpia» por cada pie—, comprar periódicos, cangrejos, cacahuetes, etcétera, podéis estar seguro de que las ciudad deja bastante que desear desde el punto de vista sanitario; de que hay mucha moneda falsa en circulación; de que en las tiendas cargan los precios sin piedad, y de que las chinches abundan en las fondas.

Y en Madrid encontró que dos clases de edificios monumentales dominaban la ciudad: las iglesias y los bancos. Que había ausencia de industria y exceso de devoción hipócrita. Y que había un magnífico museo.

Pero pronto la policía española, avisada de la presencia de un peligroso pacifista en sus pagos, internó al ruso en la Cárcel Modelo. Allí Trotski pudo comprobar que el presidio funcionaba como un hotel donde se podían alquilar habitaciones de «primera clase», además de ponerle en contacto con el elemento carcelario patrio.

Desde Madrid, Trotski fue enviado, en régimen de libertad vigilada, a Cádiz, donde debía tomar el primer barco que lo llevará lejos de nuestras fronteras. A pesar de haberse mostrado un sagaz observador, Trotski cae inevitablemente en el tópico: Andalucía es España. Aunque allí, como en Madrid, la pobretería y los vendedores de lotería  inundan las calles, y los periódicos ni mencionan la guerra que desangra Europa al otro lado de los Pirineos.

Para entretener la espera, Trotski visitará la biblioteca, donde comprobará que hay muchos libros en latín pero muy pocos en alemán o francés (los idiomas de la ciencia por aquel entonces). Y que todos ellos están comidos por la polilla, lo que no deja de ser propio de un país que ha acuñado un refrán, «pasar más hambre que un maestro de escuela», que expresa a la perfección su desinterés por la educación.

Trotski demuestra un talento innegable para realizar retratos divertidos de los tipos con los que se cruza (en especial de los policías que lo escoltan) y esbozar el ambiente de las ciudades españolas que visita, done los cafés abren hasta tarde y siempre están llenos de gente que habla alto. Pero también aprovecha su estancia en España para hacer un recorrido por los principales acontecimientos históricos de los últimos siglos, en un repaso que resulta interesante incluso al lector contemporáneo.

Finalmente, la policía española logró colocar al molesto turista en un barco que zarpaba de Barcelona rumbo a Nueva York. Así terminaba el periplo español de un hombre cuyas opiniones desapasionadas sobre nuestro país ponen todavía ante nuestros ojos algunos defectos patrios —inofensivos unos, execrables otros—, que parecen incurables.

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here