Mundo maravilloso – Javier Calvo

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Mundo maravilloso - Javier CalvoA Javier Calvo se le incluye casi siempre en esa generación que se ha dado en denominar “Nocilla” y con cuya existencia tenemos que lidiar, a tenor de los artículos en los medios. Vale. A Calvo, no obstante, le honra el alejarse de etiquetas y el no querer adscribirse a generación o movimiento alguno, por no reconocerse en los parámetros que los definen. Lo cierto es que “Mundo maravilloso” no encaja demasiado bien con algunas de las características que se les atribuyen a esos “nuevos” narradores; en el estilo de Javier Calvo se aprecian a simple vista influencias de los escritores a los que suele traducir: David Foster Wallace, Chuck Palahniuk o Michael Chabon, por ejemplo. Es la suya una escritura muy norteamericana: rápida, mordaz, de personajes arquetípicos, de tramas vertiginosas y de historias enloquecidas.

“Mundo maravilloso” ofrece dosis de todas esas cosas por doquier: adinerados mafiosos con abrigos de pieles, heroínas esculturales que fuman sin parar, sicarios siniestros que practican con precisión el arte del interrogatorio… Todos ellos inmersos en una historia que aparenta ser banal, pero que resulta ser bastante más complicada de lo que pudiera parecer. Lucas Giraut es hijo de un tratante de antigüedades que, traicionado hace años durante una operación de compraventa, pereció en la ruina; ahora Lucas planea asociarse con un antiguo socio de su padre para tratar de averiguar quién le traicionó y por qué. En la aventura que se desencadena a raíz de esta búsqueda de respuestas, Lucas averiguará poco a poco mucho más de sí mismo, de los antiguos socios de su padre y de las relaciones que se establecen entre las personas.

Dicho así, no parece que “Mundo maravilloso” ofrezca algo fresco u original frente a otros libros; la búsqueda de uno mismo, la relación paterno-filial, etc., son temas omnipresentes en muchas novelas y tratadas de un millar de formas. En realidad, Javier Calvo no bucea en esos conflictos emocionales con intención de penetrar en la psicología de sus personajes para mostrar al lector sus interioridades; la historia se desarrolla bajo un patrón estilístico mucho más sencillo, más evidente, siguiendo una trama basada en la acción desenfrenada y la sucesión acelerada de acontecimientos. No quiero insinuar con esto que la novela sea ramplona, o banal; lo cierto es que —como también ocurre en algunos de los narradores estadounidenses que cité arriba— bajo una superficie de hechos que en apariencia pueden resultar incongruentes se oculta una intuición muy fina: Calvo presenta personajes que tienen rasgos cómicos, estereotipados y casi cinematográficos (Juan de la Cruz Saudade, uno de los matones, parece sacado de una película de Quentin Tarantino), pero con algunas características tan humanas como cualquier creación más “seria” o “canónica”. La diferencia de este tratamiento es que Javier Calvo ha creado una novela divertidísima y entretenidísima; y estos dos adjetivos, que en muchas ocasiones sirven para minusvalorar o criticar una obra, pueden aplicarse sin menoscabo alguno de la calidad del trabajo.

“Mundo maravilloso” se lee con fruición, con avidez; uno se puede divertir mucho con cada página, disfrutando tanto con la trama con el estilo del autor, que sabe mezclar con sabiduría el humor, el cinismo y las referencias metaliterarias (cinematográficas, televisivas, políticas…) sin que el ritmo sufra alteración alguna. Y además se agradece que Calvo se ría de todo, incluso de su propia historia (que termina —a la manera de Barth— con autorreferencias a lo paradójico de su conclusión), porque la soledad de todos esos personajes abandonados a sus deseos sería, de otra manera, insoportable: por aburrida y por abrumadora. Quizá por eso el final de una historia tan tensa y con tantos giros sea casi metafórico, irreal; los personajes alcanzan sus objetivos, sus finales, casi por casualidad, sin que todo lo acaecido sea definitivo o decisorio, porque la vida parece situarlos a todos en su lugar con un mordaz sentido del humor. En una historia donde todo parece estar milimetrado, el resultado es tan azaroso como caótico.

Pero lo más importante es que el autor ejerce de maestro de ceremonias con un estilo enérgico, sin ningún desfallecimiento y también sin ninguna muestra de pretender sentar cátedra, o de crear doctrina. Creo que Calvo se ha divertido escribiendo este libro, y ha pretendido que el lector se divierta leyéndolo, sin anegarle en pretenciosidades vacuas, pero tratándole de manera respetuosa e inteligente. Y a mi entender, lo ha conseguido.

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3 Comentarios

  1. Respiro tranquilo. He tenido la ocasión de leer partes del texto El Maravilloso Mundo del Javier y he corraborado mi impresión, pausadamente establecida a la luz de de su profundas reflexiones sobre la naturaleza del indigena canario. Puedo colegir que su altura literaria compite con su profunda compresión del problema de la movilidad geográfica. Si, efectivamente existen godos.

    Aún no he leido una sola palabra de repararación moral e intelectual, pero queda confirmado su gran falta de talento.

    Un saludo

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