Naturaleza infiel – Cristina Grande

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Naturaleza infiel - Cristina GrandeHace no demasiado comenté aquí un muy buen libro llamado “Ropa tendida“, de Eva Puyó. “Naturaleza infiel” comparte algunos de los rasgos más característicos de esa novela, aunque se distancie en la perspectiva emocional que escoge para mostrar la historia. Ambas tienen como protagonista y narradora a una mujer, ambas se dividen en capítulos breves que seleccionan momentos o imágenes de la vida de la protagonista y ambas se centran en esa agonía cotidiana que son las relaciones familiares y, en general, eso que denominamos vivir.

Cristina Grande no es una prosista excepcional, pero tiene una intuición creativa muy fina que conduce su escritura hacia un territorio de conexiones emocionales con el lector. La autora se revela muy generosa a la hora de construir esa voz protagonista que comparte con nosotros el repaso a su existencia. Renata, que así se llama, no es una narradora especialmente incisiva, no profundiza de forma introspectiva en todos los acontecimientos que van sucediendo; no obstante, su mirada sencilla y directa transmite mucha más información de lo que podría parecer. No es una información racional, tal vez, pero sí de orden emocional: ella se desnuda ante el lector sin complejos, pero manteniéndose fiel a su naturaleza. Su relato es sincero porque su voz es casi confesional, puesto que el texto, aun cuando parece apelar a un lector u oyente, en realidad adopta una forma de diario íntimo.

La infidelidad a la que alude el título es la que Renata muestra o emplea para con los demás; si bien es leal a ella misma, no permite que eso pueda traslucir al exterior. Puede sonar a cliché el comentar que la protagonista esconde sus sentimientos y se fabrica una coraza para protegerse del sufrimiento que provoca el contacto humano, pero esta afirmación se acerca mucho a la personalidad de la narradora. Sin embargo, Cristina Grande ha creado un personaje que, con ser débil, se nos antoja como todo lo contrario. Renata tiene una difusa conciencia de sus determinaciones vitales, pero su honestidad para con ella misma es casi total (no así para con los demás). Consciente de sus debilidades y miedos, encara todos los pasos que da con una confianza insólita. Algo, de hecho, que la propia protagonista enjuiciará a lo largo del libro.

No obstante, “Naturaleza infiel” va un paso más allá de la simple presentación de recuerdos e impresiones. La protagonista nos embarca en una prospección del pasado con el objetivo de entender el presente: una especie de búsqueda proustiana en pos de esa memoria que nos hace únicos y nos (con)forma como personas. Renata cuenta cómo era la relación entre sus padres o con sus hermanos y, gracias a ello, alcanza un cierto conocimiento de su vida: los actos de los que la precedieron sirven como posos de café en los que lee el futuro. En realidad, Cristina Grande nos ofrece la construcción de una personalidad a base de recuerdos.

Cada uno de esos recuerdos, más o menos recientes y sin un orden temporal preciso, sirve a la protagonista para elaborar una conclusión, o al menos para intentarlo. Su naturaleza infiel se muestra sin tapujos: la relación con su hermana, por ejemplo, es difícil casi desde la infancia, y la que mantiene con su madre es escurridiza y elusiva hasta el final. Sólo a través de la remembranza de su historia (de la historia de todos ellos) adquiere Renata una suerte de tranquilidad espiritual, un punto de estabilidad que ordena de alguna forma su desordenada existencia. Quizá sean lo de menos las peripecias que acontecen en el libro, las desgracias y las alegrías, los reencuentros y las muertes, porque lo que importa es la travesía que hace la protagonista para llegar, en la medida de lo posible, a entenderse.

Y ese detalle hace de “Naturaleza infiel” un libro especial. Puede que el estilo de Cristina Grande no sea espectacular, o que la historia de Renata no resulte muy atractiva, pero el autoengaño es algo que a todos nos suena familiar. Todas nuestras naturalezas son infieles casi por definición, todos ocultamos secretos y deseos, y todos callamos palabras que sabemos que deberíamos pronunciar. La Renata de este libro se confiesa en voz alta, para todo el mundo, pero sobre todo se confiesa para sí misma: gracias a la narración de su historia se adentra en su propio ser. Puede que no llegue a conocerse en profundidad más que al comienzo, pero no cabe duda de que el viaje le merece la pena. Y, créanme, también le merecerá la pena al lector.

6 Comentarios

  1. Desde luego, el revuelo literario creado por esta escritora ha roto la monotonía en la prosa femenina. Su prosa no es espectacular, pero atrapa la narración de la historia que relata. Su lenguaje por limitado y escueto, casi resulta cortante. Luego ha sido ensalzada a unas alturas que no creo que le correspondan. Será que ha sonado su hora. Dada la baja calidad de L.Etxevarria, Espido Freire, Susana Fortes, y debido a su vacio generacional, va a dar mucho juego para las editoriales. Seguro que Vila-Matas, fiel escudero, la lleva a la galeria de Anagrama. Me recuerda a Begoña Huertas y su novela “A tragos”, aunque infinitamente mejor la obra de la madrileña.

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